Precampaña

El candidato a alcalde del PSOE, Miguel Sebastián, consigue parecer famoso junto al alcalde de Barcelona en un paseo por el centro, durante el que propuso que el abono transporte de Madrid pueda ser utilizado en la Ciudad Condal

No hay que ser un lince para deducir que allí donde se mueven un montón de cámaras al tiempo se encuentra un personaje público. En este caso dos. En teoría, porque... «Sí, sí», asoma la cabeza una señora, «este calvito es el futuro alcalde, bueno, que él quiere serlo, pero el de al lado... ¿quién es el hombre de al lado?»

Quién se lo iba a decir a Miguel Sebastián, que bastaba colocarle junto a un político relevante pero desconocido en Madrid para que él, más conocido como Miguel... ¿qué?, pareciera casi famoso. Ocurrió tal cual por gracia de la estrategia que oficialmente pretendía exhibir la amigable relación con el mismísimo alcalde de Barcelona y anunciar un futuro de colaboración entre regidores.

En la práctica, muchos objetivos, muchos micrófonos y muchos ojos anónimos intentando descubrir la identidad de quienes se citaron en Casa Labra, el emblemático local especializado en bacalao donde se fundó el Partido Socialista. Todo muy simbólico. Con caña incluida, que para eso es marca el tapeo en la capital.

- ¿Éste es el del PSOE que quiere ser alcalde, no? Al otro sí que no le conozco, ¿quién es?, preguntaba una mujer a los periodistas.

- Jordi Hereu.

- Jordi... ¿qué?

Tres visitas, un mitin, un paseo de 200 metros y llega un alcalde y, en minutos, le quita el mote al aspirante a convertirse en homólogo. Claro que, a cambio, también los hay que le suben a los altares -«Cómo no voy a saber cómo se llama: San Sebastián»- y quienes (ellas) le dejan el ego nuevo con un piropo: «Que le queremos decir que la televisión no le hace justicia, que está usted mucho mejor en persona, está usted muy bien».

- ¿Y Gallardón no les parece mayor?, responde el elogiado.

- De apariencia, sí, pero de mentalidad, no nos lo parece, le chafan las tres damas.

El aludido, con cara de circunstancia ante la reacción, aunque encantado con todos los que se acercaban a saludarle en Casa Labra, con las cañas y con el bacalao. Allí, los parroquianos, entregados a la causa socialista. Pero otra cosa es la calle. Y fue enfilar Callao para que la pasión ciudadana se enfriara como la temperatura exterior. Nadie se arrimaba. «Es que la gente aquí es tímida y muy respetuosa», alegaba el propio Sebastián junto a su sonriente compañero de paseo, preocupado por coger el Puente Aéreo para llegar a tiempo de no perderse el partido de Champions del Barça.

Final de trayecto peatonal paradójico en un coche oficial, rumbo al aeropuerto. Paradójico porque la reunión de ayer con el alcalde de Barcelona tenía el transporte público y la movilidad como argumento de promesa electoral. A saber: Sebastián quiere emular al Gobierno municipal de la Ciudad Condal en su pacto por la movilidad, además de acordar con Hereu que el abono transporte para jóvenes que se expide en Madrid pueda ser utilizado allí y a la inversa.

Habló ayer por eso el candidato a alcalde de «la ventaja» que saca Barcelona a Madrid y «del reto de recuperar ese terreno perdido aprendiendo de lo bueno de Barcelona». De un análisis rápido, concluye Sebastián que «ambas ciudades comparten intereses comunes en Europa, en Latinoamérica y en el resto del mundo y que la amistad entre los jóvenes madrileños y catalanes es una garantía de convivencia y mejor entendimiento en el futuro».

La idea de compartir las ventajas del abono transporte «tendría poco coste presupuestario, sólo requeriría la unificación técnica», a decir de Miguel Sebastián. Sin embargo, pocas horas después le llegaba la réplica desde el Gobierno del Ayuntamiento de Madrid en boca del vicealcalde, Manuel Cobo: «Si hace esta propuesta y pienso bien, es porque desconoce los precios del transporte público aquí y en Barcelona, y es lógico en una persona que no se ha dedicado a gestionar Madrid nunca. Y si no es así, me parece más grave porque supondría proponer una subida de precio del 25% a los jóvenes en el transporte público. El abono allí cuesta 100 euros tres meses y aquí 25,4 euros al mes, no creo que Barcelona unificara a la baja».

De eso, que se sepa, ni palabra hubo en el encuentro de Sebastián. Sí de la capacidad de Barcelona, gobernada por un tripartito, «para consensuar las políticas de movilidad con los ciudadanos». «Con 60 entidades», destacaba Hereu. «Y nosotros, si gobernamos haremos lo mismo, no impondremos las decisiones que afectan a todos como hace Gallardón», apostillaba Sebastián.

Tan fascinado con Barcelona, ¿importaría también la ordenanza que multa la prostitución? «Eso habría que estudiarlo, pero sí que queremos recuperar el espacio público para el peatón».

Mucho más claro tenía Hereu lo que exportaría de Madrid: «¡El Metro, tú!».

© Mundinteractivos, S.A.