Soñar es gratis. Si las detenciones del martes en el sur de Francia sirvieran para que PSOE y PP volvieran a cerrar la muralla a ETA y sus corifeos, los españoles les quedaríamos muy agradecidos. De momento Mariano Rajoy saluda la "buena noticia", sin caer en la tentación de mezclar la actuación policial con los intereses políticos de Rodríguez Zapatero.

El ministro del Interior presenta estas detenciones como prueba de que el Gobierno no ha ordenado ni ordenará nunca bajar la guardia ante los terroristas. Lo responsable es creer a Rubalcaba, aunque solo sea por respeto a los profesionales de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Y eso lo hace Rajoy al no seguir la estela de quienes ayer difundieron hipótesis tan peregrinas y tan irresponsables como que la policía francesa había actuado contra la opinión de las autoridades españolas.

Soñar es gratis, digo. Mariano Rajoy, y también Angel Acebes, me consta, aplauden las detenciones de estos tres elementos del aparato logístico de ETA -Garro, Mendizábal, Bernardó-, pero el cierre de la brecha entre el PSOE y el PP es por ahora una quimera. Una quimera celebrada por menos gente de lo que parece en un partido y en otro.

Qué se le va a hacer. El don de saber mirar ciertas cosas desde arriba, cuando se está arriba, sin que el brazo se rebaje a la captura de cosas pequeñas o pegadas al suelo, no adorna precisamente a Rodríguez Zapatero. Y a Rajoy, que es persona cabal, no le han dado demasiadas oportunidades, ni los suyos ni los de enfrente, para ejercer su grandeza. Los dos partidos son rehenes de una dinámica políticamente infernal. Solo se quebrará si cualquier día nos desayunamos con una nueva salvajada de ETA. O, a plazo medio, con unas elecciones generales.

Por un lado, el autismo de Zapatero respecto a los tratos del Gobierno con ETA, que favorece el síndrome del piloto borracho porque nos angustia la duda de si habrá pensado realmente la siguiente jugada. Y por otro, el discurso demagógico y electoralista del PP, que mezcla la calumnia con la crítica propia de un partido de oposición. Que Zapatero haga las cosas mal no autoriza a tachar de traidor y cómplice de asesinos al presidente del Gobierno de la Nación.

Queda la otra parte, la de los malos, ETA-Batasuna, beneficiarios únicos de la bronca permanente PSOE-PP, los dos pilares del sistema, el izquierdo y el derecho. Esa gente está crecida porque le ha visto las cartas a Zapatero. El propio Zapatero, como los malos jugadores, se las ha ido enseñando desde que un mal día anunció su disposición a aprovechar cualquier oportunidad de lograr la paz, como si eso no dependiera sola y exclusivamente de quienes hacen la guerra de forma unilateral.

Ahora, mientras flota en el ambiente el temor a que ETA esté preparando su vuelta a las andadas, cabe preguntarse también si no será precisamente ese miedo su mejor jugada para ganar a Zapatero, o sea, a todos nosotros. ETA empieza a no tener prisa. Instalado ya ese miedo en los ambientes policiales y políticos, Batasuna vuelve a su programa máximo y se permite recomendar a Zapatero que prescinda de "la Constitución y esas zarandajas" si quiere la paz.