Millones de españoles celebran a partir de hoy este feliz maridaje de la Inmaculada y la Constitución. Algún listillo debió ver antaño la utilidad de su enganche en el calendario como un sutil blindaje contra el laicismo. Así que, en honor de la Virgen María y nuestra Carta Magna, a la mayor gloria de ambos sin distingos ni prelación, millones de españoles se han levantado hoy de mejor humor porque el despertador no sonó en la mesilla.
Mal tiempo, eso sí. Pero es preferible enfrentarse a la niebla, el frío, la lluvia o la nieve, o las cuatro cosas a la vez, pues todo puede ocurrir en una evasión ocasional por carretera, que a la guerra de las banderas del conseller Puigcercós, la deferencia de Chávez con los etarras negada por Caracas, el autismo de Zapatero o los insufribles festejos institucionales de tal día como hoy, o las cuatro cosas a la vez, pues todo puede pasar al tiempo en la currada vida del periodista de guardia en medio del puente.
En cuanto a quienes no ejercen de figurantes de esta democracia palabrera retratada a diario en los medios de comunicación -políticos y periodistas mayormente-, ni falta que les hace, pues echan el cierre y se van de vacaciones hasta el lunes. Para darse una alegría. O para engrosar las cifras de candidatos a donantes de órganos, si deciden echarse a la carretera, que es la forma más utilizada para desplazarse, sin olvidar las 100.000 plazas adicionales que se han dispuesto para el ferrocarril y los 33.000 aviones que volarán en los próximos cinco días.
La Dirección General de Tráfico habla de seis millones de desplazamientos en condiciones adversas. Al menos en ocho Comunidades Autónomas. Y recuerda, como siempre, las cifras negras del año pasado. Por si sirve de algo como elemento disuasorio a la hora de ponerse al volante. Nada menos que 84 accidentes mortales con 104 muertos, aunque hace un año se contabilizó un puente de nueve días, desde el viernes 2 hasta el lunes 11.
Con los hoteles al máximo de su capacidad y las carreteras, estaciones y aeropuertos atestados, nadie diría que vivimos en una España deprimida, rota o asustada por una banda terrorista. Tan singular expresión de vitalidad muestra el rostro colectivo de los españoles cuando el almanaque regala estas largas secuencias festivas. De discutibles efectos socio-laborales, pero ese es otro asunto. En cualquier caso, las señales no son precisamente indicios de horas bajas en la marcha de este país. A pesar de todos los pesares.
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