Mallorca no es Marbella, pero poco le falta, de Eduardo Inda en El Mundo
Se veía venir. Que la Fiscalía Anticorrupción iba a hincarle el diente al alcalde de Andratx, Eugenio Hidalgo, era un secreto a voces en Mallorca. Que la Guardia Civil dirigida por el autóctono Joan Mesquida había enviado un equipo de patas negras para cercar al sospechoso político popular era la comidilla en una isla en la que, como en todas las plazas pequeñas, mantener una confidencia es misión imposible. Y que este ex guardia civil y ahora alguacil alguacilado tenía muchas posibilidades de caer en las redes era también una obviedad dado su público y notorio tren de vida: se mueve por su pueblo en un Porsche de 107.000 euros y posee un patrimonio inmobiliario de más de 15 millones de euros ganando 50.000 ó 60.000 euros anuales. Y es que ocultar, lo que se dice ocultar, este extremeño emigrado a Mallorca hace 30 años jamás ocultó su pasión por el lujo. Tras su fachada campechana, populista y de tipo duro donde los haya, se esconde un hedonista patológico. Ninguna sorpresa, pues, ni la detención ni la suerte judicial que puedan correr tanto él como su presunto Roca particular, el hasta ayer a mediodía director general de Ordenación del Territorio del Govern balear, Jaume Massot.
Pero, no nos engañemos, porque Eugenio Hidalgo es el chocolate del loro. Esto es como si en el caso Filesa, en lugar de empapelar a la cúpula felipista hubieran optado por llevarse esposado al conserje de Ferraz. Baleares en general y Mallorca muy en particular van camino de convertirse en una suerte de cleptocracia en la que los más son los políticos manchados y los menos los limpios. No es una cuestión de siglas: el latrocinio es transversal por estos pagos. Se produce en el PSOE, existe en el PP, asoma tímidamente en las minoritarias fuerzas nacionalistas y es pandemia en UM. El caprichoso lápiz urbanístico ha facilitado auténticos milagros de los panes y los peces en una Comunidad en la que el metro cuadrado se paga a precio de oro por tres motivos: el territorio es limitado; los entornos, paradisiacos, y las restricciones medioambientales, razonablemente severas. Por eso llama la atención que, tras años y años de contundentes y fundamentadas denuncias periodísticas sobre cohechos, prevaricaciones y falsedades varias, Anticorrupción hurgue tan sólo en el fango de Andratx. ¿Acaso porque es un municipio pepero? Por cierto, ¿por qué no movió un dedo en los años en que Hidalgo gobernó mano a mano con el PSOE y UM? Nadie medianamente objetivo y mínimamente informado comprende cómo, por poner otro ejemplo, la ex alcaldesa socialista de Calvià Margarita Nájera se ha ido de rositas tras un sinfín de irregularidades entre las que destaca un supuesto cohecho millonario recibido de un concesionario municipal poco después de renovarle un contrato.
O cómo a otras como la presidenta de Mallorca, María Antònia Munar, la corrupción les sale gratis: sus empresas transportan la grava de las carreteras que adjudica y el carbón de las centrales térmicas que supervisa, entrega millones de euros públicos a pseudoasociaciones fundadas por su entorno, vende solares públicos a postores que le dan la mitad que otros y acumula un patrimonio de decenas de millones. Resumiendo, que es gerundio: que haya café pero café para todos, y que cada palo aguante su vela.
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