Los catalanes ya tenemos nuevo Govern. Los que observamos nos hacemos preguntas y constatamos algunas paradojas y sorpresas.

Preguntas: ¿por qué dos de los principales asuntos que preocupan a la gente según todas las encuestas, la vivienda y la seguridad, dependen del socio más pequeño del Govern y también el más proclive a posiciones extremas y antisistema? ¿Por qué Carod-Rovira afirma tener competencias en proyección exterior cuando lo más importante en este campo, la delegación de la Generalitat ante la Unión Europea y la representación en Madrid, es para el president? ¿Por qué separan Comerç de Consum contra toda lógica de cara al administrado? ¿Por qué ERC se preocupa de que Governació, con Puigcercós al frente, tenga varias y bien nutridas competencias a costa de vaciar otros departamentos con titular también republicano, como la misma Vicepresidència y la Conselleria d´Acció Social? ¿Por qué cambian forzosamente consellers bien valorados como Tura o Del Pozo? ¿Por qué hay que modificar el nombre de varias consellerias cada dos por tres?

Paradojas: primera: el president Montilla anuncia solemnemente en su investidura la necesidad de un Pacte Nacional d´Immigració, pero, al hacer el organigrama, el asunto más importante de país no tiene departamento específico, ni siquiera depende de Presidència o de Vicepresidència, fórmulas que, por lo menos, expresarían la voluntad de impulsar políticas transversales. Segunda: los tres partidos del Govern remarcaron en campaña electoral que un país que no apueste por la formación de alto nivel, la ciencia y la investigación no será competitivo, pero, a la hora de encajar piezas, meten las universidades con calzador en una conselleria-cajón de sastre, lo cual es un retroceso. Tercera: Carod-Rovira ocupa la nueva conselleria de Vicepresidència, pero, con la ley en la mano, no es un vicepresidente ejecutivo, pues tiene el mismo rango que el resto de los consellers y no puede coordinarlos ni dirigirlos. Cuarta: ERC ha pactado con un PSC mucho más debilitado y derrotado que en el 2003, pero ahora sus competencias, su protagonismo y el presupuesto de sus consellerias son mucho menos que entonces.

Sorpresas: primera: Ernest Maragall al frente de Educació indica hasta qué punto se puede relativizar el lema de su hermano Pasqual, ese tan repetido educació, educació i educació. Segunda: el nombramiento del titular de Cultura es un motivo de optimismo, pues al dialogante Mascarell le sustituye el dialogante Tresserras. Tercera: el gran anuncio de Carod-Rovira de que no volverá a hablar como líder independentista en, al menos, cuatro años; un hombre muy coherente, sin duda.