CARRETERAS SECUNDARIAS

El proceso de paz. Distintas velocidades afectan al proceso de paz iniciado entre el Gobierno español y ETA. Mientras éstos siguen discutiendo el cese de la violencia en esta primera fase que Jonan Fernández llama ´preconciliación´, la sociedad vasca trabaja y se prepara para la ´conciliación´ y la ´reconciliación´. Una experiencia narrada en Itziar nos lleva hasta este diálogo de la comunidad.

En el mes de mayo de 1991, ETA hizo explotar un coche bomba en el cuartel de la Guardia Civil de Vic. Murieron nueve personas: cuatro niños y cinco adultos. Después de asistir al entierro en la catedral de Vic viajé hasta el País Vasco con una pregunta: "¿por qué?".

En Gernika me esperaba otro entierro, el de Juan Félix Erezuma, uno de los miembros del comando que había cometido la masacre de Vic, muerto en Granollers durante el asalto a la casa donde se escondía. La ambulancia en la que se llevaron agonizante a Erezuma fue zarandeada a los gritos de "asesino". En Gernika su ataúd lo llevaron en volandas hasta el centro de la plaza y su cuerpo sin vida fue vitoreado como el de un héroe.

Tras el entierro, me dirigí a Zarautz. Allí me esperaba el antropólogo Joseba Zulaika, autor del libro Violencia vasca, uno de cuyos relatos trata sobre la violencia política ocurrida en su propio pueblo, Itziar, donde diversos amigos de infancia protagonizan desde posiciones distintas el nacimiento de ETA.

El arranque de la historia de Zulaika es también una pregunta. "Pero, ¿cómo es posible esto?, Baina, hora nora leike?". Quien se la hace es la propia madre de Zulaika. Estamos en el verano de 1975. Es sábado y como casi todos los sábados la mujer ha viajado a Deba en el autobús. De regreso, poco antes de llegar a Itziar, dos etarras se acercan hasta el conductor del autobús, Carlos, y le matan de un tiro en la cabeza. Zulaika encuentra a su madre sentada en la escalera de la casa, descompuesta, asustada y sin aliento. Baina, hora nora leike?,se pregunta la mujer.

En el citado libro, Zulaika trata de responder a esta pregunta y lo hace desde la etnografía, sumergiéndose en un largo trabajo de campo sobre su propio pueblo. Zulaika conoce muy bien a Carlos desde la infancia. La vida y la muerte de Carlos están anunciadas en los conflictos antiguos jamás resueltos que sufre la comunidad de esta pequeña aldea. Su muerte se fragua en la propia infancia del antropólogo y la historia de Carlos es asimétrica a la de Martín, hermano de leche y amigo íntimo de Carlos, que terminará en ETA.

Durante la guerra civil, ambas familias combatían en bandos distintos. La de Carlos, con Franco. La de Martín, con la República. Los dos niños nacen en plena contienda. La madre de Martín muere y es la madre de Carlos quien amamanta a ambos bebés. Carlos y Martín crecen juntos.

Ya adolescentes coinciden en el grupo local de Acción Católica, un espacio donde los jóvenes de Itziar fraguan su conciencia antifranquista, en un entorno nacionalista y religioso. Al parecer, Carlos recibe el encargo del alcalde franquista de que le informe de lo que se cuece en las reuniones de la iglesia. Nunca hubo pruebas de tales hechos, pero el rumor crece como una bola. Los destinos se separan. Carlos es marcado como "confidente" y él mismo se aparta del antiguo grupo. Martín escora hacia ETA. Otro amigo de la infancia, José Mari, es detenido por el guardia civil Benito, y ya en el cuartel es brutalmente torturado. Un tercer amigo de Itziar, Iñaki, se convertirá enun militante legendario de ETA, miembro del comando que secuestró y asesinó al industrial Berazadi.

