Qué es un nuevo formato televisivo? Contestar a eso puede parecer redundante: un programa de televisión que por su planteamiento, estructura, ambición o resolución aporta algo distinto a lo ya visto y que tiene además posibilidad de convertir esta originalidad en prototipo para el futuro. Quizás con estos atributos bastaría. Pero vivimos tiempos en que la televisión quiere entenderse como pura mercancía, tiempos en que la banalización es una forma muy rentable de negocio. Tiempos en que cualquier televisión privada puede presumir de un nuevo formato en su escalada hacia la abyección. O donde cadenas, privadas o públicas, se autocalifican con esta novedad,una suposición que no se ve contrastada por la realidad. Así, los nuevos formatos pueden acabar siendo un catálogo formal aparentemente distinto, pero de hecho continuista.
Por eso es interesante comprobar cómo allí donde la cuestión de la televisión interesa y preocupa se plantean la reformulación de este concepto, la necesidad de darle una vuelta de tuerca. Tal como están las cosas, sólo deberían merecer este calificativo aquellos programas que se plantean un reto trascendente a la hora de contar. Es decir, que responden a una necesidad, casi a una demanda social, que investigan su relación directa con el espectador y buscan una forma irónica y transgresora de plantear las cuestiones esenciales. Por ejemplo, hace unas semanas las cadenas de televisión españolas coincidían en informar sobre los sin techo,una repetición motivada, quizás, porque alguien había dictaminado que existía un día en el calendario en que este sector de salvajes contemporáneos (según el antropólogo Bartra) debía merecer atención. No encontré en ninguna cadena ni una sola manera distinta de acercarnos al fenómeno, una forma que rompiera esquemas mentales y nos obligara a observar cara a cara a estos prójimos que no disfrutan de la condición de tales, a los que nunca se les devuelve la mirada. Me parece evidente que lo único interesante de un programa que abordara esta cuestión no recaería en cómo se cuenta la desgracia del que se ha abandonado en la calle, sino que debería contener el porqué el resto de los ciudadanos nos conformamos con nuestra indiferencia. Esto hizo en los años sesenta Ken Loach con su memorable Cathy come home, la obra que marcó el nacimiento del docudrama, una forma de ficción mezclada con elementos reales. Loach mostraba con un tono entomológico la crónica dramática de una familia que iba siendo desahuciada de diferentes casas hasta acabar malviviendo en la calle, en una escalada de intensidad puntuada por datos estadísticos. Esta mezcla de géneros impactó, aunque ahora quizás la misma estructura no lograría confrontarnos con nosotros mismos. Pero esa necesidad de hallar nuevas maneras de contar el mundo es el reto mayor del medio televisivo.Creo que estas son cuestiones que las televisiones públicas deben abordar como elementos prioritarios. Un proceso tan doloroso como el de Televisión Española, que prejubilará a personas que aún tiene mucho que hacer y decir, tiene que ir acompañado de la convicción de que con la nueva estructura el arte de la televisión seguirá avanzando, que no sucumbirá a la facilidad y la rentabilidad. Se trata de imponerse retos que parezcan irresolubles e ir encontrando soluciones arriesgadas con ironía, mordacidad, saltando en el vacío, a riesgo de equivocarse, compartiendo el placer de las victorias.

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