A ustedes probablemente esto les parezca sorprendente y les costará creerlo, pero les contaré algo muy interesante: Lenin tenía un amigo, muy amigo, que respondía al nombre de Mr. Max Eastman quien, pese a su admiración hacia el líder revolucionario, no dudaba en afirmar que “en vez de ser mejor, el estalinismo es peor que el fascismo, más cruel, bárbaro, injusto, inmoral y antidemocrático, incapaz de redención por una esperanza o un escrúpulo”, Y añadía Eastman que “el estalinismo es socialismo, en el sentido de ser el acompañamiento político inevitable, aunque imprevisto, de la nacionalización y la colectivización que ha adoptado como parte de su plan para erigir una sociedad sin clases”. Eastman no era el único defraudado por la falsedad de la utopía socialista. W. H. Chamberlin, que fue un firme defensor de la idea de un socialismo democrático, después de pasar unos cuantos años en Rusia como corresponsal, manifestaba su más profundo pesimismo al señalar que “el socialismo ha demostrado ser, ciertamente, por lo menos en sus comienzos, el camino no de la libertad, sino de la dictadura y las contradictaduras, de la guerra civil de la más feroz especie. El socialismo logrado y mantenido por medios democráticos parece pertenecer, definitivamente, al mundo de la utopías”.

Lo que les cuento tiene mucho que ver con lo que está pasando y con el empecinamiento del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por mantener abierta la puerta de la negociación política con ETA a pesar de que ETA está ofreciendo muestras más que suficientes de su nula voluntad de avanzar en ninguna clase de proceso mientras sus exigencias no se vean cumplidas satisfactoriamente para ellos, claro. Les contaré otra cosa con absoluta confidencialidad, si prometen guardarme el secreto y después les diré a donde quiero llegar, aunque supongo que la mayoría de ustedes ya se lo imaginan. Me consta que en Moncloa tienen la convicción de que ETA va a volver a matar. Al menos, según yo se, Zapatero se lo ha dicho así a terceras personas, incluido algún destacado periodista de cámara: “Si ETA rompe el alto el fuego, será para volver a matar”, ha sido la frase, más o menos textual, del presidente.

Y, aún así, el sigue empeñado, emperrado diría yo, en continuar con lo que llama el proceso, y el PSOE se ha abandonado en sus manos entregando su futuro político a lo que pueda pasar en las próximas semanas con la banda terrorista. Es muy triste decirlo así, pero lo cierto es que la salida del video contra el PP no es más que la manifestación de la rabieta, de la terrible contradicción que vive un partido entregado en cuerpo y alma políticos a favorecer la supervivencia de una pandilla de canallas a cambio de nada. Si hubo un Gobierno que luchó a brazo partido contra el terrorismo, ese fue el de Aznar, le guste o no a Zapatero. Y si hubo una traición a las víctimas y a la propia Democracia fue la de Zapatero negociando con ETA y situando los inicios de este proceso en el tiempo en el que firmaba el Acuerdo Antiterrorista con el PP y los asesinos se ensañaban con sus propios compañeros de partido.

A lo largo de su trayectoria política reciente, la izquierda ha vivido obsesionada por ETA. No sé si es la ausencia de un referente como el de la extinta URSS y el socialismo real, pero da la sensación de que la izquierda aburguesada siente, en el fondo, una envidia malsana por los movimientos revolucionarios y por quienes hacen del objetivo comunista de la dictadura del proletariado una causa. Una causa que, sin embargo, ha provocado demasiadas muertes. ETA ha sido siempre un referente incómodo para la izquierda, a la que en el fondo recordaba que no estaba siendo consecuente con sus principios, principios a los que nunca ha renunciado, aunque en su momento el PSOE abandonara el marxismo. Por eso en su momento el PSOE hizo lo posible para que ETA desapareciera, incluso transgredir el Estado de Derecho y saltarse la línea que separa la legalidad de la delincuencia de la mano de los GAL. A los socialistas de entonces les remordía la conciencia marxista, y tomaron ese camino como recurso lo cual, por otra parte, formaba parte de su herencia reciente.

Zapatero, sin embargo, no se acompleja de su militancia marxista. En el fondo es la evidencia de la Gran Mentira de nuestro tiempo: “No puede dudarse que la promesa de una mayor libertad se ha convertido en una de las armas más eficaces de la propaganda socialista, y que la creencia en que el socialismo traería la libertad es auténtica y sincera. Pero esto no haría más que agrandar la tragedia si se probase que lo que se nos prometió como el Camino de la Libertad sería, de hecho, la Vía de la Esclavitud”, escrbió Friedrich Hayek. Toda la acción política de Zapatero se dirige al mismo fin anti-liberal, y si para ello debe volver a vulnerar la legalidad, como hicieran los socialistas de González, no va a dudar en hacerlo. El único escollo a la Mesa de Partidos ilegal que propone Batasuna-ETA y que acepta Zapatero es de tiempos y de oportunidad política, pero tanto para ETA como para Zapatero mantener sus posiciones es trascendental, y eso es lo que puede hacer que la ruptura sea inevitable.

¿Por qué Zapatero sigue, inasequible al desaliento, apostando por el proceso? Todo lo que se nos había dicho es una inmensa mentira. La resolución aprobada por el Congreso exigía la firme disposición de ETA a abandonar la violencia para iniciar el proceso, y no hace falta decir que nunca ha habido esa disposición en la pandilla de canallas. Zapatero afirmaba que “primero la paz, y luego la negociación”, y ha sido justo lo contrario. El PSOE que ha sacado el video-trampa contra el PP ha practicado el engaño masivo y oculta la verdad porque sabe que la verdad es contradictoria con el Estado de Derecho. Pero Zapatero sigue porque cree en ETA, porque le unen los mismos objetivos a la pandilla de canallas, aunque no comparta los métodos. Necesita a ETA porque ETA es la justificación de sus planes: concederles lo que piden a cambio de que dejen de matar. Y lo que piden no es más que la construcción de un Estado Socialista, la Vía de la Esclavitud, el fin de la Libertad. Eastman y Chamberlin tenían toda la razón.