Maragall se va. Lleva tantas semanas yéndose, que ya ni le situábamos en el Palau de la Generalitat. Y llega Montilla. Estos días todo el mundo rebusca en la personalidad del nuevo president. Su prudencia es motivo tanto de elogio como de desprecio. Se indaga sobre su timidez hasta el punto de que Manuela de Madre nos confesaba el domingo en TV3 que le ha visto sonrojarse y que, cuando se emociona, le delata un brillo en los ojos: ¡Es humano, pardiez! Se barrunta sobre si su talante reservado, como él mismo lo define, es sobriedad o simple falta de empuje. Si su escasa tendencia a la hipérbole y el efectismo es síntoma de una inteligencia agudísima o de nula imaginación... Y sobre todos esos ingredientes de la personalidad del nuevo president, seguramente menos enigmática y más corriente de lo que se comenta, se construyen teorías que vaticinan cómo será Catalunya bajo su mando, según las cuales el país se impregnará, camaleónico, de las maneras de su líder.
Montilla debe ser consciente de todo ello, puesto que, en un gesto inédito, esbozó un perfil de sí mismo durante el debate de investidura. Si se adentró a justificar sus defectos será porque es consciente de que su imagen suscita escaso entusiasmo y busca confesarse para rentabilizar esas carencias. Así, sabedor de que los silencios generan misterio, Montilla ha decidido convertirse en maestro del mutismo, cultivando con esmero el hermetismo a la hora de nombrar a los consellers. No sólo ha logrado que se interprete ese silencio como signo de nuevos tiempos en los que debe prevalecer la discreción sobre el ruido, sino que también es una forma de cubrir sus decisiones con un halo de trascendencia. Montilla, en definitiva, nos promete autoridad más que liderazgo.
En su autorretrato se definió como "trabajador de la política". Trabajador, añadido a la imagen de inmigrante descendiente de familia modesta, le permite encarnar el espíritu de superación, ser el paradigma del llamado "ascensor social", aunque ya hace tiempo que dejó de sufrir las incomodidades de un barrio obrero. Pero "trabajador de la política" también puede equivaler a "obrero de aparato", si se le aplica una cierta dosis de mala leche. Para subir en el ascensor social, Montilla se ha empleado a fondo en un partido, escalando posiciones en un mundo muy endogámico. La gente ve los aparatos de los partidos como algo siniestro, pero si en Francia recaban líderes de la ENA, la elitista y todopoderosa escuela de administración, de algún sitio tendrán que salir nuestros políticos… Así que Montilla se ha hecho a sí mismo dentro de un partido, a base de esfuerzo y de erigirse durante años en la figura menos molesta para los equilibrios internos de una familia no siempre bien avenida. Lo decía uno de sus compañeros del PSC, Miquel Iceta: "No es un hombre de circo". Y añadía: "En el sentido de que no arriesga". En realidad, es un hombre de circo, pero del circo de la política, de toda la vida. Ahí se mueve como un consumado equilibrista. Y ése es su bagaje para afrontar el nuevo reto.
Maragall se va como alcalde triunfal, pero como president fallido que ha tenido que dejarlo antes de hora. Lo que será Montilla deberá acreditarlo a partir de hoy.
Saura se reúne con Tura Antes de ser nombrado conseller de Interior, Joan Saura ya ha empezado a trabajar en su nuevo cometido y ya ha mantenido un encuentro con la consellera saliente, Montserrat Tura, que le atendió y le puso al día pese a su enfado por haber conocido que no repetiría en el cargo a través del anuncio hecho por la propia Iniciativa en los medios de comunicación. Montserrat Tura ya recibió un trato de juego limpio similar por parte de Xavier Pomés, de CiU, cuando entró en el departamento.
Recelos de ICV sobre Interior Son conocidos los recelos de ICV-EUiA por la aceptación del Departament d´Interior. Como muestra, baste decir que en el consejo nacional de Iniciativa que trató el asunto, de las 59 intervenciones que hubo, sólo 7 apoyaron que se asumiera la cartera. El ánimo fue decayendo hasta tal punto que Joan Saura tuvo que pedir que no pasaran de la depresión al catastrofismo. Y menos antes de empezar.
CiU y la inmigración CiU piensa utilizar todas las posibilidades del nuevo reglamento del Parlament aprobado tras la llegada del tripartito y que le facilita pedir plenos monográficos. El primero lo avanzaron en la sesión de investidura, sobre el despliegue del Estatut. Pero también se plantean pedir uno sobre inmigración, siempre una materia sensible para la izquierda.

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