Cuando la literatura hace historia, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España
(En la muerte de José María Jover Zamora)
Cuando escribo estas líneas, pocos días faltan para que se cumplan dos semanas del fallecimiento de José María Jover Zamora, uno de los estudiosos que más claridad nos arrojó sobre algunos de los momentos más apasionantes de nuestra historia. Infalible botón de muestra de esto que digo es «Realidad y mito de la primera República», libro de obligada lectura para adentrarse en ese episodio del que tanto se habla, no siempre desde el mínimo conocimiento exigible para ello.
En el referido ensayo, el catedrático recientemente fallecido invita al lector a un tránsito por dos magníficas novelas que dan cuenta de un tiempo y un país. Se trata de «La Tribuna», de doña Emilia Pardo Bazán, así como del episodio galdosiano que lleva por título «La Primera República».
«La Tribuna», protagonizada por una cigarrera gallega que representa, entre otras cosas, la antítesis de la tópica Carmen, de Mérimée. Amparo da fe del protagonismo popular de 1873. Mientras, el episodio galdosiano es crítico con las ingenuidades de aquellos dirigentes republicanos. Sin embargo, está planteado desde la complicidad y la aceptación de lo que este nuevo Estado encarnaba.
Del significado de estas dos novelas, así como de los acontecimientos propiamente dichos, Jover Zamora hace la siguiente interpretación:
«1873 trae consigo tres cambios radicales, tres planos de ruptura: la sustitución de la Monarquía por la República; la sustitución del Estado confesional por el Estado neutro, lo que lleva consigo una concepción enteramente nueva de las relaciones Iglesia-Estado, y, en fin, la sustitución de un Estado unitario y centralizado por un Estado descentralizado de estructura federal».
Y añade:
«La República del 73 establece un paréntesis en el "régimen de los generales", paréntesis que cabría caracterizar como un «régimen de los intelectuales", presidido por las figuras cimeras de un Pi i Margall, un Salmerón, un Castelar».
Más allá de referir los acontecimientos, más allá de convertir el relato de la historia en un conjunto de datos, hay investigadores, como es el caso de Jover Zamora, que acuden a determinadas obras literarias que, contra lo que el tópico reza, no es que reflejen la realidad, lo que hacen es certificar cómo se vivió un determinado momento histórico por parte de aquellos que nunca podrían ser considerados los principales actores de la nomenclatura histórica. Hay obras literarias que, por decirlo al unamuniano modo, lo que hacen es acoger en sus páginas aquello que don Miguel denominó, con envidiable acierto, «intrahistoria».
«La Tribuna» es la intrahistoria novelada de la Primera República, mientras que el episodio galdosiano es el cronicón de ese momento visto por un novelista admirable que desde la primera línea plasmaba la impotencia ante una de las tantas oportunidades malogradas en la historia de España.
No deja de ser llamativo -y sobre todo meritorio- que, para alambicar la realidad dentro de un episodio histórico que está envuelto por el mito, haya habido un estudioso que acudiera para ello a un producto de ficción que, por lo demás, se reveló como uno de los instrumentos más eficaces en ese empeño tan logrado.
Frente a aquellos que, llenos de fervor monárquico, escribieron páginas y páginas para intentar convencer de que las novelas de Galdós y de Valle-Inclán sobre el reinado de Isabel II eran injustas y disparatadas, lo que hace Jover Zamora es justo lo contrario: acudir a la literatura que, en ocasiones, hace de comadrona de la Historia.
Y es que las cosas son en algún momento tan aparentemente paradójicas que resulta que el mejor alambique para dar con lo más genuino de un tiempo y un país es la ficción. Amparo, la cigarrera protagonista de «La Tribuna» es, ante todo y sobre todo, la Primera República.
En ocasiones, es la literatura la que más fielmente escribe y describe la historia, no como reflejo según el referido tópico, sino como testimonio certero del pensar y del sentir de un tiempo y un país, como documento de obligado tránsito para conocer la historia según Unamuno, esto es, la intrahistoria.
Con la muerte de Jover Zamora, se nos va un gran historiador, digno heredero, como escribió recientemente Fusi, de una figura del calibre de don Ramón Menéndez Pidal.
