EL VOYEUR
La abusiva utilización del refranero por mucha gente satisfechamente ignorante y todos los tópicos que acompañan a sabiduría tan popular, me han provocado siempre alergia, pero existe un refrán al que casi siempre he dado crédito y es algo tan escasamente discutible como que «la cara es el espejo del alma».
Si un buen director de cásting tuviera la misión de escoger a un actor para que diera la imagen de un político transparentemente golfo y corrupto no tendría dudas en ofrecerle el papel a un tipo con la apariencia, los modales y la gestualidad de Carlos Menem y si su misión fuera encontrar un rostro y una actitud que encarnaran modélicamente al representante más gélido, cerebral y despiadado de un jefe del KGB duranta la sombría Guerra Fría es seguro que le ofrecería el papel a Vladimir Putin.
Lo temible es que esos dos señores no son actores profesionales interpretando una inocua ficción, sino que Menem alcanzó democráticamente la presidencia de Argentina (y luego pasó lo que tenía que pasar) y Putin fue nombrado a dedo por ese modelo de sobriedad conocido como Boris Yeltsin para dirigir los destinos de la decaída madre Rusia.
Cuentan que Stalin sentía un desprecio salvaje por la prescindible vida humana. Las ajenas, por supuesto. Y consecuentemente, transmitió idénticos principios al KGB, su criatura más mimada y eficiente. Putin, que alcanzó la ambicionada jefatura de ese organismo de metodología implacable en la que los fines justifican cualquier medio, ha demostrado posteriormente como jefe de Estado que, en caso de amenaza o chantaje checheno, se la suda cantidad que la palmen mogollón de víctimas civiles y rehenes, sean los críos de un colegio o el lúdico público de un teatro. Sabe que todas las guerras son a sangre y fuego, que ninguna es caballerosa, que todas son exterminadoras y que da igual sacrificar a los inocentes con tal de ganarlas.
Con antecedentes tan ejemplares resulta grotesca su presunción de inocencia ante la nimiedad de que le vuelen la sesera a una periodista kamikaze que andaba dando la brasa con vocación de mártir que envenenen con sofisticado polonio a un antiguo colega de cloacas que amenazaba con abrir el pico.
Y aunque fueras un bebé o poseyeras mínimas luces deducirías que todo responde a la lógica mas obvia, a la ferocidad planificada. Lo que resulta más intolerable si nos ponemos egoístas es que para cargarse a una mosca el ejecutor pueda contaminarnos a los que tenemos la necesidad o la manía de coger aviones. Después del dichoso polonio todo estará justificado por los celosos guardianes de la seguridad colectiva para imponer el nudismo entre los viajeros aéreos. No se resignan a asesinar como mandan los cánones. Se tienen que tirar el rollo acojonando a todo el personal.
© Mundinteractivos, S.A.

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