SEÑALES DE HUMO

La Vicepresidencia se ha inventado para dar a Carod el estatus de 'número dos' sin que pueda mandar mucho

Las izquierdas de este país sienten una gran debilidad por los nombres, por poner palabras a la realidad. Ya sustituyeron la etiqueta de varios departamentos en 2003 y ahora han vuelto a insistir en ello. Algunos cambios encierran una intencionalidad sobre todo ideológica (por ejemplo: Benestar i Família pasa a llamarse Acció Social i Ciutadana) o de marketing (el nombre mismo del gabinete, Entesa Nacional pel Progrés), otros son el resultado del diferente reparto del poder pactado esta segunda vez.

Un claro exponente de los complicados equilibrios que se han tenido que llevar a cabo es la llamada consejería de la Vicepresidencia, inventada para otorgar el estatus de número dos y poder llamar vicepresidente a Carod-Rovira sin entregarle las atribuciones de conseller primer. Que el gobierno de después del Estatut -que habla de presidente, conseller primer y consellers- no tenga conseller primer y sí vicepresidente no deja de ser un despropósito.Poco poder real supone, por otra parte, la vicepresidencia, más allá de la política lingüística (pero no la relacionada con Consumo) y el Institut Ramon Llull. Por otra parte, se echa a faltar en este Gobierno -cuyo retrato robot es un hombre en la cincuentena- una conselleria consagrada en exclusiva a la inmigración y otra a la proyección exterior de Cataluña.

Completan la alineación de ERC Joan Puigcercós, al frente de Governació; Carme Capdevila, en Acció Social; Josep Huguet, a quien han ido a parar, para pasmo de los rectores, las universidades, y el profesor Tresserras en Cultura i Comunicació. De los cinco, el veterano (y con mayor presupuesto a su cargo) es Huguet, conseller durante un año y medio con Maragall, mientras Puigcercós, Capdevila y Tresserras debutan. Como se sabe, la experiencia de Carod en el gobierno anterior se prolongó sólo unas semanas.

A diferencia de lo ocurrido con ERC, la elección de los consellers socialistas está marcada por la continuidad. Montilla al margen, de los siete consellers sólo dos son personas relativamente desconocidas: Joaquim Llena (Agricultura) y la sindicalista Serna (Treball).Los demás -Castells, Nadal, Ernest Maragall, Tura y Geli-, ya estuvieron en el primer tripartito (si bien Maragall no tuvo el rango de conseller, sí habitó en el corazón mismo del Gobierno como su secretario). Castells ha sido reforzado con las competencias en Energia, lo que le entroniza como el gran interlocutor del empresariado catalán. Asimismo, hay que hacer notar que Montilla ha nombrado a una mayoría de consellers que no procede de su entorno de confianza, a fin, se supone, de dar mayor entidad al gabinete y procurar bálsamo a la vida interna del partido.

Pese a volver a ser decisiva tras las elecciones del pasado 1 de noviembre, ERC ha perdido gran parte del poder y de los dineros que tenía en 2003, mientras ICV-EUiA ha multiplicado su peso al agregar Interior a la antigua conselleria de Saura. Que éste -defensor de okupas e inmigrantes sin papeles- sea el jefe de la Policía ha irritado a su antecesora, Montserrat Tura, e inquieta a mucha gente dentro y fuera de los Mossos. Tendrá que ser muy hábil Saura si quiere salir indemne del envite. No deja de ser curioso, por otra parte, que dos de los asuntos que más preocupan al ciudadano, la seguridad y la vivienda, estén en manos de Iniciativa.

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