A los cinco meses de las elecciones generales, Chequia sigue sin un gobierno legitimado por una mayoría parlamentaria ya que tanto la coalición centrista como la de izquierdas cuentan con 100 diputados cada una pese a que la primera obtuvo 200.000 votos más. Y todo apunta a que la situación seguirá así todo lo que permite la Constitución. Las causas son muchas, pero fundamentalmente se debe a la nueva ley electoral que impusieron conservadores y socialdemócratas durante la anterior legislatura en su empeño de dotar a Chequia de un sistema bipartidista. También ha influido la personalidad infinitamente ambiciosa del líder socialdemócrata, Jiri Paroubek.
PAROUBEK, UN LÓPEZ OBRADOR A LA CHECA... En los últimos tres lustros la política checa ha estado dominada por la fuerte personalidad de los dirigentes de los dos grandes partidos (ODS, Partido Democrático Burgués) y CSSD (Partido Socialdemócrata). La situación se acentuó enormemente cuando en abril del pasado año llegó Jiri Paroubek a la jefatura del CSSD. Alguien tan desmedidamente ambicioso como escasamente adicto a las reglas del juego parlamentario; más de un enemigo le ha tildado de "aparatchik comunista perdido en un partido democrático". La definición puede no estar muy errada si se recuerda que la primera reacción de Paroubek a la derrota electoral fue no reconocer el escrutinio y clamar que contra él lucharon todos - partidos, empresas periodísticas y periodistas individualmente-. De todas formas, y a diferencia del mexicano López Obrador, Paroubek rectificó a las 24 horas, reconoció su derrota y recomendó al partido encabezar la oposición parlamentaria. Para dimitir del cargo de jefe de Gobierno ha necesitado 11 semanas más...
Paroubek no sólo encabezó la oposición, sino que practicó a fondo la obstrucción. Se negó a una gran coalición encabezada por el partido ganador, maniobró cuanto pudo para impedir que algunos diputados de su partido o del comunista, aliado del CSSD, permitieran que el líder conservador, Mirek Topolanek, fuese elegido primer ministro. Su gran esperanza era que entre los diputados democristianos - aliados suyos en el anterior Gabinete y ahora socios del ODS- algunos vieran sus escaños en peligro de celebrarse nuevas elecciones y traicionasen la disciplina de partido en aras del interés particular. A Paroubek le bastaría con un desertor para conservar el puesto de jefe de Gobierno.
EL PESO DE LA OPINIÓN PÚBLICA. Quizá los fracasos del maquiavelismo de pasillos no habrían ablandado a Paroubek, pero las encuestas sí lo hicieron. Éstas han revelado que el CSSD ha perdido mucho respaldo desde las elecciones de junio y que del forcejeo por el poder es Paroubek quien sale peor parado ante la opinión pública. Consecuentemente, ha optado por la segunda mejor opción: seguir siendo figura clave en el Parlamento de Praga, señalándole a Topolanek que está dispuesto a negociar la tolerancia de un Gobierno conservador minoritario. Eso significaría que el ODS renunciaría a promesas electorales importantes y, aún más importante, la duración del Gabinete Topolanek quedaría a merced del CSSD.
La maniobra es tan transparente que el ODS ha puesto condiciones muy duras a Topolanek para llevar adelante las negociaciones, dado el riesgo a la larga de que algún diputado democristiano o verde (tercer partido de la coalición de Topolanek) acabe sucumbiendo a los cantos de sirena del CSSD.

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