Tuvo que venir por aquí la cúpula del PCE, encabezada por Francisco Frutos, junto con el presidente del comité ejecutivo del partido, Felipe Alcaraz y el secretario de organización Fernando Sánchez, para que la prensa asturiana se haga eco de una vez de la seriedad del conflicto que se vive en el interior de Izquierda Unida en Asturias, como consecuencia de una gravísima crisis que sacude esta organización, desde que el descubrimiento de la extraña maniobra de venta de la sede de la que es propietario del Partido Comunista de España en la plaza de América de Oviedo, alertase a los dirigentes comunistas sobre las sospechosas intenciones de los afines a Gaspar Llamazares, que fueron descubiertos enredando con unos extraños contratos de arrendamiento del local que se pretendía comprar, estipulando el término del alquiler a cincuenta años vista, a nombre de la coalición IU y de una desconocida fuerza Política denominada Izquierda de Asturias.
Como siempre ocurre en estos casos, las alarmas se encendieron porque el contrato se envió por error a la sede del PCE de Madrid. Cuando allí comprobaron que los responsables del PCA alquilaban a IU, en tales condiciones, el nuevo local que se compraba con el dinero del PCE, y que además se hacía beneficiaria de ese arrendamiento a una nueva formación que nadie conoce, porque no existe todavía públicamente, en la dirección madrileña del PCE, y entre los afiliados y dirigentes que en Asturias le son leales, con Francisco de Asís Fernández Junquera-Huergo a la cabeza, cundieron las sospechas de que Gaspar Llamazares tiene preparados sus cuarteles de invierno en Asturias, con una fuerza política nacionalista de nueva creación, a partir de los restos calcinados de IU.
Que esas sospechas se han convertido en el principal elemento de confrontación, es algo que se pone de manifiesto hoy por primera vez en la prensa asturiana, a pesar de que ya es conocido públicamente el dato de la existencia del nombre de Izquierda de Asturias, como nueva fuerza política, al figurar en ese contrato de arrendamiento con el que IU quedaba facultada para hacer la subrogación de su opción sobre el local de Telefónica en Oviedo, con lo que se completaba un evidente expolio del patrimonio del PCE, que servía para la operación aparentemente perfecta, de no haberse equivocado con la dirección a la que enviaron el contrato. La nueva fuerza política de Llamazares nacía con un ventajosísimo arrendamiento para instalar su sede central, y el patrimonio del PCE amortizaba una buena parte de las deudas de la coalición, que se pagarían con la diferencia de precio en la venta de la sede de la plaza de América.
El Comercio recoge así estas sospechas: En el seno del Partido Comunista de España tampoco gustan los planteamientos que intentan orientar al partido «hacia un proyecto nacionalista», según matizó por su parte Felipe Alcaraz. El mensaje parece lanzado directamente hacia los actuales responsables del PCA, teniendo en cuenta los reproches vertidos por el presidente ejecutivo del comité federal por la decisión de sustituir el nombre del comité central del Partido Comunista de Asturias por el de comité nacional. «Es algo que nos extraña», admitió, aunque remitió esta cuestión al debate político interno.
A los redactores de La Nueva España tampoco se les escapó esta vez el dato: Tampoco se salvó de la crítica, esta vez con más ironía, el líder de IU, Gaspar Llamazares. A la pregunta de si tiene algún papel que jugar en esta crisis, Frutos contestó: «No sé, si se siente todavía militante del partido...». Los responsables del PCE llamaron la atención sobre la «deriva nacionalista» que está tomando el PCA y pusieron de ejemplo que «han cambiado el nombre al comité general por "nacional"».
En La Voz de Asturias, el mensaje se lanza con la misma claridad:Alcaraz aseguró que no se trata de un conflicto de ideas, que eso se discutirá en un debate interno y en otro momento, sino simplemente de que "no se van a tolerar procesos irregulares ni en Asturias ni en ningún otro lugar de España". Son los signos de una "nueva etapa" del PCE, en la que la formación va a "salir del congelador" frente a la "deriva nacionalista" que en Asturias, por ejemplo, decidió cambiar el nombre de su órgano de dirección que pasó a ser "comité nacional" en lugar de "central".
La fiebre descentralizadora que se extendió por la España posterior a la Transición política del franquismo a la democracia, tuvo tal fuerza, que produjo cambios estructurales en un partido como el PCE, determinado en su estructura y en sus actitudes ideológicas por la fuerte centralización organizativa que es tradicional en los partidos comunistas, inspirada en el Partido Comunista de la Unión Soviética de Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin. Todos los partidos comunistas europeos se construyeron a imagen y semejanza del PCUS, con excepciones como la peculiar organización española del PCE, que mantenía una relación atípica, ya en tiempos de la república, con su organización gemela catalana, el Partit Socialista Unficat de Catalunya, el PSUC.
