Este fin de semana hemos asistido a una especie de sorteo público similar a la lotería. Hemos visto ciudadanos que abarrotaban un recinto deportivo llorando y saltando de alegría. Les había tocado un piso de protección oficial. Eran 2000 viviendas, frente a 20.000 solicitudes.
Esto del premio de la VPO ocurre en distintos lugares de la geografía española cada cierto tiempo, como imagen de un mal propio de un país desarrollado en el que los desequilibrios son apabullantes. ‘Papá Estado’ dando premios frente a la realidad de un mercado de precios exuberante.
España ha entrado en el club de los países cuyo Producto Interior Bruto alcanza el billón de euros. Somos la octava potencia del mundo y resulta increíble a los ojos de cualquier extranjero ver cómo es posible que en un país de ricos haya serios problemas de acceso a la vivienda.
Lo decía hace unos días un observador pakistaní de la ONU que hacía su trabajo de campo en España con jóvenes, ancianos, empresarios, recogiendo datos sobre sus principales problemas. Es un tanto incomprensible que, en unos de los países más ricos del mundo, haya mucha gente que no pueda tener acceso al mercado inmobiliario. Es un problema propio del tercer mundo.
La vivienda se ha convertido simple y llanamente en un producto de lujo, sobre todo para algunos colectivos como los jóvenes -muchos de ellos ni siquiera mileuristas- y los inmigrantes.
Y lo peor es que los españoles nos hemos acostumbrado a ello como algo normal. El mercado es el mercado, aunque sea imperfecto.
Se sorprendía el observador del organismo internacional sobre otro asunto curioso. Cómo es posible que la vivienda no sea accesible y llevamos casi un lustro construyendo a una media de 700.000 casas al año. Levantamos más pisos que Alemania, Francia e Italia.
Hemos construido en diez años una superficie similar a dos Españas y comprar una vivienda es poco menos que imposible para miles de familias, a no ser que alarguen el endeudamiento hasta niveles que hacen imposible el futuro o auténticamente peligrosos en el momento en que suben un poco los tipos de interés.
Además hay más de tres millones de pisos vacíos y el mercado del alquiler es casi inexistente, al menos el alquiler para las clases medias puesto que varios fondos de inversión inmobiliarios de los grandes bancos hace años que alquilan viviendas de lujo o semilujo.
Quizá la explicación esté en un asunto tan simple como los salarios de los españoles y el poder adquisitivo real.
Resulta que el Indicador de Comunidades Autónomas de la empresa de trabajo temporal Adecco, elaborado por el IESE, señala que el salario real, el que descuenta el efecto del incremento de los precios ha sido mínimo en la última década.
Los trabajadores españoles, señala este informe, cobraban al cierre del tercer trimestre del año una media de 1.553 euros brutos, una cantidad similar a la registrada en 1997 y que demuestra que en los últimos nueve años los españoles no han mejorado su poder de compra.
Y mientras tanto el precio de la vivienda ha subido por lo menos un 125%.

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