¿Podremos llegar en el año 2010 al apagón analógico? ¿Alcanzaremos en esa fecha una digitalización total de los casi 15 millones de hogares españoles y de los más de 28 millones de aparatos de TV? Siendo realistas, el reto resulta muy difícil de conseguir, y exige que todos los actores del proceso se impliquen de manera decidida en lograr este objetivo extremadamente ambicioso.

La oferta de contenidos es la clave de la digitalización. Si los usuarios no perciben un atractivo relevante en los canales disponibles, retrasarán lo más posible su migración hacia la TDT. Como ya hemos comprobado en la TV de pago, no es sólo una cuestión de cantidad, de número de canales, sino de la calidad y el atractivo de sus contenidos. Para las cadenas privadas tradicionales, la diversificación de su oferta supone nuevas inversiones y una pérdida de audiencia de sus canales principales, de los que obtienen por la publicidad los ingresos fundamentales. Su apuesta por la TDT estará necesariamente condicionada por un blindaje previo del núcleo actual de su negocio.

Para las nuevas cadenas, los gastos en contenidos atractivos dependerán del número de espectadores potenciales que puedan acceder a la oferta. Sus ingresos, derivados también de la publicidad, estarán en consonancia con la audiencia que alcancen sus programas. Las cadenas públicas, como ya ha sucedido en otros países europeos, tendrán que soportar el mayor esfuerzo en esta etapa de lanzamiento y consolidación de la TDT. Su oferta, en cantidad y calidad, debe ser un motor esencial para lograr la satisfacción de los usuarios.

Otros factores básicos de la digitalización son la calidad de la señal, la cobertura total del territorio y las capacidades interactivas de la TDT. Resulta crítico que el usuario compruebe que esta nueva tecnología mejora la señal que recibe en la actualidad, y que, una vez tomada la decisión de incorporarse a la TDT, logra el acceso de manera sencilla y rápida. Cualquier fallo técnico que afecte a la cobertura puede generar la hostilidad de los usuarios frustrados, y neutralizar los grandes esfuerzos de promoción que se están realizando.

Es evidente que deberán arbitrarse soluciones que combinen el satélite con las redes actuales, con el fin de garantizar a corto plazo una cobertura total del territorio y la eliminación de las zonas de sombra. En cuanto a la interactividad, elemento fundamental del proceso emprendido, es imprescindible favorecer con urgencia el acceso de los ciudadanos a terminales dotadas de estas capacidades. Debemos recordar que el fin último del apagón analógico es reducir la brecha digital (las diferencias entre los llamados tecno-ricos y los tecno-pobres), facilitando a todos los ciudadanos el uso, a través del televisor, de las posibilidades que nos ofrece la sociedad de la información. Si no existen hogares dotados de estas capacidades tecnológicas en sus terminales, la industria no impulsará servicios eficaces y atractivos, y se frustrará, en su etapa de lanzamiento, uno de los objetivos sociales esenciales de la TDT.

Las administraciones tendrán que asumir un papel de liderazgo, más comprometido, para acelerar en los próximos meses el proceso de digitalización. El reto es tan insólito que exige altas dosis de realismo, de imaginación y, probablemente, de más fondos públicos que permitan alcanzar este nuevo récord Guinness de velocidad.

Eduardo García Matilla es presidente de Corporación Multimedia.

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