QUÉ HAY DE LO NUESTRO
CATENACCIO CON SAMBA. Jugamos a analizar el debate de investidura como un Mundial de fútbol. Salvador Cardús escribía ayer que José Montilla no practicó un juego bonito, pero resultó eficaz. Sin embargo, en su discurso de candidato se marcó algunas florituras: la parte final del mismo, en la que enumeró sus defectos para convertirlos en virtudes, resultó casi emotiva, y nos demostró que incluso la selección italiana podría practicar un juego atractivo, si tuviera un entrenador carioca. Digamos que el nuevo president fue Montilli, con destellos de Montilha. El mérito debe de ser de Miquel Iceta, que es el dirigente más brasileño del PSC.
A Carod-Rovira le pasó un poco lo contrario. Es un político talentoso, individualista, que juega con las palabras como un malabarista; sin embargo, en el debate apostó por el juego de equipo, el tono comedido destinado principalmente a no cometer errores. Como la selección brasileña, si la dirigiera un entrenador italiano. Carod parece haber constatado que, en política como en el fútbol, la Bota de Oro no se gana sólo con talento individual, sino contribuyendo activamente en los éxitos colectivos.
EL NUEVO PRESIDENT. Los puntos fuertes de Montilla: no se pone nervioso. No sabe lo que significa estirabot, ni ciri trencat, pero aplica a la perfección el catalanísimo axioma aquest mal no vol soroll. Además, no le faltó energía para desafiar el populismo tosco de los Ciutadans. Y nos brindó el mejor momento del debate cuando defendió la "discriminación positiva" del catalán, arguyendo que muchos catalanes no saben hablarlo, o lo hablan de forma deficiente. "Jo sóc un exemple", añadió, omitiendo el pronom feble para remachar el argumento. Oír a un Piqué i Camps cargando contra la política lingüística del Govern, y a un Montilla Aguilera alertando contra la situación de riesgo del catalán, ah, eso fue algo glorioso. Sin embargo, quedan algunos interrogantes abiertos. La pueril distinción entre Catalunya como concepto y los catalanes como realidad, la renuncia obsesiva a plantear cuestiones que vayan más allá de la simple gestión ordinaria, son factores que nos simplifican y nos adocenan, nos muestran como una nación acomplejada por serlo. Y ojito con las admoniciones de Zapatero: cuando éste pide "sosiego", como cuando Aznar pedía "seny", lo que pide de verdad es que no le demos problemas. Y si Montilla quiere aplicar de veras el nuevo Estatut, algún problema habrá. En ese momento, habrá que distinguir entre espíritu conciliador y conformismo mesell.
EL HORIZONTE DE MAS. CiU tendría que ir olvidándose de la pataleta, pero su actitud hasta hoy es perfectamente comprensible. ¿Tan extraño es que Artur Mas reivindique su victoria, su condición de líder de la primera fuerza parlamentaria? CiU juega sus cartas, y las juega bien, recordando a la mayoría de izquierdas que no puede ningunear al primer grupo del Parlament. Entra también en la lógica que los convergentes presuman ante ERC de tener las manos libres; seguramente, tendrán motivos para seguir haciéndolo. Todo es perfectamente legítimo, pero también es legítimo el Govern d´Entesa y la pretensión de Carod-Rovira de ayudar a configurar un mapa político coherente desde un punto de vista nacional, con nacionalistas en la izquierda y en la derecha, en el poder y en la oposición. El día en que CiU y ERC tengan que atrincherarse en una especie de frente nacional, significará que las cosas se están poniendo nacionalmente feas.

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