LA SECUELA DEL CASO LITVINENKO

Con el cadáver del ex agente Litvinenko aún caliente, los cruzados de la guerra fría ya han desenterrado el hacha de guerra. Piden "mano dura" contra Rusia, un país, dicen, que no ha cambiado desde Stalin. El presunto GAL de Putin sería mera consecuencia y continuación de los grupos especiales del NKVD que liquidaron a Trotsky en México, al ucraniano Stephan Bandera en Munich, y a tantos otros. Hace falta mucha ignorancia para unir aquellos tiempos con los actuales, y reducirlo todo a una misma sustancia maligna.

La simple realidad es que no sabemos qué ha ocurrido, ni quién es el culpable, ni para quién trabaja ese presunto GAL ruso.Si lo hace para Putin, es muy chapuza, porque nada podía comprometerlo más internacionalmente que los asesinatos de la periodista Anna Politkovskaya y el ex agente Litvinenko. Si lo hace contra Putin, habría que examinar la lista de adversarios que éste tiene dentro y fuera de Rusia.

En cualquier caso, para comprender el contexto de esos grises episodios hay que concentrar la atención en la Rusia de Boris Yeltsin (1991-1999). Fue entonces cuando se produjo la gran privatización de Rusia, incluida la de su estado y sus servicios secretos, situación que Putin ha heredado.

De todos los aparatos de la URSS, el KGB, cuyas siglas significaban Comité de Seguridad del Estado, llegó a los noventa como uno de los menos corruptos. Un peculiar espíritu de cuerpo y otros motivos y circunstancias hicieron que "el Comité", como se le llamaba, sobreviviera a la general degeneración de la época de Brezhnev. En los noventa, la seguridad del Estado simplemente dejó de interesar a la burocracia propietaria de aquel estado. La prioridad era enriquecerse a expensas del Estado, así que la disolvieron. El procedimiento fue alegar su carácter totalitario e ir cortando en rodajas algunas de sus funciones vitales. Entre 1991 y 1999 hubo cinco reformas y tres cambios de nombre en los servicios secretos, y cesó toda persecución de casos de corrupción.

A finales de la década, cuando, en un momento de debilidad, el régimen de Yeltsin permitió un breve acceso a la jefatura del gobierno de un hombre honrado, el académico Evgeni Primakov, éste se encontró con un cuadro sorprendente.

"Pedí a todos los responsables judiciales y de seguridad que me dieran por escrito su punto de vista sobre el estado de la delincuencia económica y la corrupción. Todos me respondieron. Cuando leí sus informes los pelos se me pusieron de punta, no sólo por la envergadura de la corrupción que mostraban, sino porque me di cuenta de que lo conocían todo, incluidos los canales por los que se realizaban todas las acciones ilegales. Al mismo tiempo, no había ninguna voluntad política para empezar una lucha contra todo aquello", explicó Primakov.

Muchos profesionales se quemaron en ese proceso. Otros se quedaron sin trabajo. Para 1995, el antiguo KGB había perdido el 50% de su personal en Moscú y fenómenos parecidos se daban en los otros cuerpos policiales. Muchos cuadros emigraron hacia los nuevos puestos de trabajo del sector privado. En Rusia llegó a haber más de ocho mil empresas privadas de seguridad,armadas con 21.000 armas de fuego. En 1995, la mitad de los jefes de agencias de seguridad privadas eran ex agentes del KGB, otro 25% procedía del Ministerio del Interior y el 25% restante, de la inteligencia militar (GRU) o del ejército.

Vitali Sidorov, ex viceministro de Interior de la URSS, era director de seguridad de la asociación de bancos rusos. Mijail Shestopalov, ex jefe del departamento de lucha contra el crimen organizado, era jefe de seguridad del banco Menatep. Vladimir Zaitsev, antiguo jefe del grupo antiterrorista Alfa, era el jefe de seguridad del banco Stolichny. Mijail Gorbunov, un ex alto dirigente del GRU, era jefe del servicio de seguridad de Inkombank. El ex vicepresidente del KGB de la URSS, Filip Bovkov, era jefe del servicio analítico del grupo Most, propiedad del magnate Vladimir Gusinski.

Todas esas agencias de seguridad eran los grupos armados privados de los privatizadores. Desde principios de la década la competencia entre grupos en el desfalco nacional exigía cierto apoyo armado. En 1992 y 1993, más de cien banqueros rusos murieron víctimas de asesinatos por encargo. En 1995, 560 personas fueron asesinadas por encargo, con sólo sesenta casos resueltos. En dos terceras partes de los casos resueltos, el asesino era el propio guardaespaldas, que casi siempre era un ex agente del Comité,o del Ministerio del Interior (MVD), o del espionaje militar. En 1997, los asesinatos de ese tipo fueron 700 y los casos resueltos sesenta. Hoy, el Estado ha retomado el control de muchas cosas en Rusia, pero sigue habiendo bastantes atentados encargados.