Juan Eduardo Cirlot fue siempre un raro en el panorama literario español, un vanguardista cercano al surrealismo, ligado al grupo Dau al Set de Joan Brossa y autor de una poesía personalísima. Y es un raro tan raro que, además, vende; de su Diccionario de símbolos, Siruela ha hecho 10 ediciones. Esta editorial, que también ha publicado sus poemarios Bronwyn y En la llama, acaba de recuperar ahora su Diccionario de ismos, que no había vuelto a aparecer desde 1956.

Mezcla de creación y erudición, de manual y ensayo, el Diccionario de ismos es un libro plenamente cirlotiano. Según el prologuista de esta edición, Angel González García, el volumen tiene tres bloques: los movimientos artísticos y literarios, dentro del que destacan las corrientes musicales; las ideas y doctrinas, y el dedicado a unos temas muy de Cirlot, el ocultismo, el hermetismo, el simbolismo.

El primer bloque contiene, más o menos solapada, una pequeña historia del arte universal. El segundo un tratado de estética que, como tal, Cirlot nunca llegó a escribir. El tercero anuncia lo que sería el Diccionario de símbolos. Los ismos políticos son los menos presentes. Victoria Cirlot, hija del escritor, explicó que se entra en el libro como en un laberinto, pero acaba percibiéndose una forma, por la propia enumeración de las entradas y el contraste entre ellas.

Otra hija, Lourdes, llamó la atención sobre un elemento oculto en el libro, los vestigios de la propia biografía de Cirlot. «No sólo hay pensamiento en él; también hay cotidianeidad. Para él, todo surgía de su yo interior, de sus vivencias, y eso impregna todas sus obras». Quizá por eso, si comprimimos el libro aparece, como dijo Angel González García, un nuevo ismo: cirlotismo.

La afición de Cirlot a los diccionarios puede verse desde dos puntos de vista, señalados por su hija Victoria. De una parte, hacer un diccionario era su forma de estudiar un tema, la que mejor le funcionaba. De otra, tenía que ver con su gusto por el coleccionismo. Empezó a coleccionar esas espadas con las que aparece en algunas fotos muy divulgadas a la vez que a escribir diccionarios.

Además del prólogo (bastante largo, según el propio Angel González), la presente edición incluye una carta de Guillermo de Torre, el estudioso de las vanguardias, a Cirlot, las elogiosas reseñas que en su día hicieron del libro el crítico Sebastián Gasch y el pintor Antonio Saura, nuevas voces procedentes de su Enciclopedia de las artes y un conjunto de ilustraciones que componen, al decir de Angel González, «un discurso sobre el rostro humano».

La actualidad de este escritor que se formó en la biblioteca de Alfonso Buñuel (hermano del director de cine) es perceptible en los numerosos blogs dedicados a su obra, todos elogiosos, que se encuentran en internet. Además de los elevados precios, recuerda el prologuista de esta edición, que alcanzan las primeras ediciones de sus libros en el mercado de viejo.

© Mundinteractivos, S.A.