Ideas, amigos y estados de ánimo. Las tres únicas cosas que le condicionan a uno. Y hoy, en vísperas del 28 cumpleaños de la Constitución, toca hablar de ideas, algo de lo que nadie se puede divorciar. Ser independiente respecto a las propias ideas sería metafísicamente imposible.
Por tanto, amén en líneas generales al documento presentado ayer en Málaga por el secretario de Libertades Públicas del PSOE, Álvaro Cuesta, bajo el título: Constitución, Laicidad y Educación para la Ciudadanía.
El texto, de cuatro folios escasos, ha levantado algunas ronchas en la acera de enfrente, donde se han apresurado a calificarlo de "Manifiesto Laicista". Ya se sabe que el lenguaje proyecta sistemas de pensamiento y, si se tercia, cargas de profundidad contra el adversario. Pero en este caso el agente acierta con una denominación en absoluto incómoda para el paciente o destinatario del recado verbal. Que se acuse a los socialistas de estar haciendo apología del laicismo, aun vinculado al espíritu de la Constitución de 1931, es un elogio. Laicistas y a mucha honra, pues claro.
Se trata de una oportuna reivindicación de la laicidad como elemento de relación básica entre ciudadanos. El árbitro es el Estado y la igualdad ante la ley su principal regla de juego. Las creencias religiosas pertenecen a la esfera de lo privado. La religión no cuenta, no debe contar, en la esfera de lo público, cuya guía moral no es otra que la aplicación de los derechos humanos. Esa es la estirpe del concepto laicismo, un ahijado del llamado Siglo de las Luces.
Sobre esas bases, es muy saludable la promoción de los valores que inspiran la Constitución de 1978 (libertad, justicia, igualdad y pluralismo político) y es ideológicamente coherente que este manifiesto del PSOE abogue por un marco de relaciones de ciudadanía donde no figuren las creencias religiosas. La religión, vista como frontera y no como puente entre ciudadanos, por el carácter excluyente del otro, el infiel, en las religiones monoteístas. Y la laicidad del Estado como requisito o condición previa de la libertad y la igualdad. De acuerdo.
En plena controversia sobre la memoria histórica, un flanco de la política de Zapatero muy apedreado por sus detractores, el manifiesto vuelve a relacionar la Constitución vigente con la de la Segunda República. Es una mera descripción definir el tramo histórico 78-06 como el más largo período de normalidad democrática de la España contemporánea. O referirse a la Constitución de 1978 como la continuación del intento de emparentar a España con la democracia tras el desdichado paréntesis franquista.
El texto se pone estupendo y en su arranque dice lo mismo aunque con cierta solemnidad: "La Constitución de 1978, junto a la Constitución de 1931, representa la más alta plasmación en la historia del pueblo español de su voluntad de vivir en un régimen democrático". Amén. Y felicidades en su 28 aniversario.

Jajaja. Que risa que me da Casado. Laicidad, mucha laicidad, y no para de usar una palabra con claros rasgos religiosos: amén.
YO no quiero un estado laicista. Quiero un estado aconfesional. Y NO quiero que mis hijos estudien "Adoctrinamiento Político", también llamado "Educación para la ciudadanía". Denles clases de matemáticas, lengua, historia... y dejen la esfera de la moral para lo "privado" Si quiero clases de ciudadanía para mi hijo, las pediré. Si por el contrario prefiero que se eduque en mi fe, que así sea.
Señor Casado, no queremos un gobierno/estado "Gran Hermano". No necesitamos que nos adoctrinen