Precisamente, el rompecabezas en el que se fragmentó y se reagrupó mil veces el comunismo catalán, tiene una enorme fuerza como referente en la incomprensible dinámica interna de los comunistas españoles, pues el histórico PSUC (probablemente ni los propios comunistas españoles entienden esta historia) se diluyó en la coalición política catalana que podría equipararse a lo que aquí es Izquierda Unida, la coalición Iniciativa per Catalunya-Els Verts, muy conocida en el resto del país por el papel que juega en las dos ediciones del Tripartito catalán su lider, Joan Saura. La ruptura orgánica entre ICV e IU, llevó a los comunistas catalanes a refundar el PSUC como PSUC-viu, partido que a su ver refundó la IU catalana como Esquerra Unida i Alternativa, para acabar formando parte de la propia coalición ICV, a la que apoyan electoralmente, en un incomprensible rompecabezas que parece haber descentrado un poco a los dirigentes españoles de IU, con Llamazares a la cabeza, que a la vez que pierden el equilibrio político-mental, con tanto descentre, parecen haber visto ahí una referencia para sus propias andanzas, pues precisamente una cosa parecida a esta loca crema catalana, es la que andan negociando con Los Verdes de Asturias de Joaquín Arce, en ese proceso que desembocaría en la creación de la Izquierda de Asturias, a la que intentaron colocarle el contrato de arrendamiento de la sede.
Jesús Iglesias, candidato designado a dedo por Llamazares para encabezar la lista asturiana, negoció con Francisco Javier García Valledor, en nombre del jefe, su continuidad en la lista, a cambio de comerse el sapo de dejar el número uno, y a partir de ahí, se habló de los huecos que había de ocupar el reducido núcleo del Bloque por Asturias de Rafael García Palacios, socio de Valledor en su visión nacionalista del asunto, con un pequeño núcleo en Pola de Lena, al que devolvieron el control de aquella localidad del Caudal, desalojando de allí a los seguidores de Frutos. El siguiente paso era cargarse la dirección local de IU en Oviedo, desplazando de la misma a la gente de Francisco de Asís, lo que dejaría en fuera de juego a los concejales del ayuntamiento de Oviedo Roberto Sánchez Ramos y Celso Miranda. Completaban esa lista con la cuota de Gijón, correspondiente a Jesús Montes Estrada, alineado con el llamazarismo, reservando plaza para el grupo de opinión conocido como Lliberación, derivado del antiguo Movimiento Comunista de José Uría Ríos, así como el hueco para negociar con los Verdes de Arce. Nada que ver, evidentemente, con la imagen asamblearia y democrática que se vende en la propaganda.
Pero el desalojo de Oviedo ha sido cortado de raíz, en plena negociación para constituir la candidatura "ecosocialista", ideada por Llamazares a imagen y semejanza del modelo catalán de partido nacionalista, que es con el que evidentemente sueña el asturiano para su retirada política, si finalmente Frutos y los suyos consiguen desalojarle de Madrid. Llamazares sabe que en cualquier momento aparta a Iglesias y se pone el al frente de sus fuerzas, cosa que con Valledor no está nada clara. Por el camino, a la secretaria general del PCA, Noemí Martín, le tocó bailar con la más fea, apareciendo como la cabeza del partido cuya voladura controlada ha sido ahora interrumpida con el desembarco de los responsables de Madrid, que les han colocado ante el definitivo dilema: o repiten el congreso bajo su control, o abandonan el PCA y montan ya su propio chiringuito, a unos pocos meses de unas elecciones en las que cada vez lo tienen más difícil, pues como porfíen en sus ambiciones, se pueden encontrar con un más que difícil escenario ante una imprevisible reacción de sus votantes, disgustados por tanto ladrillo, con sus aventuras inmobiliarias con Manuel González -empresario inmobiliario llamazarista que gestionó la compra de la sede a Telefónica y que mantiene numerosos negocios inmobiliarios con la consejería ladrillera de IU- el "Hombre de Móstoles", y con el Grupo Progea y sus promociones urbanísticas gestionadas por José Antonio Hevia Braña.
Francisco Frutos ha dejado al aire las vergüenzas de la Izquierda Unida de Gaspar Llamazares y su sociedad en comandita, que se enfrentan ahora a un desesperado ser o no ser.

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