En buena parte, las obras de Carlos Sentís poseen todas ellas valor documental; pertenecen a la historia. Juvenil nonagenario, cultísimo periodista de todos los tiempos, ha vivido y sobrevivido muy diferentes épocas, las de un siglo cuajado de logros y dramas increíbles. Su privilegiada memoria los fue archivando, al tiempo que, con perspicaz mirada, captaba fugaces imágenes de sucesos y periplos, en los que se codeó con grandes de este mundo.
Memòries d´un espectador,que edita La Campana, es título que se queda corto. El autor es un espectador muy avisado y temerario que ha visto las cosas sobre el terreno, en primera fila, para gozo de multitud de lectores. Y fue avisador casi infalible que vio en lontananza, para suerte de personajes de muy elevado rango, se llamen don Juan o Francesc Cambó. Así lo revelan inéditas cartas confidenciales que informan sobre la situación de España al principio de la posguerra. Xavi Ayén, eficiente colaborador, las descubre entre un montón de correspondencia.
Periodista de curiosidad sin límite, agudo observador y notario escrupuloso de actualidades en las que se ve inmerso voluntaria o involuntariamente, tienen sus relatos la virtud de la autenticidad. De realidades vividas que superan cualquier fantasía; transmitidas por un gran escritor de prosa límpida y ágil, de catalán acrisolado. Con ribetes de fino sentido del humor, cuando la propia tragedia busca alivio en ironías y sonrisas.
Magnífica lección son estas memorias de Sentís, para noveles historiadores de todas procedencias que siguen atraídos por la guerra civil española. Por muchos papeles que salgan de archivos secretos, para quien no la vivió es muy difícil hacerse cargo de lo que fue aquella enorme tragedia. Y comprender que, desde el principio, las armas decidieron el estallido de sangrientos enfrentamientos y el azar dispuso del bando donde iban a combatir los reclutas.
A catalanistas de la Lliga y periodistas afines a Cambó, amenazados de fatales persecuciones, no les quedaba otra sensata alternativa que el exilio. Y probar en la otra zona, a riesgo de jugársela en el frente, sin más garantías, si es que pretendían volver un día a casa. Los hermanos Sentís corrieron esa suerte.
Desde el primer día, Carlos, junto a otros amigos y correligionarios, pensaron en la reconciliación, por la vía monárquica. Aliadófilo innato, tras una tremenda guerra relámpago nazi, el curso de la guerra mundial le permitió enviarse cerca del cuartel general de De Gaulle. Y emprender una nueva y exitosa carrera de corresponsal internacional. Sus crónicas, en este y otros influyentes rotativos, ayudaron a la larga a crear un clima propicio a la normalización democrática.
Reconocido periodista de excepción que lo ha sido todo en el oficio, llegada la transición fue requerido para prestar eminentes servicios diplomáticos y políticos al nuevo Estado de las autonomías. En especial a la hora de reinstaurarse la Generalitat presidida por Tarradellas.

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