SECRETOS Y MENTIRAS | El exceso de políticos deslució la despedida multitudinaria de José María Mena como fiscal jefe de Cataluña, pero permitió que Joan Saura y Montserrat Tura compartieran mesa presidencial y limaran algunas de las asperezas de los últimos días

Nadie esperaba que apareciera por allí Jordi Pujol. Ni miembro alguno de la familia -biológica o política- del ex president.Al fin y al cabo, el homenajeado el viernes por la noche estuvo a punto de lograr lo que nadie en 23 años y medio de reinado político indiscutible: forzar la dimisión del president, al alimón con otro de los que fueron protagonistas indiscutibles de la velada, Carlos Jiménez Villarejo. Porque la cena de despedida de José María Mena como fiscal jefe del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya, no habría estado a la altura sin la presencia destacada de su pareja de baile profesional, el primer fiscal Anticorrupción de la historia de España. Juntos presentaron en mayo de 1984 la querella contra Pujol y contra otros 24 ex directivos de Banca Catalana. ¿Quién les iba a decir a ellos, convencidos como estaban de que el president había delinquido durante su gestión como hombre fuerte de Banca Catalana que, aunque llegaran a obligar a Pujol a sopesar el abandono, no harían sino reforzar la identificación entre el hoy ex president y Cataluña, con su iniciativa estrictamente judicial que sólo se supo interpretar en clave política?

La noche del 18 de mayo de 1984, el director de TV3, entonces Alfons Quintà, un furibundo militante de El País hasta que Lluís Prenafeta y su chequera se cruzaron en su camino para convertirle en el más servil militante pujolista, había llamado a su patrón, el secretario general de la Presidència. Los contactos que aún mantenía en El País le habían permitido tener acceso a una información que haría temblar los cimientos de la recién lograda mayoría absoluta de Jordi Pujol en el Parlament: el rotativo iba a publicar la noticia de la inminente presentación de la querella de la Fiscalía. Pasada la medianoche, Prenafeta llega al domicilio familiar de los Pujol Ferrusola en la ronda del General Mitre.El presidente de la Generalitat y su esposa, Marta Ferrusola, escuchan en el comedor de su casa las explicaciones de Prenafeta.«Pujol está hundido, descorazonado. Es un violento mazazo, un golpe como no ha recibido en años. Se muestra decepcionado con los socialistas en general y con Felipe González en particular», según relata José Antich en El Virrey. La misma noche que Jordi Pujol es informado en su casa de la inminencia de la presentación de la querella, Marta Ferrusola y Lluís Prenafeta empiezan a planificar el acto multitudinario de apoyo al presidente catalán, coincidiendo con su reelección en el Parlament para un nuevo mandato de cuatro años. Macià Alavedra purgaría, con su salida del Govern meses más tarde, una deslealtad momentánea hacia Pujol.Los socialistas catalanes habían pensado en Alavedra como sustituto de Pujol en la presidencia de la Generalitat si el president resultaba finalmente procesado. Alavedra se dejó querer. Una actitud que acabaría por convencer a Pujol de que Alavedra se postulaba como su sustituto y decidió al president a apartar al más charmant de sus consejeros del Govern. Alavedra reconoce que los socialistas «pudieron pensar» en él para sustituir a Pujol en la presidencia de la Generalitat, pero niega que tuviera algo que ver con aquella idea. En cualquier caso, el ex superconseller de Pujol tendrá en breve la ocasión de aportar su propia versión de los hechos porque está redactando sus memorias. Lo mismo que Pujol, que mañana empieza a trabajar con el periodista Manel Cuyàs -la elección es una prueba más de la inteligencia del ex president- en las suyas, que él insiste en calificar de «experimento».

Pero nada de aquello preocupaba a Villarejo ni a Mena, que se habían limitado a redactar una querella con los elementos con los que contaban. Estigmatizados por el pujolismo, su cruzada contra lo que el viernes Villarejo, jubilado prematuramente, no como Mena, que dejó de ser fiscal jefe el sábado, cuando cumplió los 70 años, por el PP más autoritario, definió los «excesos de los poderosos perseguibles penalmente». El balance de esa pareja de antiguos militantes del PSUC -lo abandonaron en 1980, cuando el Estatuto Fiscal impidió la militancia política a los miembros de la carrera- no podría ser mejor: acabaron con las carreras criminales de Javier de la Rosa, de José María Huguet, de Juan Piqué Vidal e, incluso, de quien en algún momento había parecido su aliado, Lluís Pascual Estevill, y todo ello para vergüenza de Pujol.

Aún así, Mena, el viernes, no parecía completamente un hombre contento ni, de lejos, emocionado. Tal vez porque la irrupción de políticos en el acto de homenaje parecía querer patrimonializar al viejo fiscal como un producto de la izquierda. Allí aparecieron desde el nuevo president, José Montilla -que, por si acaso, tenía a su abogado a unas cuantas mesas-, pasando por el presidente de la Diputación de Barcelona, Celestino Corbacho, o el nuevo alcalde de Barcelona, Jordi Hereu. Una mesa presidencial con enjundia en la que no faltaron la nueva consellera de Justícia, Montserrat Tura, y el que parece haberse convertido en su adversario, el conseller de Relacions Institucionals y, ahora, también de Interior, Joan Saura, quizás el único que por afinidad a Mena merecía estar allí. No parece que los demás hayan conocido personalmente al veterano fiscal ni que Mena sienta simpatía alguna por ellos.El homenajeado esperaba una despedida de la Fiscalía, algo más privado. Sino no habría permitido que el conservador teniente fiscal y fiscal jefe en funciones, José María Romero de Tejada, ejerciera de maestro de ceremonias.

Tura lamentó hace unos días que los servicios de información de los Mossos d'Esquadra, los mortadelos, dependan de Saura, un personaje que no cuenta con la confianza del PSC. Hace casi siete años, cuando Pujol quiso incorporar a Josep Antoni Duran Lleida a su Gabienete como responsable de Governació, unos cuantos jóvenes cachorros de CiU liderados por Oriol Pujol lograron con éxito que Interior quedara fuera de sus competencias. Escribí aquello recogiendo las tesis de algunos ex dirigentes de CiU y Oriol se quejó amargamente de que no se reconocía en el texto que había escrito a cuatro manos con mi amigo Jordi Oliveres.Tura demostró hace unos días que Oriol tenía razón y que nosotros erramos.

felix.martinez@elmundo.es

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