El enfrentamiento en el seno del Partido Comunista revela la tensión en IU por el pragmatismo de Llamazares
La bronca entre el aparato central del Partido Comunista de España (Frutos, Alcaraz) y el pequeño Partido Comunista de Asturias ha devuelto a la actualidad dos siglas, PCE y PCA, que habían quedado perdidas en la vorágine de cambios de los años ochenta del siglo pasado. En efecto, PCE y PCA tuvieron su último destello de protagonismo público en las elecciones generales del 28 de octubre de 1982, cuando el PCE quedó reducido a cuatro escaños. En las elecciones municipales y autonómicas de la primavera de 1983, el PCE y el PCA comparecieron por última vez como tales ante las urnas.
La estrella de la transición había sido Santiago Carrillo, con su apuesta por el eurocomunismo, que le llevó a escribir un libro, 'Eurocomunismo y Estado', plagiando 'El Estado y la Revolución', de Lenin, como Zapatero copia con su Alianza de las Civilizaciones 'El choque de civilizaciones', de Samuel P. Huntington. En las elecciones generales del 1 de marzo de 1979, el PCE logró su mejor registro electoral, 10,77% de los votos y 23 escaños, pero en sólo tres años, Carrillo y su 'aparato' se encargaron de dejar hecho trizas el prestigio del eurocomunismo, practicando una purga interna que le llevó a expulsar a media organización vasca del partido y a los dirigentes más brillantes de la organización madrileña (Mangada, Almeida, Mohedano). En Asturias, los problemas surgieron antes, con el tantas veces mentado congreso de Perlora, abandonado por dirigentes como Vicente Álvarez Areces
El desastre electoral de 1982 acabó aupando a la Secretaría General del PCE a Gerardo Iglesias. 'El picador de La Cerezal', un dirigente sumamente intuitivo, supo aprovechar la corriente social de oposición al ingreso en la OTAN, encabezada por Ramón Tamames, Alonso Puerta, Antonio Gala, etcétera, para constituir una nueva fuerza política: IU. El refrendo de la OTAN tuvo lugar el 12 de marzo de 1986, y tres meses más tarde IU obtenía siete escaños en las elecciones generales. Si he realizado este breve recorrido por aquellos años es para sacar un par de conclusiones: IU nace para tapar las ruinas políticas del PCE y su imagen pública y su mensaje son distintos de los representados por el PCE. Veamos esto último.
El rasgo principal de identidad del PCE, para el electorado, era el comunismo, aunque Carrillo había hecho esfuerzos sobrehumanos para que se identificara al PCE con una materia difusa que llamaba, «una democracia avanzada». Sin embargo, IU nace como un movimiento político y social que da respuestas de izquierda a problemas concretos: OTAN, reconversión industrial, etcétera. Gerardo Iglesias había dado un salto de décadas al colocar el espectro político a la izquierda del PSOE en claves actuales, cuando faltaban todavía tres años para que se derrumbara el muro de Berlín. Ni la 'perestroika' de Gorbachov, iniciada en la primavera de 1985, había avanzado tan rápido.
El líder de IU que sustituyó a Iglesias, Julio Anguita, apoyaba su discurso sobre bases firmes y llegó a incomodar al Gobierno de Felipe González, pero nuevamente el proyecto encallaría cuando se aprobó el Tratado de Maastricht (1992) y Anguita trazó una raya como Pizarro: del otro lado quedaron los traidores. Toda la sociedad. Desde la Segunda Guerra Mundial no hubo un acuerdo tan beneficioso para Europa como el Tratado de Maastricht. Toda la prosperidad, euro incluido, de los últimos años se debe a ese acuerdo político que puso las principales variables macroeconómicas (déficit público, inflación, deuda pública) al abrigo de las mayorías políticas de los Parlamentos nacionales.
A medida que transcurrían los años noventa, Anguita fue haciendo músculo ideológico; por eso volvieron a ondear las banderas republicanas, y jaleó a sus bases llamando «criminal de guerra» a Javier Solana.
El 'postanguitismo'
Con Anguita retirado y el rédito electoral por los suelos, IU encontró un nuevo argumento para hacer frente a la decadencia al cambiar la estrategia de 'las dos orillas' por la de «entrar en los gobiernos como sea»: Baleares, País Vasco, Asturias. La actual corriente de oposición a Llamazares, que está en la base del cerco del PCE al PCA, trata de volver a sentar la estrategia política sobre principios ideológicos. Veinte años de debate interno entre dos polos, la ideología y el pragmatismo.
Como desde el interior de los partidos es difícil ver las cosas con nitidez, esta disyuntiva no se abordó nunca desde un punto de vista general, sino que se articuló siempre sobre un punto concreto: la alianza con el PSOE. Los periodos dominados por la ideología abominaron del acuerdo con los socialistas, mientras que en las épocas de pragmatismo, como la actual, el acuerdo es el principal objetivo estratégico. El PCE quiere instalarse en la oposición dura por puro prejuicio ideológico, y así se desentiende de la realidad. Participar en los gobiernos, como en el del Principado, obliga a gestionar asuntos concretos, pautados por las disponibilidades presupuestarias, y no queda tiempo para soñar con levantar una alternativa al capitalismo.
Si sale nuevamente a la superficie el PCE como sujeto político es para forzar un cambio de estrategia en IU en un momento en el que a esta fuerza política le interesa aprovechar su papel de partido de gobierno para clausurar viejos estereotipos, como la solidaridad con Fidel Castro, que tanto limitan su credibilidad entre la gente. El escaso apoyo electoral de IU en toda España y su reducida cuota parlamentaria hace que cualquier estrategia tenga un dudoso éxito, porque puede que su masa de votos esté ya por debajo del nivel que da estabilidad a una fuerza política; pero, en caso de tener viabilidad como grupo político, nunca será por la vía del refuerzo ideológico, sino del compromiso con asuntos concretos y de la eficacia en la gestión en los territorios que forme parte de coaliciones de gobierno. Ahora que en el campo de la derecha empiezan a dibujarse dos almas, que el aumento de la inmigración hará perfectamente visibles , el territorio de la izquierda puede subdividirse aún más, con el cisma entre Izquierda Unida y el PCE.

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