Artur Mas reafirma su liderazgo. Ganó las elecciones, si bien de un modo insuficiente. Está claro entonces que, por el simple hecho de haberlas ganado, su papel trasciende el de líder de la oposición. Cuando habla Mas, no habla un perdedor, habla y hablará durante toda la legislatura alguien revestido de un importante plus. Creo que así se le debe escuchar y se le escucha, con especial atención, si bien su condición es un arma de doble filo: de seguir encasquillado en víctima de un robo o injusticia, perderá el tiempo, además de hacerse un flaco favor y hacérselo al país por el que tanto amor proclama. Por mucho que buena parte del electorado de CiU ande soliviantado, por mucha prevención con la que se le reciba, el Govern es legítimo, responde a las reglas, cuenta con una holgada mayoría absoluta. De no mediar peleas entre los tres partidos coaligados, durará cuatro años. Si el propósito de Mas es pasar página y mirar hacia el futuro, es merecedor de aplauso.

Ahora bien, el mejor modo de mirar el futuro cuando, a pesar de haber ganado, se ha fracasado en el principal objetivo - conseguir la presidencia y gobernar Catalunya-, consiste en examinar tanto los errores del pasado como las novedades de la situación. Según mi análisis, los principales errores son tres. El primero, de tono. De acuerdo con que el primer tripartito se lo puso a huevo para proclamar el desastre, pero la consecuencia de no matizar, de no tender puentes, ni siquiera túneles, es el aislamiento. Aislamiento que desembocó en la campaña electoral, en la que CiU se presentaba como el único capaz de gobernar bien, y en consecuencia pedía un voto masivo que no obtuvo (pese a que las encuestas le eran muy favorables). El segundo, ideológico. En CDC conviven muchas sensibilidades, incluso recuerdo voces de influyentes directivos a favor de un posicionamiento próximo a la socialdemocracia. Sin embargo, ha dominado la deriva hacia posiciones próximas a la derecha americana neocon. Eso no gusta a buena parte de su electorado, y encima potencia el mal estilo, ya que la descalificación sistemática y radical es inherente a esa ideología. El tercer error consiste en fiarse del PSOE para que le aupara al poder en la Generalitat. Error reiterado, no ajeno a las rebajas estatutarias (la famosa foto de la Moncloa se ha quedado con el premiazo de dos diputados y cuatro años de oposición). Eso se está corrigiendo a marchas forzadas, pues es ya imposible que CiU se fíe de las palabras, y menos de la palabra, de Zapatero y su equipo. De la corrección de los dos primeros errores, hay dudas, pero lo que se dice en el párrafo siguiente puede coadyuvar.

En cuanto a las novedades de la situación política, se resumen en dos. Por un lado, la previsible estabilidad en el Govern de la Generalitat, propiciada por la ausencia o la ocultación al público de las disensiones, que con toda seguridad han pactado, pues les va en ello la supervivencia. Así que, si no se producen novedades hoy por hoy poco probables, no va a resultar tan sencillo descalificar al Govern d´Entesa en bloque. Habrá que ir por partes, decisión por decisión, siguiendo el día a día. Por el otro lado, el bache por el que según el CIS pasa el PSOE. Eso proporciona aire a CiU en Madrid, pues es del todo evidente que para los socialistas y el presidente Zapatero, a menos ventaja respecto al PP, más necesidad de acuerdos con CiU. La oportunidad es de oro, el precio a cobrar por Duran y Mas son traspasos con la correspondiente dotación, compensaciones para el crónico desequilibrio en inversiones que sufre Catalunya, rebajas fiscales e incentivos a la economía productiva y a los sectores punta de la nueva economía, estratégica para Catalunya, pacto de moderación centrista en las principales leyes de interés general. Hay mucho campo bien abonado por delante. Se puede sembrar en contra de, o en colaboración con ERC, pero requiere siempre desplegar un ala hacia el centroizquierda.