Hace poco, maternidad obliga, me encontré en un cine viendo una película infantil titulada El corral, una fiesta muy bestia.Contra todo pronóstico, me resultó interesantísima, aunque sospecho que no por los motivos previstos por su director.
Déjenme que les cuente el argumento. Protagonizan el engendro dos vacas, Ben y Otis, que son padre e hijo. ¿No notan nada raro?... Sigamos. Cada mañana, cuando se marcha el granjero, Ben toma el mando: reúne a todos los animales, distribuye las tareas y les recuerda que sus enemigos, los coyotes, están cerca. Cuando éstos aparecen - atacan el gallinero-, hablan todos con voz masculina. Curioso... Los demás protagonistas: el hurón Freddy, el cerdo Guarri, el ratón Pipo... son también machos. ¿Es que no hay hembras? Aparte de las gallinas (viejas matriarcas o aterrorizadas jovencitas a punto de ser violadas/ devoradas por los coyotes), hay una sola chica: Daisy, "la vaca sensible y cariñosa" (cito del sitio web de la película) "que aporta a Otis la confianza e inspiración necesarias para convertirse en líder de la granja", y que le dará un hijo... No me digan que no es precioso, especialmente de cara a los niños. Los cuales van a deducir: primero, que los protagonistas de cualquier historia son, por definición, masculinos. Segundo, que el único papel de las hembras/ mujeres es ser atacadas, protegidas, amadas o lo que sea por los protagonistas masculinos. Tercero, que la fuerza, en sus distintas versiones: la autoridad de Ben, el heroísmo de Otis (que salva a las gallinas), la crueldad de los coyotes... es cosa de hombres. En realidad, hasta aquí, nada nuevo bajo el sol.
Pero lo realmente maravilloso de El corral...es que presenta este compendio de pura ideología como algo inscrito en la naturaleza. No es sólo que en la película, los coyotes que atacan el gallinero sean todos machos (¿acaso no hay coyotes hembra, o es que ellas no comen gallinas?), sino sobre todo, que la granja en cuestión es una granja de vacas, y vacas son, con sus correspondientes ubres, Otis y Ben, "padre e hijo" con voces y actitudes masculinas... Es un ejemplo precioso, de verdad, de cómo la ideología, para imponer sus dogmas: el poder es masculino, el protagonismo es masculino... empieza negando la evidencia de la naturaleza y a renglón seguido se disfraza de naturaleza.
Razonamientos circulares de este tipo ha habido muchos en la historia. Desde la famosa frase publicada en Revista de Occidente en 1929: "Cuando las pintoras pintan bien, ya no son pintoras, sino pintores" hasta el retrato que hace en 1880 José Zorrilla de la poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda, en la que tras minuciosa observación ( "Su voz era dulce, suave y femenil; sus movimientos lánguidos y mesurados...") concluye: "Era una mujer, pero lo era sin duda por un error de la naturaleza". Traduzco: la naturaleza demuestra lo que yo digo que demuestra, y si demuestra otra cosa (que existen mujeres poetas, que hay buenas pintoras, que las vacas son hembras...), la que se equivoca es la naturaleza.
Claro que a lo mejor yo estoy completamente equivocada, y en realidad, esta enternecedora historia de una vaca, tan salada ella, que es hijo (no hija) de otra vaca que aun siendo vaca no es madre, sino padre de la anterior, y que se enamora de una tercera vaca, sensible y cariñosa, con la que tiene un hijo... quizá, digo, El corral, una fiesta muy bestia es en realidad, subliminalmente, un manifiesto lesbiano... Hay que ver qué sutil puede ser el lobby gay de Hollywood, algunas veces.

Escribe un comentario