RECIENTEMENTE, la ONU divulgaba las conclusiones del Informe de Desarrollo Humano 2006 que traían al primer plano de la actualidad política el tema del agua como principal escollo para alcanzar sus objetivos de desarrollo del milenio en el mundo. Datos sobrecogedores que el informe aporta, como los más de 1.000 millones de personas que no tienen acceso a agua limpia o los casi dos millones de niños que mueren anualmente por enfermedades infecciosas causadas por el agua sucia, dan cuenta de la importancia y urgencia para la comunidad internacional de adoptar medidas que encaren el problema. Datos que, en definitiva, ponen de relieve que sin agua de calidad ni hay salud ni hay desarrollo humano posible, y suscitan entre los ciudadanos interrogantes acerca de la calidad del agua que beben.

La complejidad de los procesos de control, la diversidad de situaciones y agentes intervinientes, tantas como fuentes de captación de agua existen, dificultan la realización de un balance riguroso. Pretendo por ello centrarme en el sistema de competencia regional, que es a la vez el más representativo, el complejo de aducción Tanes-Rioseco, gestionado por Cadasa desde su creación, que capta embalsa, conduce y trata inicialmente el agua -hasta su entrega en los depósitos municipales- para el suministro a las 4/5 partes aproximadamente de la población asturiana.

Una visión retrospectiva que permite hacer una primera valoración de la calidad del agua de ese sistema nos viene dada por el Plan Hidrológico Norte II, aprobado en 1994 por el Consejo del Agua de la Cuenca. Dicho Plan establece que en la cuenca del Nalón, a la altura de los embalses, los objetivos de calidad para la producción de agua potable se consiguen con sistemas de tratamiento nada sofisticados ni complejos: el tratamiento tipo A1 para el embalse de Tanes, muy simple, consistente en la filtración del agua y su desinfección; y el tipo A2 para el de Rioseco, algo más completo pero también bastante sencillo, que añade al tratamiento físico uno químico. Ambos se practican desde la estación de tratamiento de agua potable (ETAP) existente en Rioseco.

Así pues, si en 1994 se cumplían los objetivos de calidad para la producción de aguas de consumo humano en los embalses de Tanes y Rioseco con dichos tratamientos, es de suponer que en 2006, con una población y una carga ganadera semejante, también se cumplirán, máxime cuando en el transcurso de estos 12 años se ejecutaron por el Principado de Asturias varios saneamientos y se pusieron en servicio pequeñas depuradoras. Ciertamente, esta lógica suposición pudiera resultar contradicha por el efecto cada vez más notorio de las sequías o por el mayor nivel de exigencia de las normativas de control sanitario. Sin embargo, las pruebas son concluyentes: incluso mediando esas circunstancias, los resultados del control analítico que Cadasa efectúa diariamente del agua de entrada a la ETAP y quincenalmente en diversos puntos de los embalses y cauces fluviales que los penetran, avala que son suficientes estos sencillos tratamientos de purificación para garantizar su potabilidad. Ello se explica por las buenas condiciones del agua en origen, el bajo peso relativo de los vertidos respecto del volumen total de agua regulada en los embalses y caudales aportados, así como por la elevada capacidad natural de autodepuración de esas masas de agua.

Pero los gobiernos regionales socialistas no se han conformado con mantener el status quo para el principal reservorio de agua que tenemos. Conscientes de la importancia estratégica de garantizar agua para el consumo humano segura (protegiéndola de la acción de contaminantes existentes o previniendo la aparición de nuevas fuentes), económica (evitando la incorporación a su coste de tratamientos para la potabilización) y saludable (reduciendo o eliminando aditivos en su tratamiento en beneficio de la salud); dichos gobiernos se han puesto por bandera la protección del agua en origen para mejorar sus condiciones medioambientales, y han desplegado a su servicio un amplio abanico de medidas para conseguirlo. Un hito significativo en este proceso fue la aprobación en 1994 del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias, proponiendo la declaración como Parque Natural de Redes de la cuenca fluvial completa de ambos embalses, dando así carta de naturaleza a la apuesta por la correcta conservación del área de captación del agua que abastece al área central. Pero el desarrollo de esta precursora iniciativa, cuyo valor fue realzado años después por directivas europeas y su defensa a ultranza de la mejora de los ecosistemas acuáticos, se estancó a partir de 1995.

El acceso al Gobierno regional del Partido Popular trajo consigo un estéril paréntesis, una etapa de verdadera atonía en torno a las políticas del agua. En ella se data el primer Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del Parque Natural de Redes, de 1999, que relega totalmente el tema. Tan sólo una referencia a un compromiso difuso de protección futura, inapropiado e ineficaz desde el punto de vista de la preservación del recurso hídrico pensando en la población. Así las cosas, no es de extrañar que vigente ese primer PRUG, el estudio integral encargado por Cadasa a la Universidad de Oviedo sobre la presa de Tanes y su entorno realizare severas críticas al mismo, calificándolo de sumatorio de propuestas contradictorias de los diferentes agentes, poniendo en riesgo los embalses como reservorios de agua de calidad.

