Inminente crisis energética, de Mariano Marzo en La Vanguardia
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El mundo encara un mañana sucio, inseguro y caro en el que los países consumidores serán más vulnerables a interrupciones del suministro
En su último informe, World Energy Outlook 2006 (WEO 2006), la Agencia Internacional de la Energía (AIE) presenta un panorama sombrío sobre el futuro energético global. En palabras de su director ejecutivo, Claude Mandil, el mundo encara un mañana sucio, inseguro y caro,en el que los países consumidores serán cada vez más vulnerables a severas interrupciones del suministro, al mismo tiempo que se acelerarán los riesgos asociados al cambio climático global.
¿Se trata de un informe catastrofista? En absoluto, las credenciales de la AIE parecen descartar esta posibilidad. Se trata de un organismo autónomo, encuadrado en la OCDE, fundado tras el shock petrolero de 1973 y que tiene por misión diseñar y llevar a la práctica un programa energético internacional. Estamos hablando de las conclusiones del principal think tank energético mundial y ningún colectivo mínimamente responsable debería ignorar el diagnóstico y las urgentes medidas propuestas para salir del callejón sin salida al que nos conduce la actual rutina energética.
El WEO 2006 considera dos escenarios que deben tratarse por separado. El primero, o escenario de referencia,proyecta en el horizonte del 2030 las tendencias actuales. El segundo, o escenario alternativo,nos aproxima a como podría ser el panorama en el 2030, si el conjunto de medidas y políticas actualmente en estudio por los gobiernos se llevara a la práctica sin más dilación.
De forma telegráfica, las principales conclusiones del escenario de referencia pueden resumirse en ocho puntos: 1) de aquí al 2030 la demanda global de energía primaria se incrementará en un 52,6%, con los países en vías de desarrollo contabilizando cerca del 70% de dicho aumento; 2) los combustibles fósiles seguirán siendo la principal fuente de energía, contribuyendo en un 83% al mix energético global del 2030; 3) durante el periodo proyectado, los mercados de crudo y productos refinados continuarán bajo presión, por lo que no se espera un descenso pronunciado de los precios; 4) la vulnerabilidad de los países consumidores frente a posibles interrupciones del suministro de petróleo y gas se acentuará de forma dramática y dichas interrupciones pueden traducirse en súbitos y espectaculares repuntes de los precios; 5) contrariamente a lo que opinan algunos analistas que destacan las escasas repercusiones de la reciente escalada del precio del crudo, este todavía resulta importante para la salud de la economía global; 6) satisfacer la creciente voracidad energética mundial durante el periodo 2005-2030 requiere una inversión en infraestructuras cifrada en 15 billones de euros; 7) no hay ninguna garantía que estas inversiones lleguen a concretarse y, muy particularmente, la capacidad y voluntad de los principales productores de petróleo y gas para acometerlas resultan inciertas; 8) las emisiones globales de dióxido de carbono aumentarán un 55% entre el 2004 y el 2030, con los países en desarrollo totalizando más del 75% del citado incremento.
El WEO 2006 plantea un escenario alternativo,asegurando que las tendencias comentadas no implican ninguna predestinación y que los gobiernos pueden -y deben-tomar medidas para reconducir la situación a una senda algo más sostenible. Para ello tendrían que hacer efectivas todas las políticas actualmente en estudio para mejorar la seguridad energética y reducir las emisiones de dióxido de carbono.
Tales políticas incluyen: incidir en el comportamiento de la demanda mejorando la eficiencia en la producción y uso de la energía, disminuir el uso de los combustibles fósiles a favor de otras fuentes, como las renovables y la nuclear, y favorecer el uso limpio de los recursos indígenas fósiles, siempre que esto vaya acompañado del despliegue de tecnologías de secuestro y captura del dióxido de carbono.
En relación al escenario de referencia, el escenario alternativo prevé para el 2030 una reducción del 10% en la demanda mundial de energía, lo que equivaldría a un ahorro similar al actual consumo de China.
Asimismo, en el 2030, la demanda global de petróleo se recortaría en unos 13 millones de barriles diarios, y las emisiones de dióxido de carbono disminuirían un 16%, lo que significa una cantidad similar a la suma de las actuales emisiones de Canadá y EE. UU. En cualquier caso, para interpretar mejor el alcance de estas cifras hay que referir los porcentajes, no a las proyecciones del escenario de referencia,sino a los datos del 2004. Con esta lectura, resulta que el escenario alternativo nos dice que en el 2030 la demanda energética mundial sólo habrá crecido un 37,5%, la de petróleo un 25,7% y las emisiones de dióxido de carbono un 31%.
En el escenario de referencia,la capacidad mundial de generación eléctrica de origen nuclear pasa de 368 gigavatios en el 2005, a 416 en el 2030, mientras que en el escenario alternativo se postula alcanzar los 519 gigavatios, lo que implicaría un aumento del 41%. Según el WEO 2006, el interés en construir nuevos reactores ha aumentado como consecuencia del encarecimiento de los combustibles fósiles, que hace más competitiva la electricidad de origen nuclear, aunque se admite que tal industria sólo experimentará una expansión importante en aquellos países en los que los gobiernos sean capaces de vencer las reticencias de la opinión pública y faciliten la inversión privada.
Por lo que se refiere a los biocombustibles, el escenario alternativo prevé para el 2030 una penetración a escala mundial del 7% sobre el total de los carburantes utilizados en el transporte por carretera, frente al 1% actual. Sin embargo, la creciente demanda de alimentos por un mundo en plena expansión demográfica entra en clara competencia, en cuanto a la disponibilidad de tierras cultivables y de pastoreo, con la producción de biocombustibles. Hoy en día, cerca de 14 millones de hectáreas de terreno se utilizan para cultivos energéticos, lo que equivale a cerca del 1% del total de tierra cultivable disponible en el mundo. En el escenario alternativo esta superficie se incrementaría a la ocupada conjuntamente por Japón, Corea, Australia y Nueva Zelanda. De hecho la aportación de los biocombustibles al mix energético mundial depende en gran manera de los avances tecnológicos que puedan experimentarse en el futuro, especialmente en el campo de la biomasa lignocelulósica.
Tras analizar las proyecciones presentadas en el escenario alternativo resulta evidente que las mejoras en relación al escenario más rutinario e insostenible, aunque significativas en términos absolutos, son claramente insuficientes. Pero no sólo eso. Además, las políticas necesarias para conseguir tales mejoras parecen difíciles de concretar. No tanto por su viabilidad económica, extremo que el WEO 2006 garantiza, sino por su urgencia, la magnitud de los obstáculos que los gobiernos deberán superar para hacer realidad las políticas y medidas a desplegar, así como por la necesidad de conseguir un decidido apoyo del sector privado y una estrecha cooperación internacional.
Ciertamente, el informe de este año de la AIE no invita al optimismo. Un mensaje que el organismo recalca cuando recuerda que, pese a todos los progresos, en el 2030 todavía quedarán en el mundo 2.700 millones de personas que dependerán totalmente de la leña y de los residuos agrícolas y ganaderos para cocinar y calentarse, sin olvidarnos de los 1.600 millones de personas que aún hoy en día no tienen acceso a la electricidad.
Mariano Marzo , catedrático de Recursos Energéticos de la UB.
