James es un joven inglés que viaja a Barcelona para celebrar la despedida de soltero de su colega del alma. Él y todos sus amigos han tomado el avión en el aeropuerto de Luton y se plantan en la capital catalana por un módico precio. No han reservado hotel, sólo el restaurante donde cenarán y donde tendrá lugar un previsible espectáculo de striptease en medio de muchas jarras de sangría. Luego, empezará una ruta por diversos bares y discotecas hasta el mediodía, cuando, muertos de sueño, los jóvenes subirán a otro avión para volver a casa. James ha estado dos veces antes en Barcelona, siempre movido por su afición futbolística.
Maria es una jubilada noruega que aterriza en Alicante para pasar tres meses de tratamiento en una residencia que la sanidad municipal de su país mantiene en Altea, a cargo de médicos y enfermeras también noruegos. Busca el sol y el clima templado que han de aliviar sus dolencias. No sale de la residencia, pues allí lo tiene todo a mano y, además, permanece conectada a lo que ocurre cerca de su casa mediante el televisor. Estuvo, hace muchos años, en la costa alicantina, cuando sus hijas eran pequeñas y todavía no se había separado de su esposo. En aquella época descubrió la paella y el placer de la siesta veraniega. Todo era muy barato y la gente era simpatiquísima. No faltaban paisanos que se le insinuaban como nunca antes había visto.
Pedro es un joven boliviano que ha conseguido volar a España antes de que se le exija el visado, extremo que ha propuesto la Comisión Europea y que cuenta con el apoyo del ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera. Los vuelos desde Bolivia van a tope, la gente tiene prisa por llegar aquí como turista y, luego, ya se verá. Está seguro de encontrar trabajo pero no tiene muy claro si quedarse en Madrid o venir a Barcelona. También le han dicho que, si encamina sus pasos hacia la costa valenciana o andaluza, en la construcción siempre faltan manos. Con un nivel de estudios medio, Pedro trata de conseguir un empleo que le deje algo de tiempo para aumentar su formación.
James, Maria y Pedro coinciden en un viaje hacia nosotros. Buscan el mismo sol pero los tres quieren cosas distintas. Son búsquedas que fragmentan la existencia: una noche de fiesta lejos de casa, unos meses de reposo en otro clima, un par de años trabajando en una sociedad extraña. Y, en esta búsqueda, deben soltar lastre. Richard Sennett ha explicado que, hoy, el individuo debe afrontar un desafío nuevo: "Cómo desprenderse del pasado". Es una forma de renuncia radical. Puede darse sólo para 24 horas o para comenzar una nueva vida. La globalización fulmina completamente el sentido de la palabra exilio.

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