LA RUEDA
Empezaré diciendo que soy tan convencional que estoy a favor de la ley y que acepto la propiedad privada. Pero también diré que no entiendo de ningún modo que autoridades democráticas ejerzan el autoritarismo, que confíen más en los juzgados que en el diálogo y que no se den cuenta de la existencia de nuevos movimientos sociales que tienen que ser escuchados.
Me refiero, claro, al caso de Can Ricart, heredero de La Makabra. Los errores de algunos políticos de diferentes partidos se multiplican: Alberto Fernández Díaz confunde okupas y antisistema. No se ha dado cuenta de que La Makabra y Can Ricart son un caso sorprendente de poca reivindicación política y poco debate ideológico. Ellos quieren espacios, a su medida y a su gusto. ¿Por qué no los van a tener, si los pueden tener los viejos, los niños, los estudiantes, los skaters y los que juegan a petanca?
¿Es tan raro que, si no pueden tenerlos, los tomen por su cuenta y ocupen espacios ruinosos y abandonados, sin hacer daño a nadie? Artur Mas dice que "se ha de requerir a nuestras instituciones que manden un mensaje claro de tranquilidad y de confianza a la ciudadanía". Pero, si esto no ha provocado ninguna intranquilidad ni desconfianza, ¿por qué la han de crear las instituciones con sus mensajes? Los okupas han limpiado los locales y les han dado vida. La ciudadanía lo acepta la mar de bien.
El alcalde Hereu sale diciendo que "no parece que este colectivo quiera negociar con el ayuntamiento" y ha urgido el desalojo de los locales porque hay peligro físico y social. El físico, por los materiales contaminantes depositados allí. (¿Y ha aceptado que estuvieran allí hasta ahora?) Los sociales, porque teme que las reivindicaciones ciudadanas aumenten. A mí me da la sensación de que es el ayuntamiento quien no quiere negociar (¿ha ido alguien del consistorio a hablar a Can Ricart o tienen bastante con los Mossos?). Las democracias actuales no se pueden gobernar desde el despacho, ni a golpe de ley y porra. La ciudadanía pide diálogo y sensibilidad para sus nuevos problemas y necesidades. Pero, de momento, de eso, poco.

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