El alza de los tipos de interés hace mella en el consumo: el gasto de las familias comienza a frenarse, de Carlos Sánchez en El Confidencial
Algo empieza a cambiar en la economía española. El consumo privado, que hasta hace pocos trimestres era el componente de la demanda interna con un comportamiento más dinámico, comienza a dar síntomas de fatiga. Aunque aún sigue creciendo en tasas elevadas, por encima del 3% en términos interanuales, lo cierto es que los últimos indicadores de coyuntura -que recogen información correspondiente a los meses de octubre y noviembre- revelan una progresiva desaceleración del gasto familiar de la mano de dos fenómenos complementarios: la subida de los tipos de interés y, como consecuencia de ello, de la menor renta disponible de los hogares.
La desaceleración del consumo se manifiesta en algunos de los indicadores que mejor miden la capacidad de gasto de las familias: las ventas del comercio al por menor (incluyendo el negocio de las grandes superficies), la venta de automóviles o el consumo de productos petrolíferos. La confianza del consumidor, igualmente, lejos de despegar (pese a que la economía crece en términos reales un 3,8%) permanece estabilizada en valores negativos, lo que contrasta con el rebote que se ha producido en el resto de la Unión Europea, donde el PIB crece menos pero la confianza de los ciudadanos en el futuro de la economía es mayor.
Entre los indicadores que mejor reflejan la desaceleración del consumo se encuentra la venta en grandes superficies, que hasta el pasado mes de octubre disminuía un 1,1% en términos interanuales a precios constantes. Este índice estudia la evolución de las ventas en locales con más de 2.500 metros cuadrados, y lo más significativo es el fuerte descenso que se ha producido en el componente de productos alimenticios, que cae nada menos que un 4,8%. Los productos no alimenticios, por el contrario, crecen un 1,2% (por debajo, en cualquier caso, de la inflación). El índice de venta de grandes superficies no sufría un descenso tan pronunciado desde mayor de 2004, cuando se materializó un claro retroceso vinculado al empeoramiento del clima económico que produjeron tanto los atentados terroristas del 11-M como la inestabilidad política que siempre origina cualquier cambio de Gobierno.
El descenso del gasto de las familias en alimentos afecta al conjunto del comercio al por menor, y no sólo al que se canaliza a través de las grandes superficies. Por el contrario, las ventas de bienes duraderos siguen a buen ritmo (por encima del 4%), lo que puede explicarse por el elevado grado de financiación de la economía, como pone de relieve que el crédito al consumo crece a ritmos del 20%; incluso por encima de los préstamos hipotecarios. Dicho en otros términos: el endeudamiento está financiando el crecimiento económico, sobre todo las compras de bienes duraderos de menor cuantía. Por el contrario, hay menos liquidez, como lo demuestra la evolución del gasto en alimentos.
Matriculación de vehículos
En sentido contrario puede explicarse el frenazo que se ha producido en la venta de automóviles, lo que sin duda tiene que ver parcialmente con el hecho de que la comparación se haga con niveles extraordinariamente altos, ya que en los tres años anteriores se produjo un récord histórico en el número de matriculaciones. En 2006, sin embargo, los datos de la patronal Anfac indican que la venta de automóviles (descontando los todoterrenos) caen un 1.6%, con especial intensidad en los segmentos medianos (por encima del 6%). La venta de vehículos de lujo, por el contrario, se ha vuelto a disparar este año, hasta crecer un impresionante 32,2% en medio de un mercado bajista.
Otro indicador que refleja la desaceleración del consumo es el que mide la venta de productos petrolíferos. El consumo de gasolina cae un 5%,, mientras que el de gasóleo tan sólo se incrementa un 2,5%. La progresiva dieselización del parque automovilístico español explica en buena medida el descenso en el consumo de gasolinas, pero hay que tener en cuenta que se trata del segundo peor registro desde el año 1998. La tasa de aumento de la venta de gasóleos es, igualmente, la más baja desde ese año.
Estos indicadores de consumo no significan, en cualquier caso, que se esté produciendo un parón en seco de la actividad económica, aunque si del consumo per cápita, toda vez que ese menor consumo de cada familias está siendo compensado por el dinamismo que se registra en la creación de empleo. Es decir, que aunque cada familia gaste menos, hay más hogares con capacidad de compra, fundamentalmente los compuestos por inmigrantes. Y es que hay que tener en cuenta que la población está creciendo a ritmos comprendidos entre el 1,5% y el 2%, lo que significa que hay más unidades familiares.
La desaceleración del consumo privado (que representa el 60% del PIB) se pone de manifiesto en el hecho de que ha pasado de crecer un 4,2% en los dos últimos años a un 3,6% hasta el tercer trimestre de 2006, y hay que tener en cuenta que el Servicio de Estudios del BBVA ha estimado para el 2007 un crecimiento del 3,1%.
En palabras del BBVA, “la economía española va a entrar en una fase de desaceleración: el coste de la financiación va a ser creciente, la solvencia familiar es inferior a la de los anteriores ciclos y el mix de la cartera de créditos al consumo podría haberse desplazado hacia perfiles más arriesgados”. Es decir, hacia los llamados créditos express (que encarecen la financiación de los hogares) o hacia el uso más intenso de las tarjetas de crédito, y que en última instancia están ayudando a sustentar la economía.
