A FONDO: INMERSION EN LA IMAGEN DE LOS POLITICOS

Sobre estética y gustos, pese a refranes y dichos populares, se ha escrito y mucho. Sin ninguna intención de erigirnos en gurús de la moda pero sí en analíticos mirones, nos hemos lanzado a una inmersión por los recovecos de la política de ambos sexos, aunque tomando más oxígeno en la masculina por aquello de aguantar sin respiración ante el maxi cuello del president José Montilla, el excesivo encanto de la sonrisa convergente, el vals del cuello de Piqué sobre sus tiroides, los hombros alicaídos de Carod Rovira, el abuso del tercer botón por parte de Saura y mención especial a lo que llega a perder Rivera, el ciutadà, cuando se viste. Ellas, las señoras, ganan por puntos sin ningún género de dudas.

Una cosa son los modos y otra, muy distinta, la moda. Pero, para qué engañarse, la que cuenta es la segunda a la hora de proyectar imagen fotográfica y con la boca cerrada.

En lo de los modos, a nadie sorprenderá que el president Montilla tenga dificultades a la hora de comer una hamburguesa con palillos en una taberna de Pekín, pongamos por caso; es más, podremos hasta sonreír y solidarizarnos ante la democrática idea de que a la mayoría de nosotros, occidentales de oficio y beneficio, nos sucedería lo mismo.

En la misma línea, tampoco resultaría una sorpresa que a Georges Bush le gustara el pata negra a lonchas gruesas; al fin y al cabo con toda probabilidad la mayoría de cerdos que ha visto son rosados, y para más inri debe pensar que si el cerdo es negro anda podrido.

Lo de la moda ya es otra cuestión, y aunque las mujeres sean en principio las más analizadas, cuestionadas y criticadas, los hombres merecen una especial atención cuando se trata de proyectar patria, ya sea de forma individual o de tres en tres, que es lo que se lleva en Cataluña para rizar el rizo de la moda. Queda claro que una vez más es Cataluña quien marca tendencia fashion-víctim.En esto de la política, parece que las ideologías forman un bloque conceptual, haya o no empirismo acumulado. Ya se trate de recién llegados o de los que siguen en sus trece de escaño en escaño y tiro porque me toca, las imágenes hablan por sí mismas y lo de la colocación de los brazos, por ejemplo, no entiende ni de recortes estatutarios ni de archivos salmantinos. Allá donde caen, allá se quedan las manos. ¿Tendrán algo que esconder tras ellas?

Vaya por delante, y sirva el comentario para no desesperar, que ante cualquier opinión el de la moda es un mercado tan amplio que hay alternativas. No tanto el de los modos.

ARTUR MAS

Para Artur Mas, líder de la oposición -la de las mayúsculas-, la moda tiene tantos secretos por descubrir que su principal pauta es la comodidad. No la comodidad gestual y corpórea, sino la de agenciarse un fondo de armario para un armario sin fondo.O sea, esa comodidad tan masculina que a las mujeres nos parece defecto. Los suyos son trajes, de corte clásico, sin mácula, a prueba de la más dura calçotada. ¿Y los dientes? Perfectos, de férula blanqueadora. ¿Y las uñas? Bien cortadas, redondeadas, brillantes. Siempre bien peinado, la electricidad estática le ataca directamente al flequillo. Él ya sale de casa peinado de lado, pero a media mañana el tal flequillo se rebela y cae sin piedad sobre su frente. Por altura y porte, es de los pocos que se pueden permitir pantalón con vuelta.

JOSÉ MONTILLA

Antes aún de observar a José Montilla de arriba a abajo, hay que detenerse en el cuello de la camisa ante la visión king size del asunto. Da la sensación de que primero ha abrochado el cuello y le ha anudado la corbata para finalmente introducirse en el conjunto tras unos cuantos malabarismos de los que sólo sería capaz uno de los Cronopios de Cortázar. La chaqueta oscura le aporta la formalidad que necesita un president, y a él mismo se le intuye cómodo en ella. Ni se le ocurra volver al cardigan casual del fin de semana burgués con el que le hemos visto en alguna ocasión en campaña.

