Cotizando, de Pedro Nueno en La Vanguardia
El martes tuve en mi escuela de Shanghai al presidente de la Bolsa de Nueva York, John Thain. Conoce bien China y viene con frecuencia en plan de acción comercial. Dieron una conferencia él y nuestro ex alumno Xu Hang, presidente de Mindray, empresa de productos médicos que nuestro ex alumno sacó en la Bolsa de Nueva York hace nueve semanas. El señor Thain dice que lleva sacadas en el New York Stock Exchange 31 empresas chinas con una capitalización de más de 730.000 millones de dólares. Mindray se ha revalorizado ya un 30% en los 63 días que lleva cotizando. Pero hay otras compañías chinas en la bolsa neoyorkina que aún se han revalorizado más.
Cenando, el señor Thain, que viene a vender bolsa a China acompañado por su equipo, nos pregunta preocupado si es posible que el Gobierno chino ponga alguna traba a que las empresas chinas salgan a cotizar en la Bolsa de Nueva York, porque dice que allí hay todo el dinero del mundo para invertir en acciones de buenas empresas chinas. Le pregunto a Xu Hang qué demanda hubo para su empresa y nos dice que acumularon una demanda de 40 veces el número de acciones que sacaban a bolsa. Lo que le decimos a Thain es que no se trata de que el Gobierno chino quiera limitar las salidas a cotizar en Nueva York, sino que les hace llegar a estos excelentes empresarios chinos el mensaje de que también hay un montón de dinero en China y que quizá no se lleven todas las joyas a cotizar en Nueva York y dejen algo cotizando en su país. Nacionalismo, pero bien entendido.
Xu Hang, un emprendedor como una catedral, creó la empresa desde cero en 1991 para fabricar equipos médicos de diagnóstico. La cosa le fue muy bien y se lanzó a vender en todo el mundo. Dice que, tratándose de equipos de alta tecnología, algún cliente americano a veces arrugaba la nariz al ver made in China y por eso, aunque él no necesitaba dinero, pensó que cotizando en el New York Stock Exchange conseguiría un sello de calidad. Me da su tarjeta y en ella pone que cotiza en el NYSE. Muy chino. Dice que ya se nota el efecto. Después de sus conferencias, cuando llega el coloquio, un alumno le pregunta al presidente del NYSE si van a seguir intentando opar hostilmente la Bolsa de Londres. Él dice que no es él, sino su compañero del Nasdaq, la otra bolsa neoyorquina, el señor Greifer, el que opa hostilmente a Londres. Él cree que probablemente acabarán fusionándose, pero que estas cosas no deberían hacerse hostilmente. Este señor estudió en Harvard y es bien educado. Un empresario chino se levanta y promete solemnemente salir a cotizar en la Bolsa de Nueva York en breve. Le aplauden. No lo diría si no lo pensase. Un colega me sopla al oído que ya tenemos cuatro ex alumnos que han sacado su empresa a cotizar en Nueva York. De repente me acordé de que soy catalán y de que en mi país estarían nombrando un gobierno. Y veo a esos empresarios chinos que vienen de la miseria y se ven capaces de cotizar en Nueva York y veo a todo el presidente de la primera bolsa del mundo vendiendo en China y todo me da una envidia enorme.
¿Sabrá ese gobierno que estarán nombrando que esta realidad existe? ¿Les preocupará? El señor Xu Hang nos ha dicho en inglés que cuando él apretó el botón de salir a bolsa en Nueva York, allí estaba el gobernador de su provincia en China, porque en su día, cuando él empezaba, entendió su negocio y le ayudó. No es que le pusiese un sincrotrón en la provincia o un parque biomédico. Le atendió, le escuchó y le entendió. ¿Tendremos en ese gobierno nuestro gente que quiera entender estas cosas? Pensé que era mejor ilusionarse y creer que ahora, finalmente, sí. Pero sentí pena de no poder traerme aquel ambiente a mi propia tierra.
