A Pepe Miranda, alcalde.
A Toni Silva, escritor.
El Paseo de La Grúa en Ribadesella, que es mi pueblo, ha sido escenario histórico de la vida riosellana desde el siglo XIX. La pasarela local por donde desfilaron los diversos modelos sociológicos que imprimieron carácter a las movidas populares, que, luego, le aportaron a este pequeño mundo de pasiones humanas duelos y quebrantos, costumbres fascinantes, dramas íntimos, novedades efímeras y soledades infinitas. Hoy, La Grúa -como lo bautizó el pueblo sabio hace dos siglos- es el claustro por donde las sucesivas generaciones locales pasean sus metódicas melancolías. Es el lugar por donde discurría un antiguo camino de sirga , un sendero que recorría la marinería tirando de la maroma (sirga) con la que remolcaban sus barcos desde la bocana del puerto hasta la dársena interior para fondearlos.
En este paseo situó Pepín de Pría el escenario de su poema La Fonte del Cay, una de las mejores obras líricas escritas en el dulce bable oriental. Hace cincuenta años, los riosellanos, sentados en el poyo que lo festonea en toda su longitud -"el banco de piedra más grande del mundo", según dejaron dicho los históricos eruditos locales-, contemplaban en las doradas y apacibles tardes de primavera el espectáculo circense protagonizado por los salmones recién llegados a la ría, después de recorrer miles de millas marinas, desde el lejano Atlántico occidental, en busca de sus orígenes natales, de donde años antes habían partido siendo esguines para, luego, regresar convertidos en plateados salmones.
Hasta la década de los años 60 del siglo pasado, en las templadas noches estivales, desde La Grúa se podía adivinar el bullicio de la colonia de veraneantes asentada en la -entonces- aristocrática barriada de La Playa. Todavía conservaban algunos de los hábitos elitistas que habían hecho furor en el tiempo de la I Restauración. Para los plebeyos nativos, "vivir en La Playa" equivalía a haber triunfado en la vida; era ponerse a la altura social de aquellos dioses estivales que constituían la divina casta de los señores de La Playa , protagonistas de una cultura aristocrática y burguesa -ambas, dinásticas-, que tuvo su edad de oro durante las tres primeras décadas del siglo XX, cuando los marqueses de Argüelles -un marquesado que fue la gran locomotora del veraneo elitista en Ribadesella- reunían en los salones y en los jardines de su palacete en La Punta del Arenal a la flor y nata de la monarquía borbónica: reyes, príncipes, políticos , escritores, artistas y otras especies sociales propias de la época.
EL ULTIMO gesto público de aquella cultura conservadora y elitista de los señores de La Playa , se produjo cuando el legendario cantautor Raimon dio un concierto en la glorieta que remata al Paseo de La Grúa. Mientras una muchedumbre -en su mayoría, jóvenes que tenían mucha prisa para disfrutar de las novísimas libertades democráticas- coreaba las canciones heterodoxas del rebelde valenciano antifranquista, un puñado de asustados epígonos de los señores de La Playa , agrupados al otro lado del canal de entrada al puerto, en las arenas de la playa, rezaba el santo rosario invocando la salvación de España.
Pero contra el cambio social, que ya se notaba en el país como consecuencia de la quiebra del pertinaz autarquismo económico e ideológico, poco podían las letanías del conservadurismo acongojado (aviso: dice acongojado; no acojonado). La Playa fue el primer gran escaparate en donde se exhibió ese cambio, que dio, como resultado, la socialización del ocio estival, que, de ser una costumbre elitista, pasó a ser un hábito de consumo popular. Se produjo la socialización del veraneo, y la consiguiente reconversión del veraneante en turista ... El Ayuntamiento de Ribadesella, consciente de esa evolución de la historia sagrada local, quiere que las futuras generaciones la conozcan desde sus orígenes a la actualidad para ayudarles a que comprendan mejor la que será suya, la de su propio tiempo.
Para contarla de una manera amena y divertida, le solicitó a un famoso personaje actual su valioso concurso. Antonio Mingote es, sin duda, el artista e intelectual (o viceversa) que más genuinamente encarna en estos momentos la inteligencia clásica de aquel periodismo que mejor interpretó a la sociedad española de los treinta primeros años del siglo XX. (Por ejemplo, La Esfera, Mundo Gráfico, Blanco y Negro , etc, etc).
El espectacular cómic histórico que Mingote ha dibujado -según guión de Toni Silva- para ser leído en el castizo paseo riosellano, probablemente permita elevar aún más, si cabe, la fama de Ribadesella como paraíso del turismo y el veraneo. Será, en lo sucesivo, el paseo de La Grúa de Mingote . Está garantizada la metamorfosis de la historia local en una fascinante historia universal de los riosellanos.
A los futuros eruditos locales les tocará poner su inteligencia personal al servicio de una nueva historiografía en la que los tradicionales argumentos emocionales de los riosellanos deberán ser sustituidos por rigurosas razones científicas; las cuales servirán entre otras cosas para evitar, por una parte, que simples leyendas populares se interpreten como hechos históricos reales; y, por la otra, para evitar que no sea tan fácil magnificar a ciertos protagonistas de la mitología social contemporánea, como si fueran puros riosellanos de pro; sobre todo, cuando esa condición sólo es virtual; no real, puesto que únicamente la avalan unos supuestos circunstanciales, aunque capaces de provocar reacciones emocionales colectiva e individualmente. La historia debe ser algo mucho más que un desahogo de la emoción; es el resultado de un trabajo basado en el uso inteligente de la razón. El reto es tentadoramente intelectual. Sobre todo, será tan divertido como aventurarse, otra vez, en busca del "trifinus melancólicus". O como votar a Gundisalvo.
Lorenzo Cordero. Periodista. Cronista Oficial de Ribadesella.

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