Hogaño se cumple el centenario del profesor Vicente Llorens Castillo, nacido en Valencia, donde murió en 1979. Trabajó en el Centro de Estudios Históricos y en 1939 se exilió a la República Dominicana para pasar a Puerto Rico y definitivamente a Estados Unidos, donde sustituyó a Américo Castro en la cátedra de Princeton.

Llorens ha sido el investigador más completo del exilio republicano, pero también de las diversas emigraciones de españoles desde el siglo XV. Algunas de sus obras son trascendentales porque no sólo fue un erudito sistemático, sino que supo reflexionar sobre el drama del exilio. Lector en Colonia, sufrió la dictadura de Hitler, huyó de la de Franco y vivió la de Trujillo, cuyas experiencias recogió en Memorias de una emigración. Santo Domingo 1939-1945 (Barcelona, 1975).

Otro de sus libros fundamentales fue Liberales y románticos. Una emigración española en Inglaterra. 1823-1834 (Barcelona, 1954). Los liberales se establecieron en el barrio londinense de Summertown y en general vivieron aislados de la sociedad inglesa, pero recibían un subsidio del gobierno británico. Eran más de mil españoles que publicaron revistas en castellano y abrieron tiendas. Allí estuvieron el general Milans del Bosch, los eruditos eclesiásticos Villanueva, el poeta Espronceda y el catalán Puigblanch, que escribía en su lengua materna. Y apareció en Londres la traducción de Lo NouTestament,auspiciada por los protestantes.

El primer tomo de la obra colectiva en seis volúmenes El exilio español de 1939 (Madrid, 1976-1978), dirigida por José Luis Abellán, se abre con una monografía de Llorens sobre los exilios españoles durante cinco siglos. Se inicia con la expulsión de unos doscientos mil judíos en 1492. Médicos, mercaderes y administradores de grandes señores formaban una elite a la que en el exilio llamaron sefardíes, y los conversos a veces fueron acusados de criptojudaísmo por la Inquisición y quemados en la hoguera. En el siglo XVI hay otra fuga de heterodoxos, donde destaca la figura de Miguel Servet. Entre 1609 y 1613 unos trescientos mil moriscos son expulsados de España, hecho que produjo graves consecuencias económicas porque se dedicaban mayoritariamente a la agricultura y muchos pueblos quedaron despoblados. Unos miles, convertidos al cristianismo y protegidos por el obispo de Tortosa, se quedaron en el país. A finales del siglo XVIII, la Compañía de Jesús fue expulsada por Carlos III, pero su influencia fue considerable, como lo atestigua la obra de Miquel Batllori, La cultura hispano-italiana de los jesuitas expulsos.En 1814, con la derrota de Napoleón, muchos funcionarios de José Bonaparte, clérigos ilustrados - que publicaban en francés-, militares y literatos, como Fernández de Moratín, Meléndez Valdés o Lista, se establecieron sobre todo en Francia.

Las tres guerras carlistas provocaron miles de emigrados, entre ellos militares e incluso algún obispo. Y ya hay que dar el salto a la dictadura de Primo de Rivera con figuras como Macià y Unamuno, exilados en París.

Pero el exilio que parecía un éxodo bíblico fue el de 1939. El profesor Llorens ha inventariado varios centenares de nombres de exilados, que superan la corta cifra conocida de escritores, políticos o figuras como el premio Nobel Juan Ramón Jiménez o el artista de alcance internacional Pau Casals e incluso el historiador Bosch-Gimpera. Así, hemos podido saber que el cincuenta por ciento de los catedráticos se fueron, que en el repertorio se encuentran varios centenares de científicos, arquitectos o médicos. El detalle de las profesiones y oficios es otro de los logros de la obra de Llorens. Muchos, al llegar, tuvieron que acomodarse a cualquier trabajo. Me contaba Tasis que en México hubo un generoso asturiano que, sin preguntar por la profesión, acogía a exilados que colocaba en su empresa de fabricación de uralita, que había bautizado con el pintoresco nombre de Techo Eterno Eureka.

Llorens agrupa a los exilados destacados por países. La sangría del exilio fue pavorosa. Murieron fuera del país dos presidentes de la República: Manuel Azaña y Alcalá Zamora. Varios presidentes del Consejo, como Negrín, Largo Caballero, Casares Quiroga y Martínez Barrio. En México se refugiaron generales que habían tenido un papel preponderante durante la guerra: Miaja, Pozas, Saravia y Rojo (que volvió a España), y Llano de la Encomienda, el cual, siendo cajero de un banco, fue atracado y respondió: "¡Un general español no se rinde!", y le hirieron gravemente. En México estuvo el humanista Nicolau d´Olwer y allá brilló el Orfeó Català y se publicaron ciento ochenta libros en catalán, casi tantos como en Francia en veinte años de exilio. Españoles crearon el Colegio de México, prestigiosa institución. En Argentina murió Castelao, padre del galleguismo. En Chile se afianzó el grupo de escritores catalanes en torno al Centre Català, con Joan Oliver y Xavier Benguerel y la revista Germanor.En Francia murieron Machado, Pompeu Fabra, Rovira i Virgili o el presidente Azaña. Los nazis concedieron la extradición a España no sólo de Companys sino de destacados socialistas como Zugazagoita y Cruz Salido, además del sindicalista Peiró. Como es sabido, todos fueron fusilados.

También en Francia hasta la transición democrática funcionaron los gobiernos republicano y de Euskadi, y Tarradellas mantuvo en solitario la institución después del gobierno del presidente Irla. En Argelia murió el almirante Buiza, jefe de la flota republicana. En Rusia se refugiaron dirigentes comunistas como Líster, Modesto o el Campesino. En Inglaterra encontramos a Josep Trueta, Carles Pi i Sunyer, Batista i Roca o el mismo Negrín. Los llamados transterrados dejaron huella en muchos países y su savia se transmitió a través de los hijos, que han contribuido al auge de muchos países. Llorens soñó que el exilio y los transterrados deberían ser un aliento para nuestro futuro y una plataforma reivindicativa y de inspiración de nuevas cotas de libertad, de justicia y de cultura para el pueblo.