Pasada esa etapa, las aguas volvieron a su cauce, y durante la presente legislatura se ha promovido un amplio e integrado abanico de planes y acciones desde la política sanitaria, medioambiental, territorial y urbanística que convergen hacia la protección del estado del agua y la prevención de su deterioro. Ahí está el Plan de Salud 2004-2007 que aboga por preservar el recurso hídrico como valor primordial del sustento de la vida y propone medidas de protección de los embalses de Tanes y Rioseco frente a utilizaciones indebidas; o las II Directrices Regionales de Ordenación del Territorio, cuyo avance hace una explícita apuesta por la protección de la cuenca fluvial que rodea dichos pantanos.

Especialmente destacable resulta el segundo PRUG de Redes y su Plan de Desarrollo Sostenible, aprobado por el Gobierno Regional a mediados de este año (BOPA de 16/6/06) que deroga el anterior y se constituye en el pilar normativo sobre el que gravitan decenas de disposiciones en defensa de los embalses. Desde la prohibición en la totalidad de las aguas del Parque de cualquier actividad de recreo o deportiva que requiera de embarcaciones, hasta el otorgamiento de la máxima categoría de protección a las zonas de captación, pasando por la prevención de la contaminación por nitratos con rigurosas limitaciones para la fertilización, el establecimiento de normas estrictas para la gestión de los residuos ganaderos y la general supeditación de cualesquiera actividades e instalaciones de uso público a no poner en riesgo la calidad del agua. A este Plan se han de adaptar también los Planes Generales de Ordenación de los Concejos de Sobrescopbio y Caso.

Integrado en dicho PRUG, y por tanto con rango normativo, destaca el acuerdo político del Principado con Caso y Sobrescobio recogido en el 'Documento de Compromiso sobre el agua y su calidad en el Parque Natural de Redes', que unos meses antes fue suscrito por el consejero de Medio Ambiente y los alcaldes de ambos concejos. Se trata de una norma cuyo eje es la elaboración de un Programa de Actuación Integral para la Protección del Agua a modo de gran pacto de solidaridad interterritorial entre el Parque Natural y los municipios asturianos y entidades receptores de agua suministrada por Cadasa, comprometiéndose los primeros a ser depositarios y protegerla, y recíprocamente los segundos a compensar al Parque a cambio de disponer de agua suficiente de la mejor calidad.

En el marco del citado Programa de Actuación, la Consejería de Medio Ambiente y Cadasa ya están desarrollando acciones como los saneamientos integrales de los núcleos de Barrio y Tanes (en ejecución y a punto de licitarse las obras, respectivamente); la redacción del proyecto perimetral de recogida de residuales para los núcleos del entorno del pantano de Tanes, los del valle de Orlé y de Campo de Caso a fin de su traslado aguas abajo del sistema de embalses (en licitación); o las gestiones en marcha para la adquisición de los terrenos e instalaciones avícolas de La Polina y Villamorey, que tantos problemas a las aguas en cauces tributarios del embalse en Rioseco ocasionaron.

Paralelamente, se han identificado nuevas acciones para la prevención y corrección, que una vez aprobadas se acometerán gradualmente. Acciones como la eliminación de pequeños vertederos de residuos existentes, la implantación de sistemas de tratamiento de purines entre distintos pueblos garantizando su impermeabilización, las acciones de restauración hidrológico-forestal en tramos de cauces y riberas o la adopción de medidas para evitar arrastres de residuos generados por incendios forestales, entre otras.

También en clave de apuesta por la calidad del agua se justifica la defensa que desde el Principado de Asturias se ha venido manteniendo del embalse de Caleao: una cuenca superprotegida a través de los planes y acciones descritos para acoger una nueva masa de agua regulada con plenas garantías. En el impulso de Caleao, como obra que está declarada de interés general, trabaja actualmente la Sociedad Estatal ACUNOR, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, en estrecha coordinación con la Administración regional. Negar su impacto ambiental sería una osadía. Negar su ejecución si sus afecciones al medio natural fueren salvables sería una irresponsabilidad. El estudio de impacto ambiental -que cumpliendo con la ley contendrá análisis de alternativas- y la participación pública en torno al mismo, dirán lo que tengan que decir. Entretanto, quienes parecen preocupados porque las actuaciones en torno al embalse de Caleao sigan su curso deberían huir de apriorismos dogmáticos, dejando que la libertad de expresión, la de todos, pueda ejercitarse sosegadamente a través de los cauces establecidos.

Esta es nuestra apuesta por la calidad del agua en los embalses de los que bebemos los asturianos. Defenderla y perseverar en ella, un claro objetivo del Principado de Asturias al servicio de la salud.

BELÉN FERNÁNDEZ. VICECONSEJERA DE MEDIO AMBIENTE Y ORDENACIÓN DEL TERRITORIO.