Debería entrenar sonrisa para restarle ambigüedad, y no vale justificarlo con su timidez porque hay edades y puestos de trabajo en los que ya no toca. Para ser algo más sensual, podría usar voluminizador labial. Son productos de fácil aplicación.

JOSEP PIQUÉ

A este político le cuadra hasta la sigla del partido. PP: Pulidito Piqué. Luce siempre aspecto de recién restregado con pastilla de jabón de glicerina al aroma de Marsella, del bueno. Trajes siempre de buenos tejidos, parece tener predilección por alpacas y lanas frías. Cuestionables, los cuellos de las camisas que, por alguna desconocida razón, parecen bailar un vals sobre sus tiroides. Disminuir una talla el cuello sería buena idea. En tal caso, también la corbata, prenda en la que a menudo se compromete con divertidos colores, incluidos rosas, le quedaría mejor ajustada.Por su aspecto tan aseado y prolijo podría permitirse llevar el pelo largo y hacerse coleta. Lejos de restarle compostura política, resultaría tremendamente atractivo y se le acercarían muchos de los que le rehuyen por sudar mientras él permanece impertérrito.

JOSEP LLUIS CAROD-ROVIRA

Acostumbrado como nos tiene a disfrazarse de personajes históricos tipo El Nazareno, Josep Lluís Carod-Rovira es uno de los políticos mejor vestidos No hay que olvidar que tiene un buen amigo diseñador, Juste de Nin, el artífice de Armand Basi, marca que suele utilizar el mesiánico político. Usa colores propios del gusto catalano-mediterráneo: grises, piedras, alguna incursión en tono azulado y el sempiterno negro. Un apunte: siempre presenta hombros demasiado caídos, lo que le aporta un aspecto poco adecuado dada su altura. Se le sugiere la adaptación de discretas hombreras que le alcen ligeramente el porte. Hemos llegado al mostacho. Eliminárselo de cuajo podría resultar traumático para sus fans (o electores), pero unos retoques en las puntas y un vaciado de pelo le daría menos aspecto de remake ochentero.

JOAN SAURA

El tercer botón es a menudo la tortura de Joan Saura. Es aquél que queda sobre el pecho, el que se inventaron en los años 70 diseñadores como Roser Marcé o Toni Miró, y que nunca preveyeron que habría que coserlo con instrucciones de uso. ¡Que no se abrocha, señor Saura! Sólo si se abrocha la chaqueta entera, pero nunca el botón en solitario. Por lo demás, Saura combina bastante bien los colores y resulta elegante por su prudencia y sobriedad.Suele usar camisa y corbata de idéntica gama cromática, y resulta bastante atractivo cuando le da por la imagen de diseño catalán del exportable; esto es traje negro, camisa negra y corbata gris oscura o negra. Ya que Saura es el boss de los Mossos, no estaría mal un cambio en las espardenyes que usan éstos para su uniforme de gala. Siempre y cuando no se deje influenciar y les ponga zapatos de flamenquito.

ALBERT RIVERA

Apodado el niño en algunos círculos, Albert Rivera ha dejado claro que vestido pierde un montón. Superada la barrera del desnudo -nada provocador, por cierto, por barbilampiño-, lo de quien dicen que militó en el PP (¿dejaría el partido para mostrarse al desnudo?) resulta un déjà vu de los 70/80. Pongo la barra entre décadas para no quedarme anclada en la que murió el dictador, en que ésta era la escena: por un lado la peña del Fred Perry; por otro, la del Lacoste. Todos, en pleno agosto, con el Shetland sobre los hombros, Sebago comprados en Andorra, calcetines ejecutivo y cinturón de Conti. ¿Es o no Rivera un remake de aquello? Pónganle Demis Roussos de fondo y verán que sí. Se agradece un aire joven en los escaños de primera fila, por lo que estaría bien un aire más trendy, sin pasarse.

Las chicas, con notable alto

El elenco femenino del politiqueo catalán es poco cuestionable.Las mujeres de la tropa con lema por y para el pueblo visten con corrección y bastante buen gusto. Si surge en este punto aquello de que sobre gustos no hay nada escrito, no se fíen porque se ha escrito y mucho.

