EN cualquier juicio rodeado de expectación social y debate político, los abogados defensores basan su estrategia en dos pilares: la presentación de datos concretos que avalen la inocencia del cliente y la exposición crítica de las circunstancias extraprocesales que rodean el juicio.

Esta última carta la han jugado a fondo las defensas en el 'caso Pipol', al decir que para algunos constituía el primer capítulo del juicio sobre el 11-M y al advertir que el 'caso pipol', un asunto que data del año 2001, había estado dormido hasta que se descubrió la trama asturiana del 11-M.

Sobre la influencia de las razones extraprocesales en un juicio hay un ejemplo perfecto en la literatura, cuando a Mersault, 'El extranjero' de Camus, le juzgan por haber matado a un árabe, y en la vista oral salen a relucir una serie de testimonios que inducen a la condena aunque son tan ajenos al delito como haber fumado con gran frialdad mientras velaba el cadáver de su madre.

Ahora bien, Mersault, fuese por calor, por crisis existencialista, o por sentimiento de náusea «sartriana», había asesinado de cuatro disparos a un árabe, y por eso acaba condenado a muerte. Es posible que el caso Pipol durmiese, pero no fue mala razón para despertarlo el conocimiento de la trama asturiana, el hecho de que estuviesen involucrados en el 'caso pipol' algunos de los encausados sobre los que pesa una petición de pena de cárcel más abultada por la matanza del 11-M. Es evidente que la importancia del famoso garaje de Avilés cobra una nueva perspectiva desde el momento en que se sabe que los explosivos con los que se cometieron los atentados de Madrid provenían de mina Conchita.

Desde el primer día de la vista oral del 'caso Pipol', cuando aparecieron acreditados docenas de periodistas en la sala, estaba claro que el juicio iba a tener una dimensión mediática imposible de obviar.

Claro está que una cosa es partir de ese dato y otra muy distinta es aceptar que puedan quedar trastocadas las reglas del juicio. Cada cual puede partir de los apriorismos que quiera, lo único que cuenta es la coherencia de la sentencia en función de los testimonios y las pruebas aportadas. Lo dijo el presidente de la sala: la presión que rodea el proceso no influirá en la sentencia.