LA AUTORA EXPLICA QUE CIU SE MANTENDRA VIGILANTE ANTE LA ACTITUD DEL TRIPARTITO, AL QUE ACUSA DE INCUMPLIR SUS PROMESAS DESDE EL PRIMER DIA, COMO LA DE LA PARIDAD EN EL GOVERN, Y DE ESCONDER BAJO LA ALFOMBRA LOS ASUNTOS QUE INTERESAN A LA GENTE

En los últimos meses se ha hablado profusamente de las consecuencias electorales que tendría la decisión de un político como José Montilla, con todo el peso del aparato socialista que lidera, de encabezar, finalmente, la candidatura del PSC al Parlament de Catalunya. El 1-N empieza ya a ser historia, y no faltarán cronistas que nos expliquen en qué se materializó tanto efecto Montilla anunciado. En todo caso, los que pretendían, con Montilla, remover la vida política catalana se han encontrado que la han anestesiado: ni tan siquiera han podido evitar que el PSC obtuviera unos resultados electorales muy negativos.

Quizás habríamos tenido que ser más conscientes de otra circunstancia políticamente más relevante, lo que podríamos denominar efecto Tripartito, así como reclamar más atención pública sobre la amenaza real que representaba. De hecho, hemos podido constatar hasta qué punto funciona el instinto de conservación de la apuesta estratégica que representaba y representa el Tripartito catalán, el cual, a efectos prácticos, aspira a conducir a CiU al ostracismo.En efecto, las medias verdades, los silencios clamorosos y la premeditación proverbial exhibidos por las dos partes principales implicadas (PSC y ERC) en cuanto al segundo Tripartito indican el peso y la relevancia de las fuerzas soterradas -en algún punto, clandestinas- que apuntaban a él. Ya lo denunciamos, pero lo hicimos insuficientemente, sin lograr movilizar a una parte de nuestro electorado.

Lo que resulta una evidencia, actualmente, es que Cataluña acaba de estrenar un president y un Govern débiles, de circunstancias, que quieren -porque lo necesitan- recluirse en la mera gestión.Pretenden, a toda costa, un mandato balsámico, tapando problemas o traspasándolos a otras instancias, lo cual, dicho sea de paso, resulta ser una manera vergonzante, y nada patriótica, de ejercer el autogobierno. El país se convertirá en una enorme alfombra bajo la que disimular las discrepancias internas. Han acordado que no habrá margen para el desacuerdo, que se portarán bien e intentarán no transmitir demasiadas señales de discrepancia sobre las grandes cuestiones estratégicas del país, en que las posiciones de los tres partidos yuxtapuestos incluso llegan a entrar en flagrante contradicción. En definitiva, la razón del tripartito triunfa, definitivamente, sobre la razón de estado y el sentido de país. Y para ello, y visto el precedente, se han conjurado para aplicar la ley del silencio.

En todo caso, hoy vivimos las consecuencias de un estado de cosas que bebe del instinto de supervivencia de un primer tripartito que fracasó estrepitosamente. El nuevo tripartito es simplemente esto: una segunda oportunidad (José Montilla admitía recientemente que no tendrán otras: saben que el crédito político se les está acabando). Y cabe apuntar, como significativo no ya del talante del flamante president sino del estado de ánimo con el que prosiguen su obra de gobierno, que esta vez no ha habido la liturgia que acompañó la firma del Acuerdo del Tinell en el año 2003, ni la ilusión de cambio que dicho pacto suscitaba. Se ha tratado y se tratará de pasar de puntillas, lo que Josep Lluís Carod-Rovira ha calificado de «lluvia fina», pero que también se conoce popularmente como calabobos.

El fin justifica los medios; y el tripartito catalán, los incumplimientos.De hecho, todo les vale, incluso saltarse compromisos. Ya se ha dado un caso muy evidente e ilustrativo de este comportamiento, que tanto daño hace a la credibilidad política y que, por ello, debe denunciarse con firmeza: a pesar de sus promesas, el president Montilla no ha podido garantizar ni imponer la paridad de género en la composición del Govern, ni en el Consell Executiu ni en su segundo nivel de gobierno. Ni tan siquiera se han acercado al objetivo prometido, lo que supone una descalificación en primera regla de aquel eslogan Fets, no paraules! que nos proponían los socialistas. La realidad, descarnada, ha puesto nuevamente en evidencia el alcance de la retórica y de la demagogia utilizadas para mayor gloria de las opciones progresistas.

Esto es lo que da de sí el tripartito rescatado y no pueden pretender que nos quedemos impasibles ante él. Por el contrario, nos mantendremos vigilantes, desde un primer día, lo marcaremos estrechamente y lo combatiremos, porque no queremos asumirlo como una fatalidad que hipoteque el presente y el futuro de Cataluña. De hecho, no se merecen ni cien días de gracia aquellos que han prorrogado la fórmula del tripartito y conformado un Govern que todos han coincidido en calificar de continuista.

¡Como si no hubiese pasado nada en estos tres años últimos! ¡Como si las graves turbulencias de la política catalana, que, además del desprestigio de las instituciones, cabe recordar que provocaron unas elecciones anticipadas, hubiesen sido fruto de nuestra imaginación!

Joana Ortega i Alemany es Vicepresidenta del Comitè de Govern d'UDC i diputada de CiU al Parlament de Catalunya.

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