Las reglas en el mercado español de cemento, el de mayor consumo de toda Europa, podrían cambiar. El Gobierno está dispuesto a modificar el actual decreto que rige la importación de cemento procedente del exterior, después de que el Tribunal de Defensa de la Competencia presentase un informe en el que instaba a eliminar las que considera restricciones innecesarias al producto exterior.

La Comisión Permanente del Cemento, el organismo gubernamental que agrupa a los Ministerios con competencias en esta materia –Fomento, Medio Ambiente, Vivienda, Industria y hasta Defensa–, inició el nuevo curso en septiembre con la renovación de sus miembros y la creación de un grupo de trabajo para abordar las recomendaciones del Tribunal de Defensa de la Competencia, según fuentes de Fomento.

Las condiciones del decreto que regula las importaciones, de 2003, también fueron llevadas por la Asociación de Importadores de Cemento (Aseince) ante la Comisión Europea, que ha abierto un procedimiento de investigación todavía en curso. Entre las medidas que el informe de Competencia considera abusivas, se encuentran la documentación y los controles exigidos a este cemento, que considera innecesarias por las normativas comunitarias sobre normalización y armonización, además de la necesidad de una póliza de seguro mínima de cinco millones de euros.

Mercado oligopolista

Pero las trabas administrativas no son las únicas que menciona el informe de Competencia. El texto considera que se trata de “un mercado oligopolista” con una fuerte concentración por regiones. Así, menciona que, en el noroeste de España, Cimpor supera una cuota de mercado del 40% y Tudela Veguín, de Masaveu, rebasa el 30%, mientras que Portland concentra más del 30% en la zona centro. El texto, además, analiza el mercado antes de la integración de Lemona y Uniland en Portland.

Según el informe, la fortaleza de los productores nacionales ha permitido utilizar “el exceso de capacidad para impedir la entrada de un competidor”. Entre los ejemplos que se citan de esta práctica, se apunta que las cementeras ya evitaron la introducción de una empresa estatal del sector, como se llegó a plantear entre 1954 y 1980, o expulsaron a las firmas turcas que intentaron introducir su producto en 1995 y 1996.

Según la Agrupación de Fabricantes de Cementos de España (Oficemen), patronal de los fabricantes, el país es el primer importador en Europa de cemento y clínker –cemento semielaborado que después tiene que ser molido–. Precisamente, el clínker se ha convertido en la nueva llave del negocio cementero y ha desatado otra guerra entre importadores y fabricantes.

Mientras que las importaciones de producto final han descendido un 9,5% desde 2002, en que alcanzó su máximo histórico, la introducción de clínker se ha disparado hasta 7,83 millones de toneladas el año pasado. Esta cifra supone casi duplicar las importaciones de hace cinco años y es muy superior a las 2,88 millones de toneladas de cemento final importado.

Materia prima para todos

Pero este producto no sólo llega de la mano de importadores; también los propios fabricantes recurren a traer material de otros países. Aseince, la patronal que agrupa a los importadores, cifra en 3,31 millones de toneladas el cemento y clínker introducido por sus asociados –cerca del 30% del total–, por lo que considera que buena parte del producto restante corresponde a los propias cementeras con plantas en España.

La gran ventaja del clínker es la menor inversión que supone la instalación de una molienda frente a una fábrica de cemento integral. Sus defensores también subrayan que evitan las emisiones contaminantes de las cementeras tradicionales, un apartado especialmente crítico para cumplir con el Protocolo de Kioto. Los detractores, por su parte, ponen el dedo precisamente en que el clínker procede en su mayoría de países emergentes, que no tienen las limitaciones europeas a las emisiones contaminantes, pero no necesariamente cumplen los baremos de calidad.

Las empresas que intentan entrar en el negocio del cemento con plantas de clínker se quejan de las dificultades administrativas y de las zancadillas que en su opinión ponen los grandes grupos cementeros. La patronal Aseince estima que actualmente existe una decena de moliendas de empresas independientes en proyecto o en construcción.

El descenso del precio del clínker y de sus costes logísticos ha hecho que cementeras sin presencia en España, como la italiana Buzzi Unicem o la multinacional Orascom, que recientemente ha adquirido el 51% de GLA, apuesten por esta vía para entrar en el primer mercado europeo.

Incluso algunas constructoras, como Lubasa, han visto en estas plantas una opción rentable ante los altos precios actuales, según señalan fuentes del sector. El informe del Tribunal de Defensa de la Competencia indica que la “información relevante sobre precios por empresa y producción ha resultado inaccesible”.