BULEVAR
Anteayer (3/12/06) Francesc Puigpelat publicaba en Avui un artículo, El castellà al pati, homenaje implícito al pedagogo catalanista Joan Triadú. Cualquier catalán sabe, habiéndolo vivido o leído, que la dictadura franquista, régimen nacionalcatólico de beatas y legionarios, impuso el castellano como única lengua vehicular en las aulas. Pero en los patios, ah, en los patios no pudieron impedir que los más de los escolares, cuya lengua materna era el catalán, lo hablasen entre ellos. Los pocos recién llegados que no lo sabían, porque sus padres eran murcianos, lo aprendían en cuatro días oyendo a sus compañeros.
Liquidado el franquismo por el mismo procedimiento que en estos días parece estar en vías de poner fin al castrismo en Cuba, reinstaurada en España y por tanto en Cataluña la monarquía democrática, embutieron esa paradoja semántica en un artilugio inventado, el Estado de las Autonomías, porque el ya existente federalismo, implementado mal que bien en varios Estados modernos, les parecía demasiado a unos y demasiado poco a otros. En Cataluña el invento dio como resultado la inversión del régimen idiomático escolar: la única lengua vehicular en las aulas tenía que ser el catalán, mediante el encarnizamiento terapéutico quebequés llamado inmersión lingüística. Así se hizo: solo catalán en las aulas. Pero en los patios... Al poco, según repiten compungidos los nacionalistas, Triadú sentenció: «Hem guanyat l'aula, però hem perdut el pati».
Según los funcionarios de Política Lingüística, nunca en la historia de Cataluña hubo tanto catalán como ahora. Pero -denuncia Puigpelat«la Generalitat amaga amb cura què passa amb l ús quotidià».En un estudio reciente de Xavier Vila y Mireia Galindo sobre el uso del catalán, se constata que en las escuelas con menos del 30% de alumnado catalanohablante, el 94% de las conversaciones en el patio se desarrollan en castellano. A partir de ahí, Puigpelat razona sensatamente: dado que en la mayor parte de las escuelas del área metropolitana de Barcelona (donde viven dos tercios de la población de Cataluña) el número de escolares catalanohablantes no llega al 30 %, el catalán ha desaparecido prácticamente de las conversaciones entre jóvenes. Solo se mantiene en comarcas rurales: «Va camí de convertir-se en la llengua dels pagesos», como ya ha ocurrido en Perpignan, Valencia «i, cada cop més, a Palma».
Dentro de 15 años, cuando voten «els immigrants pakistanesos o bolivians a qui els importa un rave el català», la lengua ya no tendrá salvación. Tras afirmar que «ERC ha dimitit del català», Puigpelat concluye que la nación ha renunciado a salvar su lengua.¿Situación desesperada? Sí, piensa Puigpelat. Pero no grave, decía John Lennon. ¿El encarnizamiento terapéutico para prolongar artificialmente la existencia vegetativa del catalán ha fracasado? Pues eutanasia, muerte dulce. Toda lengua nacional es una entelequia impuesta. Las tierras no tienen lengua. Sí la tienen las personas.De carne y hueso. Y lengua. La que sea.
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