Ya les he hablado en alguna otra ocasión de los catálogos de juguetes que empiezan a aparecer en esta época en nuestros buzones como parte de la publicidad de las grandes superficies comerciales. Es curioso como año tras año, se repiten los mismos estereotipos y nos venden coches teledirigidos para los niños y muñecos bebés que ahora saben decir mamá para las niñas. Es curioso que año tras año, sigamos comprando al dictado de esta publicidad que por otra parte no hace sino que recoger y amplificar lo que las pautas culturales nos señalan como el normal discurrir de las cosas. Pero una esperaría que bajo ciertos compromisos solidarios se encontrase un deseo de cambiar no solo las apariencias de injusticia, sino la injusticia misma. Me explico. Veía hace unos días dos anuncios de una campaña protagonizada, no dudo que de forma altruista, por algunas personas famosas. Se trata de comprar el que llaman bolígrafo solidario y con el producto de la recaudación regalar juguetes a las criaturas que, en fechas tan entrañables, no pueden recibirlos de sus padres. Voy a pasar por alto que esto no sería necesario si previamente nos les hubiésemos mentido acerca de que su buen comportamiento sería recompensado por un señor vestido con los colores de la cocacola (espero que hayan visto el video que circula por Internet sobre la pelota y la bicicleta).
La cuestión es que al niño pobre, según el anuncio, le regalaremos un camión. Podemos imaginarle soñando mientras lo rueda por la calle con salir algún día de su miseria con un buen oficio y al mismo tiempo descubriendo el mundo.
A la niña, que además es india, le entregan una muñeca. Podrá sentarse en un rincón de su casa a jugar a ser mamá, incluso podrá tenerla a su lado mientras le habla como su mamá hace con los hermanos pequeños para no desperdiciar el tiempo. Soñará con casarse y tener bebés de carne y hueso a los que tratará con la ternura que ha ensayado durante la infancia. O no. Porque para muchas niñas indias, el vestido de casamiento es una mortaja; porque para muchas niñas, no solo en la India, ni siquiera la infancia es infancia y no vamos a mejorar su situación convirtiéndolas en mujeres atadas a una vida doméstica sin libertad ni esperanza.
Yo creía que la solidaridad era otra cosa.
Rosario Hevia. Magistrada.

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