De Manuela de Madre hay que decir que es amante de tejidos «con caída», y de colores más bien claritos. Es una de las más coquetas y, al igual que Julio Iglesias, conoce a la perfección sus mejores ángulos. Se conoce, sobre todo la sonrisa, y no tiene reparos en exhibir su buena dentadura. Aparentemente, al menos. Si algo se le sugiere es un tono más castaño en el pelo -le rejuvenecería- y un corte con más volumen. ¡Bien por sus taconazos!

A la recién llegada Mar Serna se le aplauden, sobre todo, las gafas. Osadas y comprometidas. Al ser tan pequeñita le diríamos que usara siempre escotes en pico y collares largos, nunca alrededor del cuello. En cuanto a los colores, uno solo de arriba a abajo es el mejor recurso para parecer más alta. Aunque sea por mostrarse en un solo bloque visual. Le eliminaríamos los bolsillos de la chaqueta, pues cuanta menos superficie, menos guión ha de tener la prenda.

Montserrat Tura ofrece siempre un aspecto impecable y a la vez desenfadado. se le aplauden sobre todo, las chaquetas, con ese toque remangado de la manga sobre la camisa interior. Si algo le cambiaríamos, aunque con prudencia, sería el peinado: un poco más de flequillo que le cubra la frente.

Los complementos son el punto fuerte de Marina Geli, que con buen criterio huye del negro cerca del rostro, a sabiendas, con bastante probabilidad, de que dicho color a partir de la cuarentena y junto a la cara conviene usarlo sólo de noche. Geli procura aportar luz al rostro. ¡Buen recurso, consellera! Es posible que lleve una vida luchando contra sus rizos a lo Marina Rossell.¿Nos gustaría más con melena planchada? ¿Nos parecería menos kumba? Habría que probar.

Los hombres del president

La altura, muy parecida, de los líderes de la Entesa debería ser una circunstancia bombón para un buen creativo de imagen. Ya ni les cuento para un copy, que podría jugar con frases del tipo «la igualdad de la altura», «la altura de la igualdad», «de la altura a la igualdad», «a la igualdad por la altura»... Inacabable.

Es cuestión de unirse al enemigo, en este caso al del tamaño no alcanzado de acuerdo a los patrones estéticos del Calendario de los Bomberos de Bilbao (vayan, chicas, con ojo que en alguno de los meses el bombero es gay), en el sentido de que no es más alto quien quiere sino quien así le parieron.

Aunque en Hollywood le solucionaron lo de la altura a Alan Ladd diseñándole unos topolinos y evitando encuadres de pies, claro, en política quizás muy serio no quedaría. En cualquier caso, y para marcar posiciones, a algún zapatero modernoso se le podrían pedir zancos a lo drag-queen para el boss de bosses, el president.De este modo, tras la clase de catalán podría apuntarse al ¡Mira quien baila! para aprender a guardar el equilibrio.

En la onda corbatera, para la primera reunión de Govern, los de la Entesa eligieron corbatas a rayas y en el mismo sentido de inclinación. ¿Quién llamó esa mañana a quién? ¿Acaso «poneos rallados» fue la consigna del día?

Los calvos brillan

¿Se llevan los calvos? Ahí están Josep Huguet y Joan Manuel Tresserras, brillando con calva propia desde sus asientos. A ninguno de los dos parecen haberle propinado demasiadas tortas sobre la cabeza, porque no presentan protuberancias en la superficie. Más bien presentan las cabezas redonditas y bien formadas. Ambos usan gafas del mismo estilo, con monturas apenas perceptibles. A Tresserras no le sentaría nada mal un modelo mucho más extremado. Cuando se trata de cuello, el conseller de la moda apuesta a veces por el nudo medio-Windsor, como el alcalde Jordi Hereu, y como sabe de esto las corbatas, en consecuencia, las lleva de seda fina.El responsable de cultura prefiere el nudo Windsor clásico, muy inglés. A Hereu le plancharíamos un poco más las camisas y le sacaríamos las manos de los bolsillos. Por lo demás, el alcalde es de notable.

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