CONSULTORIO ATÍPICO

En España cuenta más la familia que el individuo. ¿Pero no cree que sin iniciativa individual no hay productividad?

LORA H. COLE, Sitges

La productividad en España deja bastante que desear. Las causas son varias y cada una discutible por separado, al menos desde un punto de vista ético. Puede que la falta de iniciativa individual esté ahí. Todo eso da para un buen libro blanco.

Hablemos de hechos. El pasado mes de septiembre, la empresa española con más beneficios netos en lo que iba de año fue Telefónica. Superaba los cinco mil millones, con un incremento del 60%. ¿Cuánto gana Telefónica cada hora? Calcule usted, pero no olvide la cantidad de llamadas que se realizan entre familiares. Si no hubiera familias ni ganas de hablar tanto, el negocio telefónico bajaría bastante. Dice una frase de Frank Sullivan: "Dos pueden vivir de un modo tan barato como uno, pero les cuesta el doble". Unirse es multiplicar.

Veamos ahora la segunda empresa del ranking. Es el BBVA, con una cifra sustancial de su negocio, como otros bancos, derivada de la vivienda. La banca debe en parte esta posición gracias a las familias que se hipotecan. Si uno quisiera su vivienda sólo para él, la tendría, lógicamente, de alquiler. Pero como se piensa en la familia y algo que dejarle, se adquiere de propiedad y nos hipotecamos hasta el cuello. ¿Y qué decir de Repsol, la tercera en beneficios? Su negocio depende también de las familias, que no se ven sin uno o dos automóviles y una buena dotación de electrodomésticos. Así, pues, el consumo familiar es hoy por hoy el primer estímulo de la producción en España, antes que la demanda turística. Si se hunde la típica familia ibérica, naufraga la economía del país. Para ser antisistema sólo hay que convencer a la familia de no comprar un coche, no firmar una hipoteca y no usar teléfono.

La familia es un valor en sí misma. Pero menuda su utilidad material. Sin ella no hay reproducción, pero tampoco producción. Dice un amigo escritor de cierta edad, pero con hijos pequeños: "Ahora ya no me dedico a la producción, sino a la reproducción". Está bien dicho, si se da por descontado que reproducirse es también producción, como se ve en España (o en China). Y no sólo como estímulo. La familia es un sector productivo en sí misma, por ejemplo en la empresa familiar, tan común en nuestro país. O para el trabajo autónomo, que cuenta con la red de seguridad que supone el apoyo de los familiares. Y aunque no esté remunerado, el trabajo doméstico es otra forma de producción, del mismo modo que el trabajo, en conjunto, de la familia, especialmente el de las mujeres, permite evitar gastos de guardería, cuidado de niños y atención de ancianos, lo cual es también menos coste público. Mientras, el Estado gastará menos en subsidios para desempleados, becas para universitarios y pensiones para mayores, gracias al entramado familiar, como masilla que tapa agujeros o colchón que para golpes.

Indirectamente, ahora, la familia es productiva en tanto ayuda a obtener empleos dentro o fuera de ella. La muestra más visible es el nepotismo en la empresa y la política, o incluso cierta endogamia universitaria de nombres y apellidos.

Y lo mejor de lo mejor: las herencias, cuando en otros países se donan a instituciones sociales.

No estoy muy de acuerdo cuando usted afirma que el individuo y su iniciativa no se valoren tanto en España como la protección familiar. Los tiempos cambian. Pero sí podemos afirmar que nuestro sentido de la familia no le va tan mal a la productividad de este país. Y que incluso puede mejorarla, si el Estado da ayudas a la familia, no propinas.