Alguien importante ha dicho hace muy poco una frase que nos obliga a repensar muchas actitudes y puntos de vista: "La tolerancia puede ser una forma de arrogancia indeseable". El personaje ha añadido algunos ejemplos: "Se puede ser tan tolerante que se acepte la ablación del clítoris o la entrega de una niña de nueve años a un señor de cuarenta años porque así lo han decidido sus padres. Estoy en contra de eso". A mi entender, esta posición es la correcta, la que está al lado de las libertades y de los débiles, la que se ubica frente a la estupidez, el fanatismo y la opresión. Pero no faltará quien, movido por razonamientos curiosos y harto sorprendentes, defienda que estamos ante una proclama típicamente neoconservadora.

Hoy en día, cualquier cosa que no responda al canon progresista-buenista es calificada de neocon por los comisarios de turno, con la misma inercia con que, en otro momento, se usaba el término facha para designar a todos aquellos que no esperaban que la fría luz de Moscú iluminara sus vidas: democristianos, liberales, conservadores, socialdemócratas, libertarios, monárquicos o republicanos reformistas eran susceptibles de ser clasificados como fachas.Muchos de los que ahora ven neocons por todos lados usan esta etiqueta de oídas, como un insulto rápido, porque queda bien para expulsar al que piensa distinto. Sirva como ejemplo la alegre e ignorante profusión con que, en la reciente campaña, ciertos analistas tildaron a Artur Mas de neocon sin base alguna. Recuerdo, por ejemplo, los tristes y baldíos esfuerzos del catedrático González Casanova intentado relacionar este término con el líder de CiU, algo impropio de un docente de su prestigio.

Les propongo un juego. Deben adivinar quién ha pronunciado las palabras citadas al comienzo de esta columna. Hay tres posibilidades: Bush, Blair o Aznar. Digan lo que digan, perderán. Porque el amo de estas frases no es otro que el ex presidente Felipe González. ¿Vamos a decir ahora que González es neocon como lo decimos de Blair, de Mas y de todos aquellos que no pronuncian el discurso hueco que tanto gusta a los que reparten carnets de progresista? Puede que González simplemente se coloque al lado de la libertad y de los débiles, "socialista a fuer de liberal", que diría Indalecio Prieto.

Jordi Pujol (al que la policía ideológica también califica de neocon porque se atreve a discrepar sobre cuestiones como la educación, la inmigración o la energía) ha reclamado la necesidad de impulsar un pensamiento alternativo al "progresismo exhausto" y alejado también de su reverso que, en Madrid, es la FAES. Felipe González está con Pujol y predica con el ejemplo.