En el estudio sobre este grupo de amigos de infancia de Itziar que escribió Zulaika, la madeja en la que se mezcla violencia y vecindad queda sorprendentemente explicada por el secuestro de Lucio Aginagalde. Una veintena de jóvenes de Itziar se han reunido para comer. Después de servirse los cafés y las copa, sacan las cartas y empiezan una partida de mus. Entonces llega la noticia de la liberación de Aginagalde. Isidro, hermano del etarra Iñaki, se levanta y felicita a Andoni, sobrino de Aginagalde. Veinte minutos después llega la noticia de que Aginagalde ha muerto durante su liberación. Uno de los secuestradores está gravemente herido.

Isidro se entera de que se trata de otro de sus hermanos, el cual ha seguido los pasos del mítico Iñaki y está en ETA. Los dos jóvenes que acaban de darse las mano mientras juegan al mus, son el hermano y el sobrino del secuestrador y el secuestrado.

Después de hablar aquel día con Joseba Zulaika quise visitar Itziar y su cementerio, situado sobre el mar en un espacio sobrecogedor por su belleza. Enterrados a pocos metros uno del otro, allí estaban Carlos, "el confidente", e Iñaki, "el soldado". Entre ambos, el cuerpo del guardia civil Benito, muerto por ETA. El cura de Itziar me acompañó en la visita. De pronto, en medio del silencio sepulcral, empezó a cantar una melancólica canción a la Virgen de Itziar, la Amabrijiña. Su vozarrón grave y profundo todavía resuenan hoy en mi cabeza en medio de aquella escenificación de tragedia.

Estos días, mientras se vuelve a discutir sobre la fragilidad del proceso de Paz, un nuevo libro de Zulaika, Enemigos, no hay enemigo,nos hace recordar aquellos hechos sobre los que regresa para narrarnos cómo, después de su trabajo etnográfico, los vecinos de Itziar quisieron un día reunirse para tratar con él sus impresiones después de hablar con casi todo el mundo y bosquejar en la madeja de la violencia que les envolvía.

Este nuevo trabajo nos pone en la senda de la conciliación y la reconciliación que debe seguir al cese de la violencia, y que, lejos del marco político en el que discuten el gobierno de España y ETA, concierne finalmente a la propia comunidad vasca, desestructurada y enferma debido al conflicto secular que la atenaza.

Afortunadamente, los vascos van un paso por delante en la voluntad de terminar de una vez por todas con la violencia, según demuestran las encuestas, y, si el marco político general del Estado no lo frustra, deberán entrar pronto en esta fase tan difícil de la conciliación y la reconciliación.

Las reuniones de los vecinos de Itziar tienen, en este sentido, un enorme interés. "La lección que todos aprendimos - escribe Zulaika - es que semejantes atrocidades (la muerte de Carlos, las torturas de José Mari...) pueden ser construidas en términos diametralmente opuestos dentro de los limites de una comunidad pequeña de varios cientos de personas".

Aquel encuentro vecinal tuvo para sus protagonistas, "más sabiduría" que todas las recomendaciones que pudieran arrojar los expertos en terrorismo o los antropólogos. Si los expertos, opina Zulaika, quieren por encima de todo borrar toda huella y recuerdo del rostro del monstruo terrorista, "para aquellos familiares y amigos, la única esperanza consistía en mirarnos a la cara", enfrentarse a aquel "corazón de las tinieblas". Dar rostro y voz a lo que se calla.

"En una palabra - dice Zulaika-, se trataba de activar el discurso, no convertirllo en tabú". La pregunta "Pero, ¿cómo es posible esto?" se convertía en una cuestión cuya respuesta se encontraba en la propia comunidad y les concernía a todos.

Precisamente también estos días acaba de publicarse el libro de Jonan Fernandez, fundador de Elkarri, Ser humano en los conflictos,donde se aborda extensamente el tema de la reconciliación. Jonan Fernandez, de cuyo libro y el tema de la reconciliación hablaremos en la próxima entrega, estuvo esta semana en Barcelona para presentar el libro. Durante su visita se le preguntó sobre cómo iba el proceso de paz y, además de opinar que era fundamental incorporar al PP, dijo que había que moderar la impaciencia, pero que las cosas iban bien porque "resulta difícil pensar que la salida no está delante cuando todos saben que mirar hacia atrás da vértigo".