Cine para ver y sentir, de Carles Sans en El Mundo de Cataluña
BULEVAR
Hasta hace unos pocos años yo iba al cine muy a menudo. Ya desde mi infancia, pero sobre todo en la adolescencia y en gran parte de mi madurez, lo hacía, como mínimo, un par de veces por semana.En cada etapa acudía por unas motivaciones distintas: cuando era niño, para ver películas de risa o de tiros; en la adolescencia me apetecían más aquéllas en que se podía ver lo poco que «enseñaba» la protagonista. Más tarde, cuando frecuentaba la facultad, me olvidé de lo frívolo, y sólo se me podía ver en cines del llamado «arte y ensayo», donde se proyectaban películas de culto, únicamente para «intelectuales». Me zampé todo lo de Liliana Cavani, Pasolini, Visconti, Truffaut, Antonioni y muchos otros. Y así fui combinando, hasta hace poco, todo tipo de películas Vamos, lo que más o menos han hecho la mayoría de los amantes del cine.
Y es que cada cual, cuando elige una película, lo hace con la esperanza de encontrar lo que busca: divertirse, pasar miedo, sentir emociones fuertes o disfrutar de efectos especiales espectaculares.Motivos muy respetables todos, aunque para mí insuficientes para acudir al cine.
Durante una época solía acompañarme un amigo con el cual, a la hora de elegir la película, casi nunca coincidíamos. A él le gustaba el cine de acción, de buenos y malos; a mí, en cambio, me fascinaba el cine francés, ese cine que proyecta una mirada humana y sencilla, las pequeñas cosas, los conflictos que unen o separan a personas, y los sentimientos que les genera. Un cine de miradas densas y silencios reveladores
Al salir de una buena película, me gusta disfrutar de la placentera impresión de haber experimentado emociones muy parecidas a las de los protagonistas. Incluso a veces, de camino a casa, me gusta sentir que permanecen en mí sensaciones, en ocasiones agradables, otras de tristeza o de ternura, que la película me ha transmitido, para, poco a poco, ir asumiendo que lo visto ha sido «ficción» y no otra cosa
La lástima es que, de un tiempo a esta parte, el cine me decepciona porque apenas me ofrece nada de lo que espero encontrar. Sólo muy de vez en cuando encuentro alguna perla que me hace seguir buscando, como es el caso de Ficción, película que he visto hace unos días. No es francesa, sino española, y está escrita y dirigida por Cesc Gay. Sin duda, de nuestro cine, la película más interesante que he visto desde hace mucho. Muy probablemente a mi amigo no le habría gustado, porque, en apariencia, no hay acción; aunque a mí sí me parece que la hay, y mucha. Pero se trata de una acción interior, que se encuentra en la mirada de los protagonistas y, a pesar de que parezca una contradicción, en sus elocuentes pausas
¡Al fin una de esas películas en la que los personajes se parecen a nosotros, cuyas debilidades son como las nuestras y sus sentimientos igualmente compartidos!
Se la recomiendo del mismo modo que otras veces lo he hecho con un libro, un restaurante o una exposición, aún a riesgo de que algunos lectores no estén de acuerdo conmigo.
De verdad: vayan y comprobarán que, además de ver, «sentirán»
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