Raúl Guerra Garrido gana el Nacional de las Letras en medio de la polémica, de David Rubio en El Mundo
UN PREMIO SORPRESA / El escritor madrileño afincado en San Sebastián ha sufrido los zarpazos del terrorismo / Caballero Bonald, miembro del jurado, dice que ha influido en el fallo «la parte política», a la que él se opuso
«Afortunadamente, no iba conduciendo cuando me lo dijeron», señaló ayer Raúl Guerra Garrido (Madrid, 1935). Madrileño de nacimiento, leonés de vocación y, hoy en día, donostiarra casi a todos los efectos, el escritor fue proclamado ayer Premio Nacional de las Letras Españolas 2006, un galardón que reconoce el conjunto de la labor literaria de un autor español en cualquiera de las lenguas del Estado y que está considerado como el segundo en importancia de las letras hispanas tras el Cervantes.
La noticia sorprendió a Raúl Guerra Garrido en la carretera, camino de San Sebastián, ciudad en la que reside hace ya varias décadas. En un área de servicio de la autopista, a la altura de la provincia de Burgos, «hemos parado a celebrarlo mi mujer, uno de mis hijos y yo, aunque no sea más que con un bocadillo porque tenemos que seguir ruta», bromeó el escritor, quien, al mismo tiempo, confesó sentirse «muy sorprendido por este premio. Ni sabía que se fallaba hoy ni que yo estaba entre los favoritos para ganarlo».
Se define a sí mismo como un «llanero solitario» de la literatura española, «lo que tiene sus inconvenientes, aunque ahora, con este premio, pueda parecer lo contrario». Desde que se inició en el mundo de la escritura, ha cosechado ya algunos de los más importantes galardones de la literatura de este país.
El nuevo Premio Nacional de las Letras -dotado con 30.000 euros- deja, en referencia a este galardón, una contundente sentencia: «Me gustaría dejar de ser el hombre invisible de la literatura española», comentó al enterarse de que había sido elegido por un jurado compuesto, entre otros, por Almudena Grandes, Claudio Guillén, Fernando Savater y José Manuel Caballero Bonald, ganador de la pasada edición.
Guerra Garrido se confesó especialmente contento por que este premio se concediese para reconocer toda una trayectoria literaria y no sólo la calidad de un libro: «Mi obra se puede considerar ya muy larga y en ella me he dejado la piel, a veces más que en sentido metafórico». En referencia a ese carácter de «invisible» que él mismo se atribuye, Guerra Garrido apuntó: «Tengo curiosidad por saber qué dirán ahora los críticos de mis libros, porque hasta ahora muchos no les habían prestardo demasiada atención».
La controversia, sin embargo, no se hizo esperar. Y anoche mismo, sólo unas horas de concedérsele la distinción, uno de los miembros del jurado, José Manuel Caballero Bonald, dijo que sus candidatos al Nacional de las Letras «no coincidían» con el galardonado Raúl Guerra Garrido. Y señaló sin tapujos: «Quizás en el fallo jugó algo la parte política», a la que él se opuso.
En declaraciones a Efe antes de su intervención en la clausura de los cursos de otoño de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Sevilla, el ganador de la pasada edición de este premio manifestó: «Creía que se hablaba de literatura y no de política», aunque añadió: «Son así y no se pueden evitar».
Caballero Bonald explicó que sus favoritos eran Angel González, Juan Goytisolo y Ana María Matute. A continuación, puntualizó que, de cualquier forma, es consciente de que en el resultado de los premios influye el «azar».
La trayectoria literaria de Raúl Guerra Garrido está marcada por las tres geografías de su vida: Madrid, la comarca leonesa del Bierzo y el País Vasco. Su primera novela, Cacereño (1970), se enmarca en Euskadi, pues con ese nombre eran conocidos los emigrantes de toda España que iban llegando a aquellas tierras a buscarse el pan.
Seis años después, ganó el Nadal con Lectura insólita de 'El capital', historia de un empresario vasco secuestrado por grupos abertzales, que tiene en El capital, de Carlos Marx, la única posible lectura para soportar la espera: «Hace un millón de años, gané el Nadal y dije que había cumplido, que no me iba a presentar a más. Otra cosa son estos premios que te conceden por el mero hecho de existir. Un Nacional de las Letras me llena de orgullo, pero de verdad que me sorprende».
También en el País Vasco transcurre La mar es mala mujer (1987). Tristemente, el destino le obligaría a escribir otra vez sobre Euskadi, en donde ha vivido y sufrido la persecución durante años, como ocurrió con El corto viaje hacia la muerte; en este relato cuenta lo que sucedió desde que le llamaron para decirle que habían asesinado a su amigo José Luis López de Lacalle hasta que vio su cadáver en la calle.
Otras obras suyas hacen referencia a la comarca leonesa del Bierzo, como El año del Wolfram o Viaje a una provincia interior. Su faceta madrileña sale a relucir en La Gran Vía es Nueva York y en su libro de viajes Castilla en canal.
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