LA vicepresidenta primera del Gobierno ha dicho que la Policía española se encuentra en estado de máxima alerta tras el robo de 350 pistolas por ETA. La afirmación de Fernández de la Vega se produce el mismo día en que la Audiencia Nacional juzga al pistolero 'Txapote', acusado de asesinar al concejal donostiarra Gregorio Ordóñez. 'Txapote' estaba cumpliendo condena de cárcel en Francia, pero ha sido trasladado a España, durante un año, para ser juzgado por delitos de sangre, ya que asesinó a varias personas, entre ellas a Miguel Ángel Blanco, a Gregorio Ordóñez y a Fernando Múgica. Todo un asesino en serie.

La vicepresidenta dice que la Policía está en estado de máxima alerta sin advertir que ese mensaje se contradice con las declaraciones de Rubalcaba, la pasada semana, cuando afirmaba que no temía por la salud del proceso de paz, aunque reconocía que le «costaba arrancar». Es un contrasentido poner a la Policía en alerta roja y seguir con la política de diálogo. Si se teme por la posibilidad de un atentado inminente -no cabe otra razón para decretar la máxima alerta-, lo primero que había que hacer era congelar la vía del diálogo y cerciorarse de las intenciones de ETA. Puede que la banda terrorista considere obsoleta su oferta de tregua permanente y haya ya elegido un blanco. Claro que a lo mejor nada de esto es así y Fernández de la Vega habla de máxima alerta para dar la sensación que el Gobierno no baja los brazos, ahora que el PP empata en las encuestas y las víctimas del terrorismo han vuelto a ocupar la calle.

Más confusión. La Conferencia Episcopal afirma que los nacionalistas pueden aspirar a la independencia en caso de no recurrir a la violencia. Vamos a ver, señores obispos, los nacionalistas pueden aspirar a la independencia, faltaría más, pero esto, dicho así, queda cojo. Terminen ustedes el impecable razonamiento democrático: pueden aspirar a la independencia reformando la Constitución, para lo que hace falta mayoría cualificada en el Congreso y el Senado, y la aprobación del nuevo texto por referéndum del pueblo español. Cualquier otro supuesto sería abonarse a la interpretación de la mesa de partidos, que propone cambios sin violencia pero obviando las leyes aprobadas por la democracia.