Empresarios del País Vasco están siendo víctimas del chantaje etarra, aunque ni las patronales vascas ni el Gobierno lo confirman. Los empresarios navarros, mientras tanto, siguen denunciando la llegada de cartas.

Que empresarios vascos están recibiendo cartas de extorsión de ETA empieza a ser un secreto a voces que las patronales vascas no confirman pero tampoco desmienten. “Es posible que se estén recibiendo, no puedo negarlo, pero no tenemos constancia de ello”, asegura Enrique Portocarrero, presidente del Círculo de Empresarios Vascos. Tampoco tienen noticia de ello en Confebask, la patronal vasca, ni en ninguna otra patronal del País Vasco.

En privado, sin embargo, hay empresarios que reconocen la persistencia del chantaje etarra, a pesar del duro golpe asestado al aparato de extorsión de la banda el pasado 20 de junio, que se saldó con la detención de doce personas. Un destacado dirigente del PNV aseguró a este periódico que un importante empresario le confesó haber recibido una carta de extorsión el pasado septiembre, seis meses después del alto el fuego. Una misiva de “tono amable” y de contenido similar a otras que, según el presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN), José Manuel Ayesa, empresarios de la comunidad foral han estado recibiendo casi constantemente desde el alto el fuego; las últimas, este mismo mes. Cuantificarlas es imposible porque “muchos se lo callan”, explica Ayesa, aunque calcula que, en cada remesa, ETA podría haber enviado en torno a la veintena de cartas en las que se exige el pago de entre 20.000 y 60.000 euros.

Sus denuncias, sin embargo, no han tenido repercusión alguna en el Gobierno, responsable de verificar si los terroristas cumplen las condiciones auto impuestas para el alto el fuego. “Hay empresarios que han denunciado el chantaje ante la Policía pero no ha habido consecuencias”, asegura Ayesa. Algo que al presidente de la patronal navarra le cuesta comprender: “El delegado del Gobierno me ha llamado en alguna ocasión para decirme que no hay constancia de la existencia de las cartas de extorsión, pero a mí no me cabe en la cabeza que yo pueda saber algo que la Policía y los servicios de inteligencia ignoran”, afirma.

Desde el Ejecutivo el mensaje ha sido invariable desde el alto el fuego. En cada ocasión que ha salido a la luz la recepción de alguna carta de extorsión –las primeras fueron denunciadas por Ayesa en julio– Moncloa se ha comprometido a investigar su origen aunque, hasta la fecha, no se conoce que esas investigaciones hayan tenido alguna consecuencia.

Los empresarios vascos están viviendo el llamado proceso de paz con una sensación “agridulce”, según describe Portocarrero, porque la preocupación ha ido empañando el optimismo surgido tras el alto el fuego a causa del retorno de la kale borroka y la situación de bloqueo que vive el proceso de paz. No obstante, todavía hay lugar para la esperanza. Fuentes cercanas al empresariado del País Vasco aseguran que hay empresarios que dejaron en su día la comunidad y que ahora, incluso, se están planteando volver.

La desaparición total de ETA es la pieza que le falta a la economía vasca para apuntalar su impulso. El PIB del País Vasco creció en 2005 un 3,9%, medio punto por encima de la media española. La inversión extranjera, sin embargo, cayó un 44%.