OBSERVATORIO
El sector energético español se mueve a la velocidad de la luz. Desde hace poco más de un año, cuando Gas Natural dio la señal de partida lanzando su opa sobre Endesa, los escenarios posibles se han sucedido agolpadamente y ahora ya nada acabará siendo como parecía al principio.
El futuro de Endesa, el objeto del deseo de Gas Natural, se encuentra en algún punto entre las acometidas de la alemana E. On y la constructora española Acciona. Aunque la opa inicial de la empresa catalana está formalmente viva, nadie piensa a estas alturas que tenga posibilidades de salir victoriosa, entre otras cosas porque el dinero que debería poner sobre la mesa desborda sobradamente sus capacidades.
Cuando ese cambio de perspectiva de Endesa, desde un futuro a catalán a uno alemán, parecía reanimar un posible acuerdo entre Gas Natural e Iberdrola, la empresa vasca buscó rápidamente protección en los brazos de ACS, la constructora presidida por Florentino Pérez. Todo parecía apuntar hacia una fusión entre Iberdrola y Fenosa, la otra eléctrica controlada por ACS.
Pero el movimiento de Sánchez Galán, que en Gas Natural sentó como puñalada trasera, servía también para dar oxígeno y tiempo a la eléctrica vasca mientras planeaba un movimiento estratégico de largo alcance, la compra de Socttish Power. Una operación que, de culminar con éxito, deja a Iberdrola al abrigo del abrazo del oso de Florentino Pérez y de cualquier movimiento que pudiera ensayar Gas Natural. Las declaraciones de los últimos días de Sánchez Galán en el sentido de que la compra de la británica facilitará posibles fusiones de Iberdrola en España no son pues más que una comedia para la galería. Tanto él como el resto de los hombres fuertes del sector saben que eso será imposible, por falta de ganas y por la oposición de reguladores españoles y europeos.
Así las cosas, las posibilidades son pocas. ACS podría reducir su participación en Fenosa para incrementarla en Iberdrola, la más grande de las dos. Fenosa podría pasar entonces a tener otro accionista de referencia. Bien podría ser Gas Natural. O el grupo italiano Eni. En este último caso, Gas Natural debería buscarse otra salida, bien en solitario bien arrimándose a uno de sus accionistas principales, Repsol.
Sin embargo, la historia de la reordenación del sector obliga a ser cautelosos y aún podrían producirse sorpresas en los próximo días. Esto sin contar con que el Gobierno prepara una reducción sustancial de las ayudas fiscales a la energía eólica, gracias a las cuales se ha creado una auténtica burbuja de parques de dudoso futuro. En suma: la energía se ha convertido en un negocio de difícil predicción.

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