El dólar y la sombra de Peter Pan, de César Molinas en La Vanguardia
IDEAS Y DEBATES
El tipo de cambio del dólar es, en mi opinión, la variable económica más difícil de predecir. Es algo así como la sombra de Peter Pan No es un problema de falta de información, sino todo lo contrario. La información sobre el dólar y sobre las variables que lo afectan es demasiado abundante. Es muy precisa, para lo que se estila en economía, pero es tan excesiva que resulta desorientadora. Todos los días, decenas de datos económicos, políticos, geopolíticos, meteorológicos y de muchos otros tipos afectan al dólar. Estos datos van acompañados, también cada día, por centenares de comentarios escritos por los analistas más variopintos. Dichos comentarios, a su vez, afectan también al dólar. En ellos se pueden encontrar multitud de análisis, estrategias, recomendaciones, predicciones etc. A todo este batiburrillo, por abreviar, le llamaré ideas.La mayoría de estas ideas no son a priori insensatas, pero casi todas ellas acaban revelándose como desacertadas. Siempre hay alguno que acierta, pero también la lotería le acaba tocando siempre a alguien sin que éste tenga más mérito que el haber comprado el billete. Que me toque la lotería hoy no dice absolutamente nada sobre si me tocará otra vez la semana que viene. Lo mismo ocurre con las ideas sobre el dólar.
Cada día se negocian más de un billón y medio de dólares en los mercados cambiarios. Esto equivale, diariamente, a una vez y media el PIB anual de España. En menos de un mes, el volumen de transacciones cambiarias del dólar supera el PIB anual del planeta Tierra. El mercado del dólar es el mayor, con mucho, por volumen de operaciones. En él se procesa de manera instantánea toda la información a la que hacíamos referencia en el párrafo anterior: es un mercado eficiente, en el sentido de que absorbe toda la información disponible y es demasiado grande para que nadie lo pueda manipular. No hay nadie más listo que los demás en ese mercado. Los únicos que ganan dinero regularmente son los intermediarios, que cobran comisiones por comprar o vender sin necesidad de apostar sobre si el dólar subirá o bajará. Los demás, deberían considerarse afortunados cuando ganan dinero tomando posiciones a favor o en contra: considerarse inteligentes les llevará seguramente a la ruina.
Por supuesto que puede ganarse dinero de manera bastante regular tomando posiciones en otras monedas (el dólar neozelandés y el real brasileño son dos ejemplos clásicos entre muchos) siempre y cuando se comprendan bien los determinantes flujos de oferta y de demanda de esas divisas. En estos mercados puede intentarse ser más listo que los demás porque son más pequeños, menos eficientes, menos líquidos y más manipulables (¿recuerdan a Soros y la libra británica?). Esto lo saben muy bien los hedge funds,desde siempre muy reacios a tomar posiciones en el billete verde, pero constantemente activos en monedas menores.
Por lo dicho hasta aquí debería quedar claro que con el dólar es muy peligroso tener ideas. Sin embargo es fundamental tener principios, y esto es así porque los inversores no pueden escapar a las consecuencias que tienen las fluctuaciones del dólar sobre otros mercados financieros tales como las bolsas o la renta fija. Estos son, a mi juicio, los principios más importantes.
En primer lugar hay que tener presente que un colapso del dólar es muy improbable. El dólar es la expresión máxima no sólo del orden monetario internacional, sino del orden internacional a secas. No hay nadie, quizás ni siquiera Bin Laden, que desee que este orden se hunda. No es que sea por amor, es por interés. Todos los países, incluidos Irán y Corea del Norte, atesoran dólares como medio principal de acceder al comercio internacional. Algunos tienen unas reservas de dólares colosales (el 10% del PIB de los EE. UU. en el caso chino). Un dólar en caída libre supondría un impuesto brutal sobre la riqueza de la comunidad internacional que sería tanto más oneroso cuanto más elevado sea el volumen de reservas de cada uno de los distintos países. Nadie se lo puede permitir y el sistema monetario internacional tiene las instituciones y los mecanismos adecuados para evitar que eso ocurra.
En segundo lugar hay que mencionar que la financiación del actual orden internacional (léase imperio americano) está basada en la paulatina depreciación del dólar. El impuesto que he mencionado en el párrafo anterior existe, pero se paga en cómodos plazos que no ponen en peligro el orden internacional. Este es un tema muy complejo que he tenido ocasión de abordar en estas páginas hace ya algún tiempo. Baste recordar aquí que por paulatina depreciación no debe entenderse un horizonte de años, sino de décadas.
En tercer lugar, la globalización de la economía y la creciente internacionalización de las empresas de todos los tamaños, no sólo de las mayores, provoca que la relación de dólar con otros mercados financieros, especialmente las bolsas, se haya vuelto mucho más ambigua. Por ejemplo, un inversor que compre el Ibex está comprando una elevada exposición al dólar a través de los beneficios de Telefónica, Repsol, BBVA, Santander, etc. Hace años, un dólar débil suponía malas noticias para las bolsas europeas. Hoy en día esto no es así, y como muestra baste recordar que en lo que va de año las bolsas europeas han subido más que las americanas.
Los inversores, a mi juicio, deberían tener presentes estos principios al decidir sobre sus inversiones. ¿Cómo? A mi manera de ver, y por lo que se refiere a inversiones especulativas, no debería haber muchos problemas en invertir en activos volátiles, como las bolsas, denominados en dólares: si se acierta con la dirección del mercado, lo más probable es que haya beneficios aunque el tipo de cambio se mueva en contra. No debería invertirse en activos cuya volatilidad sea menor que la de la moneda (esta recomendación sirve para cualquier divisa distinta de la propia). En particular, no me parece una buena idea comprar bonos americanos (ya lo hacen -obligados-los bancos centrales).
Es muy probable que un bandazo del tipo de cambio arruine la inversión aunque se haya acertado en la dirección del mercado. Por lo que se refiere a inversiones estratégicas a largo plazo, la rentabilidad esperada de la inversión debería ser muy superior a la depreciación posible del dólar (recordemos que desde 2000 hasta hoy esta depreciación ha sido del 37%).
Socio fundador de la consultora Multa Paucis. Anteriormente fue managing director de Merrill Lynch y director general de Planificación del Ministerio de Economía y Hacienda.
