Si las empresas españolas tienen músculo financiero e intenciones de expandirse internacionalmente, en Reino Unido sobran ganas de vender activos a precios razonables, sean éstos regulados, estratégicos o todo lo contrario.
Y anuncios como el de ayer, por el que la eléctrica española Iberdrola adquirirá la británica Scottish Power, siguen afianzando la leyenda y el tópico de la Armada Invencible saldando cuentas con el pasado y los elementos.
En los dos años que van desde el tercer trimestre de 2004 hasta el mismo periodo de 2006, centenares de compañías extranjeras han adquirido rivales británicas por valor de 123.000 millones de libras.
Y en esa actividad transfronteriza de fusiones y adquisiciones, las empresas españolas han jugado un papel crucial. Sin contar la operación anunciada ayer, las compras de compañías nacionales en Reino Unido han supuesto el 33% del total en ese periodo. Es decir, una de cada tres libras esterlinas invertidas.
La primera operación de envergadura fue la adquisición de Abbey National, el quinto banco del país, por parte del banco Santander, en una operación valorada en 9.000 millones de libras. Era octubre de 2004. Apenas tres meses después, se cerraba la compra de TBI, la gestora del aeropuerto de Luton, por parte de Abertis, por 551 millones de libras. Y en noviembre de 2005, Telefónica acordaba la compra de O2 por 17.700 millones de libras, en lo que fue la principal adquisición europea desde el año 2000.
Y el mito de la Armada Invencible, que estaba ya en estado avanzado de formación, cuajó definitivamente cuando el grupo de infraestructuras Ferrovial, el pasado mes de febrero, desveló sus intenciones de hacerse con BAA, el principal operador privado de aeropuertos del mundo. No obstante, ésta no fue la primera aventura de Ferrovial en Reino Unido, ya que en 2003 había adquirido la empresa de servicios Amey, que gestiona parte del metro de Londres, por 81 millones de libras.
Y en verano, la constructora FCC aportó su granito de arena con la compra de WRG, una compañía de gestión de residuos, por 1.400 millones de libras; al igual que Aguas de Barcelona, que adquirió Bristol Waters por 250 millones.
¿Pero por qué Reino Unido? Los líderes empresariales del país se enorgullecen del carácter abierto de su economía: aquí todo el mundo está invitado a gestionar los activos británicos, si considera que puede hacerlo mejor y paga un precio justo por ellos.
Pero a este factor de apertura, los economistas y analistas suman algunos otros: una economía fuerte que lleva más de cincuenta trimestres seguidos creciendo, unas reglas de juego claras y estables, unos sectores estratégicos y regulados totalmente privatizados y un gobierno que no se suele inmiscuir en los asuntos que competen a los accionistas.
A ello habría que añadir, el éxito de las primeras operaciones, como la de Amey de Ferrovial o la de Abbey de Santander, que ha podido servir de guía para otras compañías a la hora de elegir Reino Unido como uno de los pilares de su crecimiento internacional.

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