Nos roban y encima nos llaman guarros, de David Torres en El Mundo de Madrid
AQUI NO HAY PLAYA
Escribían ayer los madrileños en este mismo periódico preocupados por la falta de conciencia de los basureros con esa vieja historia del reciclaje. Es increíble hasta qué punto los grandes poderes han conseguido filtrarse en la conciencia de los ciudadanos: hasta meternos de contrabando no sólo al policía sino también al basurero. Ahora somos nosotros quienes nos vigilamos a nosotros mismos. Y encima, gratis. Y todo porque no nos llamen guarros ni antiguos. Primero fue el Estado totalitario y ahora la moda es el Ayuntamiento totalitario, que te pega pasquines en la comunidad de vecinos, advirtiendo (en el mejor estilo mafioso) que si no se cumple estrictamente la normativa en cuanto a la historia de separar y reciclar nuestros desperdicios, ya podemos ir preparando la cartera.
Para empezar, la basura es nuestra y a mucha honra. Y vale una pasta. Si el que mancha, paga, según un impecable razonamiento lógico y ecológico, el que limpia, debería cobrar. ¿O es que los basureros trabajan gratis? Todo el trabajo que nos damos en dividir minuciosamente los desperdicios en papel o vidrio y en depositarlo en contenedores específicos, va a parar directamente a las arcas del Ayuntamiento a través de unas cuantas empresas. Son los nuevos alquimistas que transforman la mierda en oro, y los camiones de la basura que cruzan de madrugada como leones rugientes -no dejando dormir ni a Dios, dicho sea de paso- llevan en sus alambiques toneladas de euros. Tantos siglos buscando la piedra filosofal y resulta que estaba al otro extremo de la cadena. Por ejemplo, el cristal: ¿se acuerdan cuando iba uno al tendero y devolvía los cascos? Creo que daban una peseta por casco o algo así. Actualicen el cambio y la moneda, pongan los cascos en fila, hagan la suma y verán. Antes una botella siempre se volvía a usar: ahora los vidrios se machacan y se funden, un proceso mucho más caro que revierte en los bolsillos de algunos. No sé quiénes, pero me lo sospecho. Hace años, algunas empresas rogaron que les permitieran recoger las botellas intactas de los contenedores para limpiarlas y volverlas a poner en circulación, pero les dijeron que nanay.
Antes los hampones se dedicaban a la prostitución, las tragaperras o las drogas, pero todos eran negocios muy sucios. La basura, en cambio, es una industria resplandeciente: todo el trabajo lo hacemos un montón de gilipollas en pijama que curramos sin sueldo y sin horario fijo, bajamos de noche a la calle y soltamos nuestro tributo en bonitos contenedores de plástico. No por nada Tony Soprano, el capo de la nueva mafia, proclama a los cuatro vientos que su trabajo es el reciclaje de basura. Cualquier día, este Ayuntamiento orwelliano que hoza y hoza en los vertederos como un cerdo trufero, nos exigirá que los retretes lleven colador incorporado para que tamizemos la mierda a fondo, no vaya a ser que nos hayamos tragado un anillo.
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