HASTA ahora, Rodríguez Zapatero tropezaba con un obstáculo en su proyecto de paz negociada en el País Vasco: la respuesta del mundo etarra. Ahora se enfrenta a un obstáculo mayor: la opinión pública. No es que le haya abandonado, pero se ha partido de forma dramática, como se demostró en la manifestación de las víctimas, tan bien arropada y aprovechada por el Partido Popular. Y en este punto hay que recordar aquella frase que le dijeron a un presidente americano cuando se discutía quién era la mayor potencia universal. Alguien le informó que había una potencia más decisiva que la nación más poderosa: «La opinión pública, señor presidente».

La batalla de ahora es la conquista de esa opinión. Si el proceso de paz está llamado al éxito -cosa cada vez más dudosa-, sólo se puede coronar con el respaldo de la opinión. Pero, si está llamado al fracaso, sólo la compañía de la opinión pública puede amortiguar la decepción. Y ahí es, quizá, donde el Gobierno lo tiene más complicado. Aunque no dispongo de estudios sociológicos, es fácilmente perceptible que está perdiendo esta batalla. Por falta de explicación o de un discurso consistente, le falla la imagen. Cada día encuentra menos apoyos en organizaciones sociales y medios informativos.

La situación no sería grave para el Gobierno si no fuera por la palabra utilizada: rendición. Se trata de una idea fuerza, destructora. No se habla de pagar un precio político, lo cual ya no sería de recibo en el caso de ETA. Se habla de rendirse ante una banda terrorista que ha matado mucho, conserva las armas y no ha dado ninguna facilidad desde que decretó el alto el fuego permanente: siguió extorsionando, alentando la violencia callejera y sin ceder un milímetro en sus posiciones ideológicas de territorio y autodeterminación.

¿Cómo ha respondido el Partido Socialista? Emitiendo en su televisión de Internet un vídeo que recuerda las posiciones de Aznar, su portavoz, el presidente de Navarra o el mismo Rajoy en la tregua del 98. Es un documento de impacto. Ahí se oye hablar de gestos. El mismo Aznar explica el movimiento de presos. Y su portavoz, Miguel Ángel Rodríguez, dice que «no debe haber vencedores ni vencidos», expresión que hoy sólo utiliza el Partido Nacionalista Vasco. Pero ¿es suficiente?

Me temo que no. Un PP abochornado por este recuerdo no se esconderá. Y, si antes había déficit de discurso socialista, después de este vídeo lo seguirá habiendo. Lo que espera la opinión pública no es que los partidos vuelvan al «y tú más». Esperan la voz que desmienta la rendición, presente o futura. El problema de Zapatero es que muchos sabemos que no se rendirá. Pero su discurso, lamentablemente, no transmite esa seguridad.